Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).
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jueves, 2 de agosto de 2012

De mayor quiero ser.

Inventor (de excusas).
Cocinero (de mentiras).
Carpintero (de sueños rotos).
Ladrón (de esperanzas).
Policía (de pensamientos contraproducentes).
Bombero (de lágrimas; para las inundaciones del alma).
Escritor (de epitafios y declaraciones de amor no profesadas).
Profesor (de la vida).
Médico (del corazón; cardiólogo).
Basurero (del tiempo. Perdido. Pensando. En ti).
Recolector (de pensamientos fugaces).
Agricultor (de recuerdos).
Ganadero (de carnes (im)puras).
Pastor (de ovejas. Que saltan la valla. De tu insomnio).
Funcionario (en funciones. Conciencia sólo de 9 a 14. 
Y con pausa para el desayuno).
Forense (de sentimientos).
Cazador (de musarañas. Que son tu cara).
Científico (del alma).
Investigador (de roturas fibrilares en el corazón).
Ingeniero (de caminos. Que nunca recorriste).
Arquitecto (de castillos. En las nubes).
Músico (de la Banda Sonora Oficial del funeral de lo vuestro).
Compositor (de fugas. Para novias a la fuga. O de réquiems).
Ilustrador (de ideas. Jamás paridas).
Ministro (de nada).
Presidente (del Consejo Superior. De Envidiosos).
Guardián (de cremalleras. De boca).
Tránsfuga (de cárceles de oro).
Ama (de casas de muñecas).
Pintor (de sonrisas. Misteriosas).
Adivino (del pasado. Del futuro. 
De la combinación ganadora, para ganarte).
Soñador (frustrado. En duermevela).
Piloto (de F1, 
de palabras que deberían haber vuelto al estómago antes de salir, 
conduciendo en sentido contrario).
Cirujano (de personalidades odiosas).
Maquillador (de virtudes).
Rey (con suerte. O consorte).
Abogado (de causas perdidas. En el recuerdo).
Publicista (para corazones de plástico).
Rompedor (novedoso. De esquemas).
Catador (de su propia medicina).
Bailarina (de campos de minas).
Astronauta (de cajas llenas de cartas).
Zapatero (de Cenicientas que huyeron antes de las 12).
Marinero (de mares, de lágrimas). 
Recepcionista (de gargantas, de buenas palabras).
Vendedor (de motos).
Pescador (con redes. Para que caigas en ellas).
Limpiacristales (de gafas).
Meteorólogo (de tiempos hostiles).
Jardinero (de cabezas con ideas, de brotes rebeldes).
Fotógrafo (de lo que pudo ser y no fue).
Adiestrador (de lenguas, sueltas).
Herrero (de errores).
Florista (de flores frescas, para amores marchitos).
Ahorrador (de palabras).
Detective (de misterios ya resueltos).
Sereno (de llamas (calmadas) en el corazón).
Afilador (de palabras, armas de doble filo).

¿Y tú? ¿Qué quieres ser de mayor?

martes, 8 de mayo de 2012

Parafraseando o, simplemente, para ti.

Muy poco no es nada. Vamos, que algo es algo. Y si de lo que se come, se cría y tú crías hijos, ¿has comido antes hijos? Tal vez esté malinterpretando las cosas. O tal vez no se pueda hacer tal afirmación y yo no sea tan booleana como quisiera creerme.

viernes, 20 de abril de 2012

¿Quién cuenta las estrellas?

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... ¿Esa la he contado? Creo que no la he contado. Ocho, no, no, sí la conté. Siente, ocho, nueve... Definitivamente esa no la he contado. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce... Treinta y siete. Treinta y siete estrellas hay en el firmamento esta noche.

domingo, 8 de abril de 2012

Como un mueble de Ikea

-A veces me siento como... como uno de esos muebles raros, que vienen sin montar y tienes que montártelos tú solo.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Menos mal que este año es bisiesto...

'Menos mal que es bisiesto, porque si no hoy no existiría'. Se pone la bufanda y se mira al espejo. No se ha maquillado. Piensa en la hora y pico de autobús que le espera hasta llegar y suspira. 'Tengo que sacarme el carné'. Va a salir. Va tarde, baja corriendo las escaleras y... ¡mierda! ¡Se le caen los pantalones! ¡El cinturón! ¡Otra vez el cinturón! Últimamente todos los pantalones se le caen. Qué desastre. Sube corriendo. Deja el bolso en la cama y coge un cinturón cualquiera. Se lo pone tan rápido como puede y mira el reloj. 7:10. Ya no llega al de y cuarto. Se sienta. Es desesperante.

