Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).
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lunes, 28 de julio de 2014

Medio ambiente.

He perdido una certeza de tanto pensar. Y las que quedan están resquebrajadas. Ajadas. Deshechas. Me muero por dentro. Mi cuerpo es un vertedero de pensamientos pasados. Perdón, ahora se los llama depósitos controlados. Un deposito controlado de "pudo ser y no fue's". Una acumulación de historias marchitas. Los despojos del cerebro, que al vertedero no puede pasar nada que no haya sido tratado previamente. Y los lixiviados que sueltan mis ojos forman descorrerías que se acumulan en el corazón. Me ahogo. Y a las autoridades sólo les importa tenerme vigilada treinta años más, no vaya a ser que explote. Treinta años porque con cincuenta una pierde las ganas de luchar. Los ideales se degradan y se crea un compost de ideas pasadas que nutre el suelo de un nuevo campo de golf.

Me muero. Soy inerte. Pensé que era un despojo y no soy más que el lugar al que tirar las escorias. Hay apisonadoras que recolocan el pasado. O lo intentan. Me aplastan y yo que quería ser baldosa. Duele la degradación del pasado y duele saber que esos restos de lodo nunca volverán a ser agua en una cita para dos. Y que esa cita para dos jamás será más que lodo en la orilla del recuerdo. Metáforas a las once de la noche. Empezamos mal.

Un movimiento en la tripa me recuerda a algo. ¿Mariposas? Ojalá. Sólo son arenas movedizas. Insertan aire para reutilizar luego los materiales. Calcio. Me hundo. Succión. Atracción. Repulsión. Todo es lo mismo. Aunque haya en el mundo mucha menos antimateria que materia. Aunque haya más granos que antigranos.

Busco a tientas lo que no pude hallar con los ojos. Conozco la textura del futuro deseado, pero este bolso es demasiado grande y está muy desordenado. Pero este mundo es demasiado grande y yo estoy muy desordenada. Encuentro ideas y las vuelvo a perder. Recuerdo personas y las vuelvo a olvidar.

Yo no he venido aquí a hablar de mi libro.
Yo no he venido aquí a hablar de mí.
Yo no he venido aquí a hablar.
Yo no he venido aquí.
Yo no he venido. Aquí.
Yo no.


(6 de mayo de 2013. 23:25. La Cristina del pasado nunca deja de sorprenderme con las cosas que ha escrito.)

martes, 15 de julio de 2014

Mulán quiere ser la Bella Durmiente durante varios siglos.

A lo largo de mi vida me han dicho tantas veces que soy una chica fuerte que he acabado por creérmelo. Y ahora pienso que tengo que ser fuerte porque soy fuerte. Y no podría ser de otra forma.

Ojalá asimilara que no es necesario cumplir las expectativas de todas las personas que conoces. Ojalá interiorizara que no tengo que encajar en los moldes que cualquiera haya creado para mí.

Hace mucho tiempo que no pienso. Es decir, pienso mucho. En cosas sin importancia. Pienso en cómo resolver una ecuación, cómo llegar a un lugar físico o qué equipo ganará el próximo partido. Pero no pienso. Duele tanto pensar.

Hoy he pensado. No ha sido buena idea. Pensar no me ha llevado a ningún sitio. No sé nada. No sé qué quiero, no sé qué estoy haciendo, no sé qué voy a hacer. Sigo una rutina autoimpuesta que me permite ir aprobando asignaturas. Subo y bajo, estudio, leo, escucho música, hablo, sonrío, como, me ducho y duermo mientras contemplo todo desde fuera. Como si estuviera viendo un teatro protagonizado por mí.

No sé qué quiero. ¿No es aterrador darte cuenta de que, verdaderamente, no sabes qué es lo que quieres? Lo es, al menos a mí me lo parece. No puedo ser fuerte sin saber qué quiero. No puedo saber qué quiero sin saberme fuerte. Y ya no sé nada.

El día que entiendas eso de "que paren el mundo, que yo me bajo" ven a verme y te daré un abrazo, porque lo necesitarás. Lo necesitarás como yo necesito cuatro siglos de contemplación de techos y mirar al vacío (de mi interior).

No sé qué quiero. No sé si quiero. No sé, ¿quiero? Camino por el borde del precipicio mirando al frente, porque el suelo está demasiado lejos y yo no sé si quiero seguir subiendo o dejarme caer (en sentido figurado).

Creía que sabía lo que no quería, pero me han dicho que usar "pero, aunque y no" en la misma frase equivale a decir que sí con tu subconsciente (y que no con tu lenguaje). Y no sé si será verdad que digo que no cuando sí quiero, o si digo que sí pero es que no. No sé nada.

"Tienes que aprender a quererte antes de poder dejar que te quieran" Pero, ¿y si lo has desaprendido? ¿Y si no sabes ya nada? ¿Y si sólo quieres viajar al mundo perfecto de debajo del edredón y pasar los próximos 20 inviernos ahí debajo?

¿Es acaso no decir que no decir que sí? No lo sé. Me aterra el futuro tanto como el pasado, porque ya no sé qué quiero. Quiero todo y no quiero nada. Quiero tener 50 años, varios hijos entrando a la universidad y un par de perros que me quieran tanto como para cambiar de habitación conmigo incluso estando cansados y viejos. Quiero tener 2 meses y creer que el único y mayor sufrimiento que existe es tener hambre o sueño.

Qué miedo. Qué miedo da todo. Qué vértigo, para mal. Contemplar tu futuro desde arriba. ¿Cómo tienen los padres el coraje suficiente para traer hijos a un mundo que duele tanto, que sufre tanto, que llora tanto?

No sé cuándo dejé de saber. ¡Ni siquiera eso sé! El otro día le di esquinazo al destino porque me he enterado de que no viene cubierto de chocolate ni de queso gratinado, y no sé ya siquiera si quiero verle.

Antes escribía sabiendo qué quería contar, sabiendo que quería publicarlo, sabiendo qué decir en cada momento. Ahora no sé si quiero escribir, no sé qué quiero escribir. No sé si quiero ser leída, no sé qué quiero cenar, no sé con quién quiero soñar, no sé a dónde quiero viajar. No sé por qué tiene que estar sonando esa canción precisamente si la lista contiene más de 5000. No sé si, de estar sonando otra, también me parecería que es "esa canción". No sé cuántas canciones han dejado de ser canciones para ser "esas canciones". No sé cuántos rincones están tan contaminados de pasado que pasará tiempo antes de que pueda volver a pasar por ellos sin ahogarme en recuerdos. No sé calcular la cantidad de arroz que tengo que poner a hervir para hacer sushi para uno. No sé, no sé y no sé.

No sé qué echo más de menos. Si el pasado o el futuro que me había hecho a la idea que tendría. No sé qué me da más pena, lo que fue o lo que no pudo ser. No sé nada. No sé nada(, salvo que pensar duele).


(Toma una canción que me parecía preciosa)

domingo, 8 de junio de 2014

Ella. Fin.

Solía despertarse con la sonrisa en las comisuras y unas cuantas esperanzas enredadas en el pelo. Sonreía a los madrugones y se levantaba de la cama de un salto. La vida era tan bonita que prefería vivir a dormir. ¿Para qué sirven los sueños cuando eres feliz al despertar?

lunes, 19 de mayo de 2014

Trucos para ser una chica dura. Capítulo III

Ya había escrito antes algunos trucos para ser una chica dura. Aquí los continuaré en un capítulo especialmente dedicado a contener las lágrimas:

domingo, 4 de mayo de 2014

May the Fourth be with you.