Ahora tiene 10 minutos antes de salir a coger el de y media. Decide maquillarse, así no será tiempo perdido. Claro que, ¿para quién? Para ella. Para ella. Se maquilla para sí misma. O, al menos eso se dice cada uno de los días en que se maquilla y no le ve. Entra en el baño y rebusca en el neceser. ¿El eyeliner? ¿Dónde diantres he metido el Eyeliner? ¡Ah, sí! En el bolso del sábado. Claro. Vuelve al cuarto y rebusca en el bolso negro. Vuelve al baño corriendo y se pinta un ojo. Perfecto. ¿El móvil? ¿Quién puede querer algo de mí a las... ¡LAS 7:23! Mierda, mierda, mierda. Ya no pillo el bus. Coge el móvil. ¿Sí? Sí, dime. Si, sí, ya estoy saliendo. Bueno, vale.

Otra vez el pesado de turno. Vuelve al cuarto para salir. Se mira al espejo. Un ojo. Me falta maquillar un ojo. Nada, hoy no es mi día. Vuelve al baño y se tira un poco más de potingue negruzco por encima del ojo derecho. ¿Ya? ¿Podré salir ya de esta casa? Vuelve al cuarto y recoge el bolso. Coge la cazadora negra y se echa colonia. Vuelve a bajar corriendo las escaleras y entra en la cocina. Coge dos yogures y sale pitando. O sin pitar, simplemente tan rápido como puede. Casi se mata bajando las escaleras del jardín, pero no. Sólo se le ha caído un poco de tiempo y se le ha acumulado un poco de enfado. Ya camino del autobús se da cuenta de que se le han olvidado los pendientes, no ha cogido horquillas y ahora el flequillo le recuerda cada paso que da golpeándole la frente. Y también ha olvidado el bonobús.


Ocho horas, tropecientos desajustes, dos desencuentros y un encuentro después, vuelve a casa.


Abre la puerta del jardín a tientas, a esas horas ya no se ve nada. Arrastra los pies y un pensamiento por las baldosas húmedas de rocío. ¿De rocío? ¿Cuántas horas he estado fuera? Sube. Uno, dos, tres, cuatro y cinco escalones. Camina hasta la puerta principal y abre. Sin hacer ruido. Antes de entrar se quita los tacones. Sus tacones favoritos, que ahora son un poco más favoritos que ayer. Y sube corriendo. Ya en su cuarto tira la ropa en la silla, ¿dónde si no? y se pone el pijama. Cualquier ser humano normal se iría a dormir a esas horas. Pero, hoy es 29 de Febrero. Enciende el portátil. Se le escapa la sonrisa de los labios. No, no. No es sonrisa. Se le escapa la felicidad por las comisuras. Baja a la cocina y coge una tableta de chocolate. Sube, con sus zapatillas de conejitos como única compañía. Cruza las piernas y se pone el portátil encima. Empieza a escribir. ¡Menos mal que es bisiesto, porque si no hoy no hubiera existido!

viernes, 3 de febrero de 2012

Planos, rectas y no tan rectas.

Muchos convierten, colocan el plano horizontal en segundo plano. Y la verticalidad no lo es todo. De hecho, los sueños sólo se hacen realidad si sabes desabatirlos del plano horizontal. Los sueños. Soñar es de horizontales. Y lo que es curioso es que el punto en que plano horizontal y vertical se hacen uno se llama línea de tierra. El punto en que sueños y realidad se tocan es la línea de tierra. De tierra como quien dice de horizonte. Y el horizonte es inalcanzable. Amargo, amargo.

domingo, 22 de enero de 2012

lunes, 16 de enero de 2012

Feliz cumpleaños

Hoy hacemos dos años. Mi blog y yo, quiero decir. Cuando empecé este blog (el tercero, si se trata de hacer confesiones de domingo sin ser domingo ya) pensé que se me pasaría el espíritu inicial y que lo dejaría. Había pasado ya con otros dos antes, no había nada que hiciera pensar lo contrario. Y, para mi total sorpresa, me encontré un 16 de enero después con que ya llevaba un año contándole al vacío y a ti mis cuatro chorradas diarias. O cinco. O seis. Con mis más y mis menos creo que no ha habido un mes en el que no haya publicado algo. Enero. Ay, normal que comenzara el blog en Enero. Y que lo diera a conocer un enero después. Enero es mi mes de máxima inspiración. Por algún motivo desconocido.

sábado, 14 de enero de 2012

¿Cara o cruz?

Digamos que hoy es 14 de Febrero en Canarias. O en NY. Ella viste abrigo y él va como siempre. Se ven. Se cruzan. Cruzan miradas. No cruzan una sola palabra. Cruza los dedos, tal vez te hable. O te cruce la cara. Y ella entrecruza sus piernas. Quiere cruzarse contigo, del verbo tener hijos. Y hacerse mayor a tu lado haciendo punto, de cruz.

domingo, 8 de enero de 2012

De paseo por R

He conocido muchas funciones a lo largo de mi vida. Exponenciales que se crecen con nada y cada día se lo creen más. Que vuelan tan alto que se les separan los pies del suelo. Y que acaban solas y perdidas en las inmensidades de R. Y luego, ahí arriba se quejan. 'Oye, que yo era normal, no es mi culpa valer mil veces más que el resto'. Pero nadie las oye.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Y mucho más.

Rededicar un poema.
Desdibujar una sonrisa.
Redirigir una mirada.
Deshacer las paces.
Reprogramar un sentimiento.
Desahuciar un pensamiento.
Repasar una idea.
Desmembrar un corazón.
Recordar el futuro.
Descomponer una canción.
Recortar unas palabras.
Destrozar una ilusión
Retozar en camas vacías.
Desarticular una disculpa.
Rememorar aventuras no vividas.
Desanudar una garganta nudosa.
Rediseñar una vida.
Desvivir(se por) un sueño.
Reponer unas flores.
Desabrigar las esperanzas.
Reajustar el cariño.
Desacreditar a tu héroe.
Reanudar un silencio.
Desmaquillar los defectos.
Reaparecer en las pesadillas.
Desaparecer como aparición.
Reavivar troncos sin llama.
Desasir las ambiciones.
Reconvertir(se en) tu enemigo.
Desafinar una declaración de amor.
Rebajar el precio a tu cabeza.
Desasistir a tu propia boda.
Rebañar los celos.
Desistir en ser feliz.
Rebatir sus axiomas.
Desafiar al pasado.
Rebosar penas.
Desaforar órdenes.
Rebozar el cariño.
Deshacer un tuerto.
Rebrotar un desengaño.
Desvincular personas.
Recaer en él.
Desesperar e irte antes de haber llegado a la cita.
Recalificar las fincas de mi mente a tu nombre.
Desespumar un café.
Recalentar un corazón.
Descongelar el odio.
Recapitular lo que no se llegó a decir.
Desestimar una declaración de amor.
Recargar pilas (alcalinas).
Desfallecer antes de nacer.
Recaudar cariño, sin posibilidad de impago.
Desfogar la calma.
Recelar de uno mismo.
Deforestar el cerebro.
Recetar la muerte.
Desgarrar tus promesas.
Rechistarle al silencio.
Desglosar la nada.
Reciclar el amor.
Desguarnecer al débil.

martes, 11 de octubre de 2011

Cuestión de Principios

Se me derrumban los principios físicos en medio de una clase de física. Supongo que no hay lugar mejor. O sí. No sé. Me gusta la química, porque sus principios son aplicables a la vida cotidiana. ¿Cómo? ¿Que qué hago yo, @Crasmir, diciendo que me gusta la química? ¿Que cómo oso? Bueno, realmente me gusta la química. Aunque me dé pereza estudiarla. Me gusta aplicar la entropía a mi habitación y entender que si está desordenada es por culpa del universo, no de mi pereza. Me gusta ver los iones e imaginar que son personas. Polos opuestos que se atraen. Me gusta leerme las leyes de Fajans y entender el porqué de muchas relaciones con final abrupto. Me gusta imaginar que formaré un enlace covalente algún día, y que mis hijos nacerán de una unión sólida. Me gusta imaginar que las relaciones se mantienen por la energía de enlace y que hay personas que son magnéticas, atrayentes como imanes. Sí, definitivamente me encanta la química y su versatilidad.
Si me lees desde hace un par de meses probablemente ya conozcas mi amor por la química, y por unir la química al día a día. Y si no me sueles leer pero te interesa siempre puedes consultar la sección Frikadas, pero el nombre no engaña. Puedo llegar a ser muy friki.
Y me gusta mucho la física. Estudio mucha física y soy muy feliz, así que por algún lado debe haber una relación. Creo. Sería ilógico que no la hubiera. Y ante todo yo soy booleana.
Hoy he descubierto que el Principio de Acción Reacción no se sostiene. ¡LE HE DESCUBIERTO UN FALLO A LA TERCERA LEY DE NEWTON! Sí, como lo oyes.
Porque en las relaciones esto no se cumple. Una fuerza atractiva sobre una partícula uno muchas veces no tiene su pareja sobre la partícula dos. De ahí los corazones rotos, los desengaños amorosos, las lágrimas, los 'me quiere, no me quiere'. El mundo sería mejor si cada persona atraída por otra se viera atraída con una fuerza igual a la que atrae a la segunda persona hacia la primera. El mundo sería mejor si la Tercera Ley de Newton se cumpliera siempre, si fuera universal. Pero esto no suele pasar. Cuando pasa todos lo llaman 'amor'. Les dicen que eran perfectos el uno para el otro. Que son el amor de su vida, que están hechos uno para otro... No, no. Lo que pasa es que cumplen la Tercera Ley de Newton. Y eso no suele pasar. Por eso los que logran una relación que cumpla estas leyes físicas siente que tiene una unión mucho más fuerte que la del resto. O al menos mucho más exclusiva. No digo que no pase a nivel 'particular'. Es más, estoy segura que a nivel microscópico se cumple. Por algo Newton es considerado un gran científico, ¿no? Pero fuera no. Lo que pasa es que nadie quiere decirlo. O nadie se ha dado cuenta. Y es que llevarle la contraria a Newton es todo un palo. ¡A ver quién se atreve!
Pero es que, sintiéndolo mucho, Newton se equivocó. A veces su principio se invierte. Una fuerza 12 atractiva produce sobre 2 una fuerza 21 repulsiva. Así, tal y como lo oyes. Genera una fuerza con el mismo sentido. Y nadie se alarma. Sólo la partícula(persona) 2, que se ve repelida por 1 y huye. Huye sin saber que está destrozando los principios de la física. Me río yo de los neutrinos. Éste es el descubrimiento del siglo. Pero no trascenderá. Porque estamos acostumbrados a que las relaciones entre personas no tienen por qué cumplir las leyes de la física. Nos han acostumbrado a que, en lo que a personas respecta, Newton no tiene nada que decir. O nos hemos acostumbrado. Pero estaría bien alguna que otra ley 'universal' que lo fuera verdaderamente, ¿no? Algún axioma a partir del cual vivir y reaccionar. En el fondo nos encanta que nos den todo machacadito y con instrucciones de uso. De ahí el exitazo de Ikea.