La primera vez que le vi no se me paró el corazón ni sentí mariposas en el estómago. No fue amor a primera vista, ni a segunda ni a tercera. Y ahora que tengo un vestido nuevo de (cuadro de) "El Beso" de Klimt supongo que es fácil asumir que voy a dejar de ir al gimnasio. No es que no me guste, me encanta correr hasta sudar y poder leer en el mientras tanto. Porque, al contrario que la bicicleta (dinámica), la elíptica es estática y puedes evadirte mientras haces deporte.

Tampoco es como que haya dejado de mirar las estrellas y caminar lento cuando vuelvo a casa de noche. Soy miope, no tonta. Las miro y nunca dejo e pensar en ti. (En contra de lo que puedas pensar, ti (cuando se trata de estrellas) siempre es mi abuela). Pienso en ti y en la muerte. Y cuando me empiezo a agobiar, camino más rápido. Para olvidarme de la muerte, que no de ti.

Os debía muchas explicaciones, a ti, a él y a todos vosotros en general, y me he venido por las ramas para irme por la puerta grande. Supongo que ya sabes cuánto me gusta irme y venirme a mis anchas (que no estrechas).

Si te compras un perro idéntico al que se te murió corres el riesgo de acabar asumiendo, con los años, que siempre fue el mismo. Un perro muy longevo, de dos vidas perrunas. Hasta que, claro está, el perro 2 no es tan bueno (o malo) como el perro 1 y echas de menos algo que jamás va a volver.

No sé si duele de las rupturas el pensar que no vas a volver a ver a alguien a quien podrías volver a ver cuanto quisieras (si quisieras, tú y él o ella, ambos, claro está) o el tiempo "perdido" (digamos, mejor, desaprovechado) a su lado.

De la muerte me rompe el corazón pensar que no puedo volver a ver a esa persona, objeto o animal nunca más. Salvo en fotos. Pero no se puede abrazar una foto. Y mucho menos una foto va a darte consejo.

La muerte. la muerte. LA MUERTE. Ni que fuera invierno y yo estuviera escuchando la lluvia (y alguna otra canción). Hablo de la muerte como si los árboles no estuvieran en flor ni los animales dormilones despertando. Y pienso en la vida. en mi vida, en qué estoy haciendo con mi vida.

El otro día vi una pastelería que me hizo replantearme mi vocación ingenieril (¡a 5 asignaturas y el proyecto de terminar!). Pensé que yo podría ser esa mujer tan feliz que, desde el otro lado del mostrador, le explicaba a mi amiga que las magdalenas de Red Velvet estaban fresquitas y seguro que le gustarían. Y, por si eso fuera poco, en el mostrador había una botella de agua fresquita y vasos de plástico para que te sirvieras sin tener que pedir permiso.

¡Agua sin racionar en un establecimiento! ¡Tanta como quieras! ¡Y con una sonrisa! Y yo sigo despertándome, poniéndome el primer pantalón y la segunda (o tercera) camiseta que encuentro y bajando al mismo lugar. Siempre al mismo lugar.

¿Os he contado que me he ido de crucero? Tengo en mente escribir una entrada algo más extensa al respecto, la entrada que me hubiera gustado encontrar antes de embarcarme (jijiji) en aventura tal. Viajar en barco es una experiencia maravillosa. Asomarse por la barandilla una vez ha anochecido es entender que si te caes, te mueres. Y, créeme, nunca había sentido mi muerte tan cerca. Un empujón, y al agua. A 100 metros de donde te encuentras. Y en total oscuridad.

Es probable que bajaran un bote salvavidas e intentaran rescatarme, pero después de haber visitado el Oceanográfico de Valencia (y de haber visto sus tiburones desde arriba pagando una entrada especial que os recomiendo con creces), yo , sinceramente, no tenía muchas ganas de tirarme.

Otra cosa bonita es mirar las estrellas. En este pueblo en el que vivo (¿lo llamaré algún día mi pueblo o seré siempre una ciudadana de ciudad encerrada en el pueblo de una pueblerina?) hay menos estrellas. Infinitas menos 6 o 7, porque hay mucha luz. En el barco, de noche, hay muchas estrellas.

Os confieso que sentía pertenecer a otro mundo cuando todos mis congéneres se contoneaban a ritmos repetitivos con música fuerte y yo sólo quería subir a ver las estrellas.

Tienen algo, las estrellas. Están tan lejos, se dejan mirar tan bien, vienen todas las noches del año sin falta. Están tan cerca, se esconden tan bien (en las noches nubladas), faltan en las noches de ciudad (o de alumbramiento artificial). Mirar (a) el cielo siempre me hace pensar.

Pensar en lo pequeña que soy (más o menos mediré 1/30 lo larga que es la muralla china, y seguro que eso no puede verse desde el espacio). Y sin embargo, cómo duelen. Cómo duelen mis penas. Mis penas que, por correspondencia (no postal) deben ser tan pequeñas como yo.  Qué penas. Qué pena. ¡Qué pena!

No te lo había contado, pero también me he comprado una sudadera de estampado (de cuadro) de "La Noche Estrellada" de Van Gogh. Si tuviera que tener un cuadro favorito de Van Gogh, probablemente sería ése. Quizás por lo famoso que es, tal vez por lo bonito que dibujó Van Gogh el cielo.

Ojalá pudiera quedarme toda la noche en vela mirando estrellas (con mi jersey de "La Noche Estrellada" y mi vestido de "El Beso").

Hoy he pensado. (¿Punto y final como si no soliera o soliese pensar? ¡claro que no!).

Hoy he pensado cuándo tendré tiempo "libre". Y me he dado cuenta de que no será hasta dentro de (si Dios quiere, sólo) 2 años. Si no tienes un sentido de la responsabilidad tan desarrollado como yo (y una capacidad de procrastinar tan grande), probablemente no me entiendas.

Te lo explico: de aquí a Julio tengo que aprobar 4 asignaturas y entregar el proyecto de fin de grado. En septiembre tengo que aprobar otra. Si todo sale bien, en octubre (después de hacer el papeleo pertinente), entraré al máster.

El máster será igual que la carrera, sólo que esta vez durará 2 años y no habrá más presión de tener que aprobarlo todo antes de septiembre del segundo año que la de querer entrar en el mercado laboral.

Y hasta entonces, ¡claro que tendré días en los que pueda no hacer nada! (tal y como estoy haciendo ahora) Pero serán días. No meses o periodos sin fin aparente.

Echo mucho de menos los veranos de secundaria y bachillerato en que me comía los libros con los dedos gordos de las manos y hacía pasteles con las orejas. Y me daba tiempo hasta de aburrirme.

Añoro tener tiempo libre suficiente como para aburrirme. Y no esta constante mosca detrás de la oreja que me insta a divertirme mucho y rápido, porque mañana tendré que estudiar. Mañana tendré que trabajar. Mañana tendré que terminar un proyecto. Mañana tendré que ir a clase.