domingo, 2 de octubre de 2011

Guardaba las apariencias en el armario, al llegar y quitarse la careta.

Albergaba sus esperanzas (de cristal) en cajones llenos de algodón. Para que no se le rompieran. Para que no se las rompieran. Para mantenerlas intactas por muy vanas que fueran. Cada domingo, cuando recordaba que había pasado una semana entera y sus esperanzas no se habían cumplido, abría los cajones y las observaba. Intactas. Como si el tiempo no pasara por ellas. Era un verdadero ejercicio de autocontrol el mero hecho de no empotrarlas contra la pared. Pero él seguía creyendo que un día se harían realidad sus sueños. Así que se limitaba a sacarlas, airearlas y quitarles el polvo. Y volverlas a guardar. Otra semana más. No llevaba la cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que tuvo que empezar a envolver sus esperanzas y empaquetar sus sueños. Había perdido la cuenta hacía muchos años. Y tenía verdadero pavor a apuntar las fechas y obligarse así a asumir el paso de los años.
También guardaba el rencor. En tarrinas herméticas, para que nadie se contagiara de este virus tan letal. Tupperware con cierre al vacío para que no escaparan los malos sentimientos. Guardaba muchas cosas. Algunos decían que tenía un principio de Síndrome de Diógenes. Él prefería verse como un acumulador de recuerda-recuerdos.
Y también guardaba los recuerdos. En su mente. Y por escrito. Temía que algún día su mente los considerara inútiles y le hiciera olvidarlos. Así que pasaba horas escribiendo cada detalle. Y acumulando. Acumulando basura, tesoros, inutilidades e ideas. Acumulando basura, según el resto del mundo. Y es que, probablemente, nuestros objetos más preciados no significan nada para todos los demás. Porque son las personas las que dan valor a los objetos. Y él daba valor a más objetos de lo 'normal'.
Guardaba las apariencias en el armario, al llegar y quitarse la careta. Con esto se evitaba que rumorearan más de lo necesario sobre sus asuntos. Los que querían tomarle por enfermo solían hablar de él a sus espaldas. 'Está loco'. 'Tiene la casa llena de basura'. 'Es un maleducado, no saluda'. Él no entendía por qué los que le insultaban por detrás podrían querer que él les saludara. Ni siquiera entendía cómo podían pretender que él les saludara. Pero 'los demás' no ocupaban demasiado tiempo sus pensamientos. Él seguía con la rutina. Con su rutina.
Soñaba con ella. Soñaba con conocerla y tener hijos. Y tener nietos. Pero todo eran sueños. Y por el momento sólo podía dedicar su tiempo a acumular historias que contar a sus nietos. A esos nietos que no conocía. Y que probablemente jamás llegaría a conocer. Pero también sobre esto procuraba no pensar.
Se dejaba asaltar por las dudas los lunes por la mañana. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Soy feliz? ¿Dónde quiero llegar? ¿En qué me he convertido? ¿Era esto lo que quería? El resto de la semana la rutina ejercía de opio para el raciocinio. Sólo quedaba espacio para pensar en la acción inmediatamente siguiente a la que se estaba realizando. Y el día a día cobraba una monotonía nada atrayente. Pero ya se había acostumbrado.
Ahora su rutina era rutina. Se había hecho a la rutina. Porque la rutina nunca se hace a uno. Y la vida le resultaba más simple. Es lo bueno de la repetición. Puede resultar monótona, aburrida, cansina, agotadora o incluso deleznable, pero es fácil de seguir. Ya no le costaba vivir. Ya no tenía problemas. Y con el fin de los problemas había llegado el fin de sus fuerzas para luchar. Ahora sólo era capaz de vivir. Sin luchar por una vida mejor. Una de las desgracias de los que se dejan aplastar por la monotonía.
Años atrás había leído 'Momo'. Y le había gustado mucho. En la inocencia de la infancia se había jurado no convertirse jamás en uno de esos adultos que se dejan robar por los hombres grises. Ahora la edad le nublaba y le impedía darse cuenta de que se había convertido en uno más. Ya no salía a pasear, ni pintaba. Ya no escribía ni leía. Tampoco quedaba más que lo sumamente necesario para no perder el contacto con los pocos allegados que le quedaban. Y aún así le seguía faltando el tiempo. Un día quiso ser basurero del tiempo, ahora invertía su tiempo en basura. Ahora su tiempo era basura. Y él, ciego de la realidad, se negaba a asumirlo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Buenas noches, le dijo.