Mañana tendré que vivir la vida elegida con ganas y sin pensar. Porque si pensara mucho quizás acabaría creyendo que merece la pena tardar 7 años en sacar algo que "dura" 6 si con eso consigues tener mucho tiempo libre cada año.

Ayer vi una chica sentada en una calle de esta ciudad dibujando. Pintaba muy bien. Pintaba retratos, cuerpos, animales. Cuando pasé por primera vez eran las 5. Cuando pasé por segunda vez ella ya recogía, y eran las 9 menos 20 (de la noche). Quizás ella no me entendería si le dijera que no voy a tener tiempo libre hasta dentro de dos años.

Vivo normalmente estresada y anormlamente tranquila. Cuando no estoy estresada me preocupo por no estar preocupada. Me preocupa tanta calma: ¿cómo puedes estar tan tranquila teniendo examen de Distribución de Energía Eléctrica en Julio y aún no sabiéndotelo de "pé a pá"? Ojalá yo pudiera entender la vida como creo que ella la entiende.

Expresando lo que siento en persona y en el momento, sin necesidad de ganar todas mis batallas verbales en la ducha unas cuantas horas después. No tengo empatía "de cara al público". Me duelen los problemas que me cuentan y trato de ayudar a las personas, pero me cuesta tanto expresar lo que yo siento.

Un día una amiga me dijo de broma que, si nos encontrábamos en el futuro y mi vida era una mierda y yo estaba muy mal, sólo se daría cuenta mirándome a los ojos porque tenía (casi) la total certeza de que yo no lo contaría.

¿De dónde sale la creencia de que expresar los sentimientos es debilidad? Cierto es que se los expreso a 1 persona. Quizás a veces a dos. Pero es tan complicado.

Últimamente me planteo (sobre muchos temas) si nuestra actitud (la de la sociedad en general) viene de una herencia cultural inamovible o es propia de cada uno (e independiente). Yo qué sé. ¿Creemos todos que llorar es signo de debilidad? ¿Queremos todos ser rescatados? ¿Somos todos nuestros propios caballeros andantes? ¿De verdad hay personas que piensan que otros seres humanos son menos (o peores) que ellos?

¿Por qué da asco ver a alguien moquear pero da pena verlo llorar? ¿Cuándo dejaré de acordarme de ti al mirar las estrellas? ¿Cuántos tienen que venir antes del verdadero? ¿Cuántas lágrimas derrama la persona media en una vida? ¿Cuántas de esas lágrimas son verdaderas? ¿Se puede romper un corazón? ¿Cómo podemos seguir vivos después de un corazón roto? ¿Acaso no es el corazón el que bombea toda nuestra sangre? ¿Qué clase de superpoderes tiene para lograr seguir adelante aún cuando unas palabras lo han atravesado más dolorosamente que flechas?

¿Cuántas veces tendré que corregirle a siri que "el de" no siempre  es "él dé" y a veces sólo quiero decir "el de" sin acento alguno? Y, lo que es más importante, ¿cuántas preguntas sin respuesta me he planteado/me plantearé en esta vida?

(Pero ahora soy incapaz de dejar de sonreír en cuanto le veo).

domingo, 23 de marzo de 2014

¿Qué es el amor?

En el mundo hay demasiado dolor como para que me preocupen semejantes tonterías.

Cada día me importan menos las cosas, me importan menos cosas y me importan con mayor intensidad las personas que me importan.

sábado, 8 de febrero de 2014

Como el niño que se asoma a la ventana.

He muerto. He matado. Me he matado. Sin querer o queriendo.

Sin querer queriendo. Como el niño que se asoma a la ventana con su piruleta, tanteando al vacío, imaginando qué pasaría si se asoma un poco más, sólo un poco más. Sabiendo que al otro lado de esa ventana tiene el dolor de una caída segura. Que el "detrás" de ese balcón no esconde sino moratones y magulladuras. Y se asoma un poco más. Se le resbala la piruleta y la ve caer casi con fascinación. Desearía tener la piruleta de vuelta en su boca y se arrepiente (en parte) de haber sido tan torpe como para dejarla caer. Pero una parte de sí está encantada: ha entendido por fin qué hay al otro lado del balcón. Le ha costado una piruleta y un grito de su madre por asomarse tanto. Pero le ha valido la pena.

(La piruleta choca contra el suelo y se rompe en mil pedazos. Una parte del niño ha comprendido el peligro del balcón y no volverá a asomarse. Otra parte nunca dejará de sentir fascinación por las alturas. Cuando se convierta en trapecista, el niño recordará en todas sus actuaciones la piruleta hecha pedazos. Y sonreirá.)

domingo, 29 de septiembre de 2013

Pertenecer. Lo más prodigioso que tienen los Tiggers.

¡Lo que hay de prodigio en los Tigger,
es lo prodigiosos que son!
¡De goma son sus cabezas!
¡Sus colas de resorte son!
¡Y bailan, brincan, saltan, botan cual jamás se viooooo!

¡Lo más prodigioso que tienen los Tiggers es que no hay más que yo! 
¡Síííííí! ¡No hay más que yo!

I guess we all like to belong sometimes.


Pertenecer: "ser parte integrante de algo". Sólo puedo pensar en el Bernabéu iluminado, vacío pero lleno de espíritu. Lo que más me gustó de esa noche fue asomarme desde la terraza a las gradas y sentirme parte de algo. Pertenecer. No había un alma, hacía frío y era de noche. Y, sin embargo, el estadio vacío era capaz de transmitir las victorias y derrotas celebradas y sufridas en equipo. En grupo. En masa si quieres.

Cuando separas las claras de las yemas para cocinar y juntas las yemas con el azúcar, la mezcla huele tan bien que ni siquiera echándole chocolate mejoras su olor. Supongo que la levadura pertenece a los bizcochos y el chocolate a los brownies.

Perteneced. Vosotros. Pertenece. Tú. A algo, a un coro, a una orquesta, a un equipo de fútbol, a un grupo de amigos, al espíritu de una fiesta. A una persona. Déjate ser. Pertenezco, ¿yo?

Intuyo que el problema es que se les ha perdido el respeto a las lágrimas. O puede que nunca nadie respetara a los que lloran. Pero equiparar sensibilidad con debilidad me parece de cortos de miras. Tantas palabras con las misma terminación que significan cosas muy diferentes, ¿qué puede hacernos pensar que el sensible es débil? Levantan los dedos y señalan entre risas al que llora. Es evolución. No sabe vivir. Se lo ha tomado demasiado en serio.

¿Quién se cree? ¡Llorando en público! ¡Habrase visto semejante estropicio! Y aprendemos a llorar para dentro. Ahogarnos las penas. En soledad. Quizás, con suerte, ahogarnos mutuamente en las penas. Pero siempre en privado.

Los seres humanos somos esponjas emocionales: nuestra capacidad es absorber los estados de ánimos de las historias que presenciamos o nos cuentan o de las personas que tenemos a nuestro alrededor. Si todas las emocionas las absorbes sin dejar escapar in una gota, acabarás empapado en tristezas e incapaz de ver más allá de tus lágrimas, internas, siempre.

Y yo, sinceramente, no sé si está bien o mal sentir. Si es bueno o malo existir. Si debo o no preguntarme tantas cosas los domingos antes de ir a dormir, pero te aseguro que a veces estoy tan tranquila haciendo mi vida cuando me invade un vacío existencial terrible. Y siento que se drenan las lágrimas para dentro, para dentro, para dentro. Se secan las esponjas y la mente se aclara, no hay nubes en el horizonte. (Aparentemente). Pero el pecho empieza a pesar más y más y me doy cuenta de que las penas ahogadas son el peso, y que se han ido demasiado al fondo como para sacarlas estrujándome las historias en la compañía adecuada.

Y a veces temo que se queden ahí para siempre, haciendo su aparición en el momento más (menos) oportuno. Y a veces temo que se quedan. Se quedan. Están. Pertenecen. Me pertenecen, lo quiera o no.

Pero me gusta la lluvia porque puedo saltar sobre los charcos y nadie pregunta por la calle qué estoy cantando; porque nadie pasea cuando llueve. Y luego pienso que todo tiene que ser por hormonas y ya estudiaré sobre ello cuando termine lo que estoy haciendo ahora, porque yo quiero que mis hijas entiendan la pesadez de sus piernas y los agujeros existenciales sin sentido.

Y es probable que no seamos más que las historias que les contemos dentro de 50 años a nuestros nietos, si es que los llegamos a tener. Pero, dime tú, ¿qué pasará con todo lo que he pensado, he vivido, he sufrido, he cantado, he sentido cuando me muera?

Sabía que las experiencias eran finitas y limitadas. Sabía que el tiempo era limitado. Pero me gustaría saber también que todo lo que no es biodegradable de nosotros sirve para algo. O no. Probablemente no. Probablemente da igual si he visto a un niño sonreírme hace un par de días o si tú viste naves en llamas más allá de Orión. Porque, ¿qué será de todo lo vivido después? El niño me olvidará igual que yo he olvidado a todos los extraños con que me he cruzado a lo largo de mi vida. Y yo me olvidaré de tus naves ardiendo. Y dentro de 100 años ni siquiera se sabrá que existimos. Que fuimos. Qué fuimos. ¿Fuimos? Fui(mos). ¿Soy?. ¿Somos?

Aunque, a lo mejor, el problema es una ventaja. A lo mejor que seamos únicos es bueno. Lo es. Tiene que serlo. Seres únicos capaces, sin embargo, de pertenecer a diversos conjuntos.

Y, en cualquier caso, ¿a quién le importan las naves ardiendo cuando tiene una sonrisa querida y un edredón a mano y la lluvia como banda sonora?

sábado, 3 de agosto de 2013

Desvaríos.

Sé que son vacaciones porque no sé qué día es hoy, he pasado la tarde haciendo un puzzle y leyendo El Aleph mientras tomaba el sol. Y ahora puedo quedarme despierta hasta las 3 de la mañana si quisiera, y nada pasaría. Mañana podría despertarme a las 5 o a las 12.

Soy completamente libre, en potencia, de hacer lo que quiera. Aunque supongo que sólo en potencia, porque luego acabaré acostándome a horas no intempestivas y levantándome a horas decentes, como buena señorita que soy.

Hoy venía a preguntarme por qué parece que sentimos necesidad de hacer a todos los demás partícipes de nuestra felicidad. ¿Hay alguien que pueda explicarme qué utilidad puede tener una foto tuya besuqueando a tu novio en Facebook?

Que no digo que me parezca mal, cada cual es libre de hacer lo que guste; simplemente, no lo entiendo. A mí me resulta agradable contarles a mis amigos más cercanos lo feliz (o infeliz) que pueda ser en un momento dado. Pero en Facebook, donde puedo tener más de 100 amigos, no sé en qué me beneficia a mí que todos ellos sepan con pelos y señales qué he hecho y con quién.

 ¿Qué harán después, cuando corten? Ese es un momento que me intriga mucho. Algunas parejas, tras cortar, continúan tan amigas. Y mantienen todas sus fotos juntos, sus juramentos de amor eterno y sus declaraciones de amor en imágenes, comentarios o vídeos. Para que las parejas futuras sepan que tuvieron un pasado muy feliz con otro y otra. Y sus hijos, probablemente también. ¿Habéis pensado en eso? Es bastante probable que vuestros hijos se hagan Facebook o Tuiter cuando tengan 12 años. ¡Y verán todo lo que vosotros hacíais o pensabais! Por no hablar de vuestros posibles jefes, maridos o mujeres.

Luego están las parejas que mantienen la amistad virtual por compromiso, porque tienen muchos amigos en común y borrar al ex quedaría mal o porque necesitan constante confirmación vía Fb de que su vida es mejor que la de su ex. Estas parejas borrarán todo lo que les recuerde a su ex, pero se mantendrán de amigos. ¿Para qué? Probablemente para desearse Feliz Cumpleaños, Feliz Navidad y cualquier otro protocolo que consideren necesario más. Pero claro, al haber borrado muchas fotos y comentarios, sentirán la necesidad de subir otros miles de fotos de su vida actual. Son más libres y eso les hace muy felices: comen yogur helado, pasean a su perro que ya hace caca solito, ven una serie y consideran oportuno contar cada capítulo que ven. Como ya dije, necesitan probarles a sus ex-parejas lo felices que son sin ellos.

Por último están los que rompen "mal". (¡Rompen mal! ¡Como si romper fuera bueno! "Sí, sí, yo empecé esta relación con la única intención de romper por las buenas unos cuantos meses más tarde. Así soy yo". ¿Acaso hay alguien así?) Los que rompen mal eliminan a la pareja de todas partes. "Y romperé tus fotos, y quemaré tus cartas" Y te eliminaré de Fb para poder ponerte verde. Para ser justos aquí debo sacar dos clasificaciones posibles: los tristes y los vengativos.

Los tristes empezarán a poner canciones pseudodepresivas y a llorar cuando busquen a su ex y vean que ya ha rehecho su vida. Engordarán (o adelgazarán) unos kilos y la nostalgia será su forma de ver la vida por un tiempo. Los vengativos, los despechados, por otro lado, se dedicarán a demostrar a los demás lo mucho más felices que son ahora. Sólo que han borrado a su ex, así que también podrán criticarle de manera más o menos velada: "cómo me gustan los caballeros como X actor, no como otros [guiño, guiño, codo, codo]"

REHACER LA VIDA. Es una frase muy profunda, ¿no crees? Rehacer la vida. La cosa es que nadie nos dice que la vida se puede rehacer hasta que no ven que la hemos roto. Vivimos unos años pensando que debemos hacerlo todo bien, porque como nos equivoquemos será nuestro final. Y, de repente, un día nos equivocamos del todo, nos deprimimos, pensamos que está todo perdido y llega alguien más iejo (más sabio) y nos cuenta ¡que la vida se puede rehacer! Nada de "a lo hecho, pecho". Puedes cambiar tu vida cuando y como quieras. Lástima que no nos lo digan con 3 años.

Otra cosa que nunca me dejará de sorprender son esas personas que viven con la urgencia de ser felices. Si vas con ellos a algún lugar, no dejarán de correr de un lado a otro. Quieren hacerse fotos con todos los monumentos para poder comprobar en casa que fueron muy felices. Quieren comer carne, pescado y lasaña. Quieren probar todos los postres. Porque su felicidad sólo se logra con estímulos. Cuantos más estímulos, más felices son.