Entró. Había un hombre muy raro dentro, pero ya llegaba un poco tarde y no quería atrasarse más.
-Buenas noches, le dijo. Silencio. Cómo odiaba a los vecinos que no cortaban el silencio tan molesto que se forma en los ascensores. Lo volvió a intentar. -Parece que ha llovido esta noche. ¡Si es que el tiempo está loco!
-Buenas noches.
Se bajó y salió. ¡Qué maleducado y qué raro era ese tipo! Le dio un escalofrío. Quizás debía haber cogido una bufanda. Pensó en tomar un taxi, pero no merecía la pena. No iba tan tarde y así haría un poco ejercicio. Que le vendría muy bien, porque desde que María... Pero no quería pensar en eso ahora. Siguió caminando...

Volvió la esquina, ¿le seguían? No. Falsa alarma. El encapuchado del ascensor al parecer había decidido cambiar de camino. Ya llegaba 20 minutos tarde, todo por culpa de ese hombre tan raro. No era Halloween, ni fin de año ¿quién en su sano juicio podría caminar con esas pintas una noche de martes por Madrid? Sacudió la cabeza, procurando quitarse la imagen de la cabeza. Había quedado con Lucas y Juan, donde siempre. Igual que siempre. En realidad eso de ir todas las noches al mismo bar estaba empezando a cansarle. Con María nunca iba allí. Claro que, desde que María le dejó, cambió mucho su vida. De hecho, empezó a ir a ese bar para "superar" a María. ¡Como si las personas se superasen! Las personas se olvidan, o no. Pero no se superan. Lo que todos llaman superarlas es el momento en que las has olvidado. Y son otros las que te las recuerdan. Pero ya no eres tú quién las recuerda en cada detalle.

Dos manzanas más y habría llegado. Notó el móvil vibrar en el bolsillo de la gabardina. Lo cogió y lo miró. Era Juan. No le apetecía cogerlo, así que lo volvió a guardar. Ya le diría por qué llegaba tarde cuando llegase.
Oyó algo detrás. ¿Eran dos sombras lo que dibujaba esa farola? Paró en seco. Se volvió. Ahí estaba otra vez el encapuchado. Iba a tener unas palabras con ese tipo.

Se encontró cara a cara con la muerte. Le increpó y le exigió que dejara de seguirlo. Y sin dejar a la muerte explicar sus motivos, se volvió y continuó hacia el bar. Se había encontrado cara a cara con la muerte. Pero fue su rutina la que acabó con él.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mi primer premio, ¡chispas!

Normas por ser premiad@:

1.Publicar en el blog una entrada que se anuncie lo siguiente.

+El nombre de la persona que te ha premiado y el enlace de su blog:
+Premiar a seis personas cuyos blogs te hayan parecido buenos, dejando su nombre y el enlace del blog y no premiar a nadie que ya haya recibido el premio.
+Especificar en la entrada que hay que anunciar todas las normas cada vez que se premie a alguien.

+Colocar la imagen del premio en la entrada.

+Contar tu mayor sueño.