Confieso que yo también fui (tal vez soy) así alguna vez. Sacaba fotos de todo lo que veía. Escribía todo lo que vivía. Y luego, al releer un día mi diario de 4to de primaria, me di cuenta de que había olvidado casi todos esos sucesos. Y, sobre todo, me di cuenta de que ese diario era un bodrio; que yo lo que quería era salir a reírme ahora y no pensar en qué dijo quién o quién dijo qué hace 12 años.

A mí me gusta ser feliz. Pero ser feliz yo. El que sabe, tiene o quiere de verdad no necesita demostrarlo. Porque tiene, sabe o quiere. Y con eso le basta. Eso es lo que yo creo. La satisfacción de tener un cuaderno nuevo, unos pantalones bonitos o una pareja la da el pasar tiempo juntos, disfrutarlo. No creo que la felicidad venga de demostrarles a los demás que eres feliz. ¿Qué clase de felicidad es esa en que, si nadie la ve, no ha sido? He sido mucho más feliz a solas con un libro o una persona, que en multitudes (y también viceversa). A solas, empapándome de lo que ese objeto o persona tenga que ofrecer. Escuchando esa canción o bailándola. La felicidad me la daba el momento, la persona, el lugar, la conversación, los olores. No el enseñarles a 100 conocidos mi cara sonriendo el lunes siguiente.







martes, 18 de junio de 2013

Breve paréntesis en español.

Estaba borrando comentarios de Spam, que por algún motivo no dejan de aparecer en la entrada "Formas de transmitir calor", y estaba pensando en la de formas que hay de hacerme feliz. La de pequeñas cosas que me hacen feliz.

sábado, 15 de junio de 2013

La pera es( )pera.

La pera es( )pera.

Llega puntualmente a su cita: aún quedan tres minutos para la hora. Pasan los segundos, los minutos, las horas y los días. Primaveras derrochadas sin madurar por la espera. Y ella es( )pera. Espera, espera y espera. Ella es( es)pera, de tanto que espera. Desespera. 

Lo cierto es que no sabe bien a quién o a qué. Probablemente todo hubiera sido más sencillo si le hubiera recordado al destino que tenían una cita para ayer a las cuatro. O si se hubiera puesto una flor roja en la camisa para que él la reconociera. 

Madura, en su espera. Y decide que si en dos primaveras más su esperado no aparece, se irá. Esperaba tantas cosas de esa espera. Esperaba una espera provechosa. Esperaba no desesperar. Esperaba no perder las esperanzas. Esperaba demasiado. Y espera, aún. 

Espera. Y espera. ¡Esta chica es la pera!

lunes, 8 de abril de 2013

Abril

He recuperado la operatividad de ambos orificios nasales y estoy escuchando música (y cantando) así que supongo que me he curado de la gripe número n+5 del año. Y esto es bueno. Lo mejor es que ahora tengo ganas de comer de todo, porque he pasado un fin de semana sin poder tomar ni un vaso de leche sin vomitarlo. Tengo ganas de salir de paseo, de volver a socializar con personas durante horas. Por tener, tengo hasta ganas de pasarme tardes enteras estudiando. Y qué mejor para ello que la semana de Feria.

sábado, 2 de marzo de 2013

La noche es sueño.

Cierra la puerta, que se me vuelan las ideas. Con patas. Y dos dientes. De león. De ajo. Rugir, de tripas, claro. Crujir, de muelas. El predicado es el sujeto de esta oración. Sujeto, el predicado. Predicado, todo lo demás. Prediquemos. ¿Qué estructura sintáctica dices que tengo que usar para convertir un tú y yo en un nosotros? Que mira quede conjunciones copulativas ya ando harta, yo quiero volver a las oraciones simples, a ser posible con sujeto plural. Él se fue por su cuenta. Ella le dejó. Ellos rompieron. Basta. Vasta. Pasta. Y leer el futuro en el lomo de una vaca. Las vacas no se comen el mundo porque tendrían que regurgitarlo antes de poder terminar de digerirlo y se les rompería la mandíbula al ir a sacarlo. Uno más uno somos nosotros. Tres más dos es aprobar. Tres por dos es aprobar. Uno por uno ya no es plural. ¿Para qué quieres un cepillo (de dientes) si tú no tienes ni un pelo en la lengua? Llámame, a susurros si es posible. Orejas. Eres música para mis papilas gustativas, seda para mis oídos. Amor Made in China, si quieres. Pero vuelve. Orden, o ruego. Qué sé yo. Pero. Manzano.¿Cuántas veces tengo que contar hasta cien antes de que se me fundan los fusibles por altas temperaturas? Bésame con. Lengua. Y literatura. Invierte tu tiempo libre en otras cosas de provecho, no tienes por qué pasar tantas horas leyendo. No. Y un jarrón de la dinastía Ming. Ping y Pong. Playmobil. Madelman. Meccano, con dos cés. Ce de cerebro. Cerebro que tengas un celebro. Candelabro. Calavera. Cigarrilo. Cera.

Al fin y al cabo no todos los sábados es invierno. Dos capuchinos sin café y con mucha espuma. Taza grande, mucha leche y calentitos. Edredón. Amor. Odio. Oído. Cocina. Camarero. Camaleón. A la cama, león. Dientes de. Conejo. Suerte. 4 hojas. Maquinillas de afeitar. Tréboles de cinco hojas Gillete Fusion ProGlide. Y qué más. Muerde. Él no, tú. ¿Sí? Pero acentuado, sin peros que valgan. Si... No. Sí. Sí. Cuidado que te caes. De sueño. De ensueño. Estoy que me caigo de (en)sueño. Trámites para una noche en calma. Rellene el formulario 504 B. Y los 503 formularios anteriores también. Si es tan amable, vuelva usted mañana. Se ha confundido de corazón, esta ventanilla es para las rupturas por distancia. Atracción inversamente proporcional al cuadrado de las distancias. Que si te vas ya no te quiero. Que si te vas ya no me sirves. Me sirvas. ¿Un zumo de naranja? Y una tapa de queso, con ka. Calor latente. Amor latente. Corazón latiente. Tú la tientes. A ella. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Isidoro era un gato. Miau. Decántame una canción. Decántome por un Rioja, tintes afrutados. Se nota un tono de maderas, barriles de la mejor calidad, sin lugar a dudas. Para siempre. Eso nunca.

lunes, 25 de febrero de 2013

Manolo

Antes de empezar a hablar me gustaría pedirte perdón si te llamas Manolo. Y antes de que me digas que decir 'antes de empezar a hablar' ya es empezar a hablar te diré que para ser listillo, te has pasado de listillo. ¡No estoy hablando! ¡Estoy escribiendo! ¡Já! En cualquier caso, no dejes de ser un listillo, me caen bien los listillos así que es probable que me caigas bien. Sobre todo si me adulas mucho y a horas de no adulación (por ejemplo las 3 de la tarde o las 8 de la mañana)

lunes, 18 de febrero de 2013

Sobre las pastillas efervescentes, los medicamentos de sobre y otras muestras de la inherente crueldad humana.

Estoy salva, que supongo que no es poco. Sobre mi sanidad, diré (para los que fueran a hacer la broma) que no estoy sana, pero tampoco insana. Al menos no que yo sepa. ¡Malditos catarros invernales! Si no fuera por ellos dedicaría el 100% de mi capacidad de querer al frío y los elementos invernales. Me resutla curioso hablarte de invierno cuando hace menos de una semana paseaba por el centro en mangas cortas. Pero, qué se le va a hacer, se acerca la Semana Santa y esto es Sevilla. Iba caminando por el centro y no paraba de pensar en la cantidad tan ingente de parejas con que me estaba topando. Y mucha, mucha gente en general. ¿Será porque es jueves? ¿Será porque es el primer jueves de cuatrimestre y a las horas a las que yo salgo de clase otros salen de fiesta? ¿Qué pasará? ¿Por qué hoy? Y no fue hasta que me choqué con un enorme corazón hinchable cuando, por fin, me di cuenta de que ¡era San Valentín! ¡Qué mejor día que un 14 de febrero para salir con tu pareja! Lo curioso (¿adorable?) es que incluso se veían parejas en los sitios más cutres: el bar grasiento de la esquina o las máquinas de comida rápida. Todo el mundo festeja San Valentín porque es lo que se debe hacer, y todos somos muy buenos y obedientes, que para algo nuestras madres nos enseñaron que si no te tomas la fruta a la comida te la comerás a la cena y no probarás las delicias del chocolate hasta hacer desaparecer (gracias a la magia de tus bacterias internas) esa manzana herrumbrosa y fea.

Me dicen que el chocolate será un bien escaso (y, por tanto, caro) dentro de unos 20 o 30 años. No me preocupa, demasiado. Sé que para entonces seré rica y no tendré dificultades para poseer una plantación de cacao y una fábrica (totalmente automatizada) de diferentes tipos de chocolate. Y, si eso no funciona, buscaré a Charlie y me casaré con él a cambio de poder usar (comer) su fábrica tanto como quiera.

Querer es un verbo tan variopinto. Yo quiero a muchas personas, y a ninguna la quiero igual que a los demás. Pero hoy, Aristófanes, hoy yo pensaba en todos los que se precipitan a ser felices, con prisa, con nerviosismo, casi con ganas de demostrarle al mundo que son felices para así poder probárselo a sí mismos y serlo de verdad. ¿Tú qué opinas? Yo en mi cabeza lo tengo como el concepto 'to rush into happiness' y cuando pienso en ellos siempre recuerdo varios casos más o menos cercanos. ¿Sabes ya a quiénes me refiero?

¿No? Bien, te pondré algunos ejemplos. Para empezar están los que necesitan verse felices en 200 fotos antes de volver a casa para poder saber que fueron felices. Y que conste que me gustan las fotos. Pero, no sé, yo soy más de fotos espontáneas. La que le sacas a tu querida hija cuando está montando un puzzle y se muerde la lengua fuera de la boca de lo concentrada que está. La que le sacas a la amiga que ha terminado la carrera cuando está sentada escuchando nombres y sonriendo nerviosa al saber que se acerca el suyo, que ya se ha graduado. ¡Que ya se ha graduado! Fotos como las que captan una mirada cómplice y ajena al fotógrafo. No esas fotos de 'estoy cansado, no tengo ganas de nada, pero o te pones en la foto o me enfadaré porque estamos delante de una fuente muy importante y quiero ver una sonrisa cuando el flash te llegue o ya verás'. YA VERÁS. Qué temible. Cuán terrible.

Ya verás es amenaza. Ya veremos es no. Te lo digo por si no lo sabías, que son lecciones de vida importantes. Sobre todo si tiendes a hacer caso a las personas. 'Ya veremos' ¿Por qué se empeñarán los humanos en dulcificar los 'noes'?

El otro caso de los que viven impacientes por ser felices son aquellas parejas felices para siempre que cortan y luego, ¡Mufayah! ambos quieren una nueva pareja estable a la que querer tanto como a la anterior en menos de un mes. Y yo antes, que tengo que haberle superado antes de que él me supere a mí o seré una desgraciada. Calma, calma. ¿Seguro que es eso lo que quieres? Cuando veo esas cosas ocurrir me confundo mucho. Casi tanto como para herirme a mí misma (pero no, y prometo no repetir ese tan manido chiste más hoy). Veamos, si tanto os queríais antes ¿cómo es que os habéis superado tan rápidamente? ¿Cómo es que buscáis uno nuevo en tan poco tiempo? ¿O es que no os queríais tanto como esas 1000 fotos juntos pretendían probarnos a los demás?

La soltería está infravalorada. Y yo creo que esto es problema de que no te quieres (no os queréis) lo suficiente. Mírame a mí. Con todo lo que me quiero, soy perfectamente feliz sola y perfectamente feliz acompañada. Que sí, que la vida en sociedad tiene sus pros, no seré yo la que te diga que no. Al fin y al cabo, jugar al Risk o al Catán en un grupo de amigos es uno de esos pequeños placeres de la vida. Pero la sociedad no es tan necesaria como quiere hacernos creer.

O crear una escala con la que medir la estupidez como función directamente proporcional al parecido que tenga alguien contigo. Y así. 'Se parece 5 a Guillermito, entonces es 5 de imbécil'. 'Se parece 37 a Pablito, es un imbécil del 37'. Y así, para que luego no pase lo que pasa. Y que nadie diga que no le he avisado.

Yo en el fondo quisiera seguir escribiendo sobre el fin del mundo, que es a lo que me dedico ahora, pero hay un terrible sonido constante que no deja de importunarme, molestarme, incordiarme y cualquier otro sinónimo que se te ocurra. Un ronroneado constante, un taladro diabólico que me haría temer por mi vida y la de todos los pertenecientes a un círculo de centro Yo y radio 1 Km si estuviéramos en guerra. Pero menos mal que no estamos en guerra. ¿Cómo se vive en una guerra? Mucha gente habla de muchas cosas, pero yo estaba pensando en los que se quedan. O sea, en los que están en sus casas, sin apenas alimentos, o con la ropa rota y frío. Y sin saber si X volverá (sano o, por lo menos, salvo) de le guerra. O no. El frío es tan terrible sin abrigos.

Con lo que me gusta a mí hacer tartas, ¿cuántas personas habrán tenido que vivir sin poder desarrollar sus vocaciones, incluso las más tontas? Y nosotros aquí poniéndonos tristes si un día nos mojamos al volver de clase. Cuándo aprenderemos a ver la realidad en su conjunto, a relativizar. No creo que sea necesario viajar a la India o a  África para saber que los hay que viven mucho, mucho, mucho peor que nosotros. No creo que sea necesario vivir la misera para saber que siempre habrá alguien que esté peor y otro alguien que esté mejor. Por eso procuro no estar triste por los problemas que tienen solución. Prefiero ponerme a ponerles solución.

-Un whisky bien cargado, y un balazo en la frente.
¿Es acaso ésa la única solución? No sabría yo qué decirte. Cuán preocupados andamos todos por la muerte, y esto no es ironía. Nos preocupa porque sabemos que existe, pero no en qué consiste. Es un poco como la primera vez que vas al dentista (y lo dice una que aún no ha tenido que pisar por ellos, que para algo me lavo los dientes todos los días desde los 3 años o incluso desde antes, si es que antes ya tenía dientes, que yo qué sé, que todavía no tengo hijos y no me sé esas cosas de cultura maternal, o parental, que tampoco yo quiero herir sensibilidades, ni sensibilidados). Vas al dentista con miedo porque mucha gente ha dicho que duele mucho lo que hace, ¡que se saca dientes! Que mete elementos punzantes en tu boca. Que babeas. ¡Que sangras! Y yo creo que lo que verdaderamente te da miedo es el miedo, el dolor, no el dentista en sí. Al fin y al cabo una bata blanca no da superpoderes. Y con morir pues nos pasa un poco igual. Pero eso no debería ser motivo 'to rush into happiness' ¿O sí? Al fin y al cabo, qué sabré yo.