2.Si no se acepta el premio se debe avisar a la persona que te premio (sí, esa soy yo) para que pueda premiar a otro.
--- 

Muchas gracias JusJuus por el premio y por tu blog que me gusta tanto leer:  http://jusjusalhabla.blogspot.com/
Y quiero premiar a:
+Kailer, con su blog: http://brainstorm-jaol.blogspot.com/ Porque leyéndole no me siento la única friki.
+Tuchi, con su blog: http://tuchidemas.blogspot.com/ Porque tiene una madurez deslumbrante para su edad.
+MenganaJr, con su blog: http://efemesvl.blogspot.com/ Por todas esas entradas que me han hecho sonreír.
+Pasteldefrutas, con http://enagostonosecome.blogspot.com/ Porque me gusta cómo escribe y para que su blog no quede en un intento.
+Alawen, con su blog: http://juguetesdealawen.blogspot.com/ Porque lo acabo de descubrir y simplemente, me encanta.
Y bueno, como no estoy muy puesta en esto, pues voy a premiar sólo 5.

2.-¿Mi mayor sueño? Es complicado. No tengo un único sueño y grande. Ahora mismo tengo mucho sueño y muchos sueños: terminar la carrera; viajar a cualquier lugar en cualquier momento; a largo plazo: formar una familia; tal vez escribir un libro. Y otras cosas que se me ocurrirán por el camino.


sábado, 3 de septiembre de 2011

Miami

Miami. Sí, lo sé, hace mucho que volví y lo escribo ahora, pero necesitaba tener verdaderas ganas de escribirla antes de ponerme. Si no, no sale bien. Sé que no suelo hacer esto, entradas realmente personales con pelos y señales, pero esta quería dedicársela a las cinco señoritas tan guapas con quien compartí mi verano: @Arialco, @IreneTorresCW, @crisvalverde, Triana (sin Twitter) y @alexalcorta95.
Miami, como ciudad me encantó. Las playas, los rascacielos (eso sí son rascacielos, y no lo que tenemos por aquí), la gente, la comida, las palabras. Sé que lo echaré (lo echo) de menos y sé que volveré cuando tenga dinero.

Avión. Diluvio universal. Comer y dormir. Champán. ¡Cheers! Buscar aparcamiento. Harry Potter and the Deathly Hallows Part II y su consiguiente depresión. Irenes que se duermen en el cine. Dormir. Queso muenster. Jamón horneado. Patinar sobre hielo. Ver a los niños patinar mucho mejor que nosotras. Limping @Crasmir. Falling @Arialco. Dormir. Jet-lag. Entrar en hoteles que no son nuestros. "Hey, guys, how old are you? Fifteeen? Leave us alone!" Diluvio universal, segunda parte. Dormir. Manicure, pedicure. ¡Triana! Cheesecake Factory, para celebrar el cumpleaños de @Arialco. Bookstore. Bookstore. Have I mentioned the bookstore? "Be the change you wish to see in the world". Y ancianas extrañas que murmuran a nuestra vera. Dormir. Billetes. Supermercado: bizcocho reseco, pan de molde, bagels, jamón horneado, queso muenster, huevos (¿Al microondas?), Philadelphia, manzanas, leche. Cupimos en el coche. Viaje maravilloso, contemplando el paisaje, sobradas de espacio. Dj what you, what you waiting for? Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh. ORLANDO. Westgate resort. ¡Sapos y culebras! Bueno, culebras no. UNIVERSAL. Islands of Adventure. HULK. Montañas rusas. Guiris (¿Qué iba a haber aquí si no?). Chocolate. Chocolates. Chocolates negros. Chocolates con leche. Chocolates amargos. I want an Express Pass! Lines, queues or however you wanna call'em. The curious incident of the girls in the night time, or how to get 50 c out of nowhere. ROXY. Remember our blond friend? I do. Rolling in the Deep. Little Lion Man. @Arialco pierde un pendiente (¡Cómo no!). BBQ. "¡Wow! ¿Eso es una cabeza?" "Sólo no se peleen por la comida, ¿ok?" "Wey, men, bro, de pana, brother..." Juegos de cartas. Ron & Snapples. Transformers y Robots. "Tomen ustedes." "¿Judas?" "¡Está casada!" "La marta es un animal". Shots. Pictures (Someone should tell the guy to upload them to Fb or sth). Dormir. Universal Studios. Twister. Rip Ride Rock it, con Evanescense de fondo. Barney! Y el carrito empotrado contra el suelo. Realmente impactante. Hard Rock Café, cumpleaños de Triana. HULK. HULK. Descubrir que podemos montar en una montaña rusa después de comer una megahamburguesa y no morir en el intento. Wet n' Wild. If anyone is reading this you should really REALLY visit Wet n' Wild. Rocket. Water all over our bodies. Piscinas creadas para hundir a los que entren. Au revoir, Wet n' Wild! Bonjour Islands of Adventure! De nuevo Hogwarts, Hogsmade, ranas de chocolate, Grageas Bertie Botts de 1000 sabores... Apartamento. Piscina. "You know what I think? I think that black guys like you like white girls. WHITE GIRLS" Nos echan de la piscina. Dormir. Arepas. Mall. American Eagle, Claire's, unas zapatillas para @IreneTorresCW... BBQ/piscinada. The curious incident of @alexalcorta95 in the night time. Una rana. Se me escapó. Dormir. Maletas, duchas. ¡Al coche! Kiss me, ki-ki-kiss me. Weston de nuevo. Dormir. Nikki Beach. Friday's. Triana se va. No more Nicki Minaj jokes. Karts. Lo siento @Arialco y @crisvalverde, @IreneTorresCW quedó segunda. Paseos por "The Lakes" con Burbuja. Tus vecinos tienen un coche estilo Bumblebee. Compras, compras. Paseos. Conducir. Brownies. No me quiero ir. Esta noche no duermo.
Y es que, ¿a quién le voy a decir ahora "NICKI MINAJ!!!!!!" cada vez que suene Super Bass? ¿Quién me va a entender cuando hable de chocolates con leche, negros o amargos? ¿Y cuando diga que algo está arrechísimo, la rumba burda de (de)pinga o yo cheverísima? ¡Llama al Sol, que parece que llueve!Hulk, montañas rusas, Hard Rock Café. Mi niña bonita. All I care about is money, and the city that I'm from Miami es Party Rockets in the House Tonight y viajes en el coche a 7 mph. Tu, tu tutu, tuturú. Tu turu tututú. ¡PAPITAS! Con Minute maid Lemonade, burritos, brownies... AREPAS. ¡Ven  conmigo! Noches de conversaciones surrealistas, y mañanas de jet lag. Twitter, como no, cotilleos vía Facebook y fotos. La Melodía. Muchas fotos. Fuimos al Niágara en Bicicleta. Y lo cruzamos. Y cupimos en un coche de 5, apretadas pero felices.
Y mil otras cosas más.

Y como sucedió en Miami, en Spanglish se queda.

domingo, 28 de agosto de 2011

Un año. Ha pasado un año. Así, sin más. Se me ha escapado de las manos un año. Y no ha sido tan duro. Este año es diferente. Diferente porque no he temblado cuando sonaba el teléfono esta última semana. Ni he preguntado por ti. Y es que ya no tendría sentido. Este año es diferente porque es el 2011 y no el 2010 y eso ha supuesto un verano sin ti. Es diferente porque aunque hoy sea 28 de Agosto, en unas horas no recibiré una noticia terrible. En unas horas seguiré estudiando. Y mi día será otro más. O no. Porque, ha pasado un año, pero tu mesilla sigue intacta. Sigues vagando por mis sueños cuando te place y mi subconsciente juega a hacerme creerte viva. Y como ya dije, me sigues faltando. Ha pasado un año, pero eso no es lo peor. Lo peor es que pasarán cincuenta más. Unos se irán y otros vendrán. Ya lo dije aquí. Cada cuál se monta su historia hasta superarlo. Pasarán ochenta años más. Puede incluso que llegue el día en que la muerte no se me haga tan atroz. Tan definitiva. Tan nefasta.
Ha pasado un año. Éste de 365 días. Y lo único que puedo afirmar es que espero que pasen muchos más antes de tener que pasar por esta experiencia de nuevo. Puede que sea porque ahora soy "mayor". Más mayor, al menos. O puede que fuera porque tú eres (eras) muy especial. O puede que ambas. Yo creo que ambas. Fuiste la ausencia que me hizo ver lo terrible del asunto. Cuando alguien se va para siempre, se va para siempre. Sé que suena obvio, pero tal vez no nos damos cuenta del peso de estas palabras hasta que la vida nos obliga a vivirlas en nuestras carnes. Lo que quedara sin decir, jamás será dicho. Lo que quedó sin hacer, jamás será hecho. Todo lo que no se habló, nunca se hablará. No hay vuelta atrás, ni segundas oportunidades. Con la muerte no hay comodines, F5, jokers ni restart game que valgan. La muerte es lógica, piensa en binario, y las personas sólo somos ceros o unos. Muertos o vivos en su particular lista.
Ha pasado un año y el mundo no se ha derrumbado, la vida no ha sido más dura y nadie más ha muerto. No ha sido un mal año. Ha pasado un año. Se me ha escapado un año. Para muchos seguro que ha sido un año más. Pero te aseguro que te he recordado más de lo necesario, te he llorado más de lo permitido y te he echado de menos más de lo recomendado. Haciendo ganchillo, cantando la Coral nº8, topándome con viejos regalos que te hice o no comprando cucharas para regalarte porque ya no tendría sentido. Y es que todavía no logro creérmelo. Pienso en que te voy a decir tal o cuál cosa. En que estarás ahí en Navidad. En que haremos galletas de nata, con mantequilla para que no se nos pongan duras al día siguiente. Me dirás, como cuando era pequeña, eso de "tranquila cariño, Mamá llegará cuando menos te lo esperes". O tal vez será un "No, Tomás, deja a la niña, que está de vacaciones y no quiere leer eso ahora". Te imagino ahí, regando, durmiendo, rezando o tal vez cosiendo. Y se me hace imposible asumir que jamás volveré a verte más que en mis recuerdos. Pero eso no es lo peor. Lo peor es no saber si durarás en mi recuerdo siete días o 4 años. ¿A partir de cuándo se olvida la voz de alguien que no volverá a hablar? ¿Cuándo se pierden las lecciones enseñadas por quien se fue? ¿Ahora a quién le preguntaré lo que a ti? ¿Quién decide el tiempo que permanecen los que se fueron en nuestra memoria? ¿Cómo sabré dentro de muchos años si los recuerdos que guardo son todos o si perdí demasiados por el camino? Dime, ¿a quién le pregunto yo ahora si mis galletas de nata están listas?