Había un tema más sobre el que quería hablar, algo que venía pensando en el autobús, pero creo que lo he olvidado. Pienso tantos temas que quiero contarte y luego olvido que ya no sé ni qué he dicho en 'voz alta' y qué he pensado para mí. ¿Tú qué opinas, Mandarino? ¿Lo dejamos aquí o divagamos un poco más sobre el poder de mirar a los ojos?

Porque el único motivo por el que aún no me he puesto un termómetro es porque temo que, de hacerlo, si me dice que tengo fiebre, mi sentido de la responsabilidad se relajará y mañana irá a clase de 8:30 hasta las 21:00 alguien que no sé quién será, pero desde luego que yo no. Es mejor ignorar los síntomas del resfriado, beber frenadol cual valiente y seguir adelante.

Y dime, ¿quiénes son los que deciden el sabor de los medicamentos? Porque me gustaría decirles una cosa. ¿Qué clase de naranjas han tomado en su infancia? El frenadol NO SABE A NARANJA. Sabe al asco que te producirá al tragarlo. Pero, desde luego  no sabe a naranja. Al menos no a las naranjas que he tenido el gusto de tomar. Admitiré que puede que sea que mi paladar sea demasiado exquisito (¿ves cuánto me quiero?) y que, por culpa de esta genialidad evolutiva que he tenido la desgracia de padecer, las cosas no exquisitas me sepan mal. Al fin y al cabo siempre he sido la primera en mi familia en darme cuenta de cuándo algo empezaba a saber mal. Como el pan bimbo, que sustituímos por Panrico tras un mes sin que yo tomara porque ya sabía mal pero que fue necesario para que mis padres se percataran del cambio de su sabor. Y con la leche Carrefour (de antes, la de ahora sabe bien de nuevo) igual. También odiaba el sabor del Febrectal y el del Ceclor. De hecho, adoro al desconocido inventor de los medicamentos en pastillas. Insípidos. El Ceclor jamás supo a fresa. Las fresas no saben ni por asomo a lo que sabía el Ceclor. Y el otro medicamento infantil, ese naranjita con sabor a ''''''naranja'''''', tampoco sabía a naranja. De hecho y, si me apuras, el único medicamente cuyo sabor me gustó en mi infancia fue un jarabe que olía muy mal y venía en un tarro marrón con una cuchara de plástico doble (por un lado una cuchara más pequeñita y por otro una más grande) y que sabía a plátano.

¡Como lo oyes! ¡A plátano! Claro que también puede que sea simplemente alguien de gustos raros. Mi yogur favorito era el de plátano, y el de macedonia. Pero no me gusta comerlos fríos. Saben menos. A mí me gusta sacarlos fuera antes de comer y comérmelos tras dos horas a temperatura ambiente cuando la temperatura ambiente son unos 25 o 27 grados.

Pero, tranquilo, no soy tan (tan, tan) pija a la hora de comer. Y como soy bien educada, si no estoy en casa me como lo que sirvan en mi plato con una sonrisa y diciendo que está muy rico.

¿DÓNDE ESTÁ LA SEPARACIÓN ENTRE SER BIEN EDUCADO Y MENTIR? ¿Protocolo o falsedad? ¿Cuántos antes que yo se habrán planteado sin éxito esta pregunta sin respuesta? A mí me gusta decirle a la gente lo que me gusta de ellos. Suelo decir 'me gusta tu vestido/camiseta/bolso' o 'estás muy guapo hoy/te queda muy bien ese color/corte de pelo/camisa'. Pero sólo lo digo cuando sale de mí decirlo porque lo creo así. Y creo que es importante decirlo porque creo que hay que decir las cosas buenas. Mejor decirlas que arrepentirnos por no haberlo hecho. Sin embargo el problema me viene cuando llegan las preguntas directas: '¿Estoy guapa?' Doy gracias a que no suelo recibir esas preguntas de personas con las que no puedo o quiero o debo ser totalmente sincera.

El problema de la educación es que es complicada. Porque por un lado tienes a tu padre que te dice que no se debe mentir. Pero por otro lado tu madre te regaña si cuando la vecina te pregunta eso de '¿me quieres dar un beso, guapa?' respondes con un 'no'. Porque, claro que no quieres, ¿cómo ibas a querer darle un besito a una total desconocida? Pero no está bien decir eso. Es MALEDUCADO. Y nadie quiere ser maleducado. Mal, quita, quita. Quieta. Lo que es malo es malo. ¡Menudo descubrimiento! ¡De aquí a Platón del siglo XXI en menos que croa una rana.

Es muy confuso todo, por eso lo mejor suele ser estar callado.
¿Estoy guapa? Y pones sonrisa de circunstancia. Si se quiere asumirá que es un sí y que eres perezosa con los cumplidos. Si no se quiere le preguntará a otro hasta reafirmar su ego.
¿Me quieres dar un besito? Ladeas la cabeza y sonrisa de circunstancia. Ya vendrá ella a dártelo si tiene tantas ganas. Y no habrás tenido que mentir, que está muy mal.

En definitiva, Mandarino, no sé qué más contarte hoy. Porque, o te cuento todo, o no te cuento nada. Pero ya no son horas de divagar, sobre todo siendo 30 de febrero del año de la sequía mundial y teniendo que ir a clase mañana. Y que imprimir apuntes. Y que preparar bártulos. Y que... Mandarino, ¿me quieres? Yo a ti no, pero sólo porque eres un objeto inanimado y me tengo prohibido querer a los objetos inanimados. Espero que tú sí me quieras mientras te alimente de archivos nuevos y corriente eléctrica. Al fin y al cabo es lo que hacen los buenos dueños de discos duros. Y yo, además, te saco a conocer portátiles y archivos nuevos un par o cuatro veces al año. Si es que soy toda amor.

Dulces días, recemos porque el frenadol no me quite a base de asco más años de vida de los que me da a base de 'curarme' el catarro.

sábado, 2 de febrero de 2013

Trucos para ser una chica dura. Capítulo I.

Trucos para ser una chica dura:

1.- Píntate las pastañas inferiores a diario. Y si te queda bien el lápiz de ojos por abajo, también póntelo. Póntelo incluso los días en que te despiertes más triste. Saber que de echarte a llorar se te correría, te impedirá llorar. Y cuando te sientas muy triste, sólo de pensar en lo nefasto que sería dejar ver a los demás que has llorado (quedaría bien claro con tu rímmel corrido unido a tus ojos rojos e hinchados) se te quitará la posibilidad (nada es milagroso, para saber cómo quitarte las ganas de llorar tendría que conocerte)

2.- Ponte tacones. Muy altos. O botas. Muy grandes. A diario. Los tacones te separarán un poquito (¿más?) de la realidad y ampliarán la longitud de tu zancada, permitiéndote huir más rápida de los recuerdos o las realidades que quieras evitar. Las botas, en cambio, te permitirán machacarlos bien siempre que se decidan a salir a flote. Que no quede uno vivo, eres una chica dura.

3.- Haz creer a todos los demás que eres tonta y superficial. Cuando pase algo triste, quédate callada tratando de tapar tu nudo en la garganta o de devolver a su embalse las lágrimas que amenazan con inundar de un momento a otro tus párpados. Cuando alguien pregunte algo, también quédate callada. Nadie te contará sus problemas y tu vivirás en la más feliz de las ignorancias.

domingo, 23 de diciembre de 2012

La cuerda cuerda que perdió la cordura.

Una cuerda no es verdaderamente cuerda si no es cuerda. La cuerda cuerda es aquella que actúa tal y como todos esperarían que actuara una cuerda. Hace nudos simples y se deja desatar sin ofrecer demasiada resistencia cuando es debido.

Una cuerda cuerda ata locos en manicomios y da cuerda a que las niñas desarrollen toda su imaginación mientras cantan y la saltan y los niños mientras juegan a ser cowboys que atrapan indios. Las cuerdas cuerdas sueltan las amarras y amarran los cabos sueltos, para no dejar ni un detalle sin pulir.

Toda cuerda pasa por etapas de mayor y menor cordura y todas desean en algún momento de sus enrolladas vidas ser algo menos cuerdas, algo más locas. El boom de las cuerdas locas vino después de que se filtrara un fragmento de Alicia en el País de las Maravillas: You're entirely bonkers, totally mad. But I'll tell you a secret. All the best people are.' Y todas las cuerdas volviéndose locas, sólo porque las mejores personas lo están. Menuda prosopopeya.

En realidad, el origen de la locura de las cuerdas es muy anterior a Alicia. Hace muchos, muchos años, una cuerda algo gordita perdió toda su cordura. Y con cordura en este caso me refiero a sensatez, no al conjunto de características características que les otorga el nombre de cuerdas a las cuerdas. Esta cuerda, como iba diciendo, decidió anudarse y no soltarse bajo ningún concepto. Menuda cuerda loca era ésta. Gordiana, como la llamaban cariñosamente sus vecinos a los que siempre saludaba para no ganarse fama de maleducada después de cara a los periodistas de los telediarios de la hora de la comida que pudieran pasar a preguntar sobre su forma de ser cuando cometiera un anudinato grave, se anudó y nadie lograba desanudarla.

¿De qué sirve una cuerda que se anuda sobre sí misma y decide no desanudarse ni aunque se lo pidan de rodillas? Gordiana se anudó en un nudo gordiano. Y tuvo que venir el mismísimo Alejandro Magno a desanudarla. A cuchilladas.

Y la moraleja de esta historia, niños, es que nunca debéis dejar que los nudos de vuestras gargantas duren más de unos instantes, o vendrá el Alejandro Magno de turno y los desanudará a cuchilladas. Bueno, y que si encontráis a quién os desanude cariñosamente, que os quedéis con él. Ah, y también que perder la cordura si eres cuerda no es buena idea. Por supuesto también podéis concluir que lo único importante en esta vida es ser uno más del montón, una cuerda cuerda, si preferís llamarlo así. Y, antes de que se me olvide, también la conclusión es que sólo los niños pueden querer ser cowboys y sólo las niñas pueden saltar a la comba.

O simplemente, quedémonos con que las aceitunas gordal están muy ricas y que cada cual debe ser y hacer lo que quiera siempre que con su actitud no moleste a los demás.

¡Ah! Feliz Navidad :]

sábado, 15 de diciembre de 2012

Jueves y catorce, con ce de cacatúa.

Culpar a las hormonas de todos tus desarreglos emocionales. Culpar a los desarreglos emocionales de las hormonas. Llorar sin saber los motivos. No entender nada. Que paren el mundo, que yo me bajo. O que no lo paren, pero se me permita al menos ser baldosa por un mes. ¿Pasará algún día esta crisis? La mía, no la económica. Crisis económica. Ahora al mejor precio del mercado. Y si no queda satisfecho con la calidad de la crisis adquirida, se la cambiamos por otra. Aseguramos el precio más bajo. Si encuentra otro sitio en el mercado que las venda a menor precio, díganoslo y le rebajamos el precio de su crisis. Aquí, las crisis más económicas del mundo. Crisis economímicas del mudo. El mundo entero girando y yo en el váter. ¡Caminemos de una maldita vez en la misma dirección! (Se dijeron)Y cambiaron sus rumbos. Lástima que no se dieran cuenta de que ahora navegaban en sentidos contrarios. MRU. Movimiento rectinlíneo Uniforme. Uniforme escolar. Un informe escolar. Niña, tápate que se te ven las ideas. Y no son idénticas a las del resto del mundo. El resto del mundo son todos los que no se comportan conforme a mis expectativas. El resto del mundo (no) eres tú. Mini-falda. Dícese de las faldas que llevaba una famosa ratona. Minnie-falda. Liquidar: dícese de hacer (más) líquido un cuerpo (fluido o no). Liquídame, pero que no sea a lágrimas. Con tilde en la a. TOC. TOC, TOC. Trastorno Obsesivo Compulsivo. TIC. Tic Tac Toe, three in a row. Death row. A(r)row. Bow (¿tie?). To Bow. Tubo. Tuvo muchas penas. Penoso, dícese de un mamífero osáceo que sufre de penas variadas. El oso quería dejarse llevar, a ver si alguien venía a rescatarle. Auto-rescate: fenómeno por el cual uno mismo (u otro mismo) se salva a sí mismo tras comprobar que nadie viene a lanzar un chaleco salvavidas. Salvemos vidas. ¿Y qué pasa con el alma? Salvemos todo. Salvaguardar las salvas del guarda. Y todas las fechas de guardar. Salvar el mundo. Cambiar el mundo. Cambiar las personas. Cambiar a las personas. ¿Por otras? Los otros. Nosotros. A nadie le amarga un dulce. De leche. Galletas, que vienen los Reyes Magos. ¿Tú (también) has perdido la fe? Perder la fe en la humanidad es tan del invierno pasado. Créame. Y no, no te estoy tratando de usted. Tilde diacrítica en días críticos. No es insultar si es objetivo.  Y tú eres objetivamente imbécil. ¿Y gordx? X para no herir sensibilidades. Queridos/as/o/a/e/i/o/u borriquito como tú. Tururú. Que no sabes ni la u. ¿2? ¿U2? Tranqui, tronco, que aunque esto sea un canteo, tu chupa mola mazo. Tío. ¿Dónde quedó todo lo que no detesto? De(ntro del )t(i)esto. DJ Tiësto. Luleä. Con diéresis en la jota. La jota ha perdido todo su valor al convertirse en hota. Y todo es culpa . Tuya. Suya. Mía. Posesivos. ¿Nuestra? ¿Vuestra? ¿Suya? Suya, pronombre posesivo, tercera persona del singular. O del plural. Varios poseedores. Millones de poseídos. Poseídos por el afán de poseer posesiones. Poseer imposesiones. Imposeer. Poseer la nada. Una isla recóndita en medio del mar. Y mucha literatura genial. Nada. Y mira que he flotado lámparas. Genio. Se ahoga. Nada. El que nada no se ahoga. Y Bruto mató a César. Y el mundo es una pelota.

Los quarterbacks y animadoras del blog:

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