lunes, 1 de agosto de 2011

Él

Estaba ciego como una tapia, pero no tan loco como los que aseguran que las tapias están sordas. Y es que las tapias, como buenas paredes, escuchan lo que se dice, conocen tus secretos y saben por quién lloras. Él no lloraba por ella, o al menos eso era lo que repetía a diario. Lo que se repetía a diario. Las paredes sabían que se estaba engañando a sí mismo, pero como son mudas no podían decírselo.
Ella no sabía eso. Ahora vivía en un rascacielos, con paredes modernas que no hablan con otras que no estén en un rascacielos. Paredes que no se dignan a transmitirle el mensaje de los muros de la casa de él.
Él lloraba los martes, porque le recordaban a ella. Los martes porque fue un martes el día que le dejó ciego. Y fue otro martes el día que le dejó de nuevo soltero. Pero no lloraba todo el rato. Solían ser lágrimas internas, de las que sólo uno ve. Lágrimas ácidas, que se acumulan en el corazón sin llegar a ser vertidas. De esas que, si no se vierten en algún hombro amigo, acabarán desbordándose en un manantial incontrolable de amargura en el momento menos pensado.
Salía a pasear, con sus Ray-Ban bien puestas. ¨Para protegerse del sol¨o más bien por si ella se colaba en sus ojos. Porque los ciegos no ven, pero sí sienten y, a su manera, pueden ¨ver¨. Ella desapareció un 3 de julio. Muy pronto, según él. Ella aseguraba que era muy tarde, que se tenía que ir.
Se conocieron como se conocen las personas, en un lugar cualquiera, fruto de una casualidad o no tan casualidad del destino. Estaban hechos el uno para el otro, según aseguraban todos sus conocidos, pero el tiempo les demostró que no era así.
Él vestía con estilo, con estilo propio. Solía ponerse pantalón y camisa, con la camisa por dentro, que su madre le había enseñado modales de pequeño. En invierno usaba jersey y abrigo. Gabardina para los días de lluvia. Y paseaba su paraguas si pensaba que iba a llover. La cartera era de cuero. Ella sigue en su cartera, y creo que pasarán unos años hasta que decida marcharse o él la saque voluntariamente.
Era castaño. Con los ojos azules. Claro que, desde ese 3 de julio pocos habían tenido ocasión de ver sus ojos. Ahora lloraba con los recuerdos con que antes solía reír. Es lo que tienen los cambios y los fines. Cambian el significado de las cosas. Cambian nuestra concepción de las cosas. Su nariz era recta, como las que se ponen los famosos que se operan en clínicas de prestigio. Y su piel solía estar tostada gracias a los largos paseos que daba con ella. No es que ahora se encerrara en su habitación, sólo se encerraba en sí mismo, pero el resultado era pasear menos, es decir, tener la piel más clara.
Siempre había querido envejecer para convertirse en uno de esos ancianos distinguidos con reloj de bolsillo y bastón. Uno de esos abuelitos entrañables que sientan en sus piernas a sus nietos y les cuentan historias que nunca olvidarán. Creyó que con ella todos esos sueños se harían realidad.
Solía tocar el piano por las mañanas, le gustaba despertar a los demás con una bonita melodía. Tenía dos hermanas y un hermano. Pero eso ya qué más da. En Navidades volvía a casa, como el turrón, trayendo consigo una sonrisa imborrable y un Panettone recién hecho. Le gustaba leer, la música y el cine. Tenía gustos corrientes, pero siempre se consideró atípico. Supongo que nos pasa a todos, ¿no?  Nos gusta saber que tenemos algo que, por pequeño que sea, nos diferencia de todos. Algo que nos hace únicos. Algo que nos asegura que no somos ni seremos sustituibles.
La mañana del accidente ella se había echado un poco más de colonia de lo que solía. Aunque, probablemente, esto no tuviera nada que ver con el camión que se les abalanzó. Iban hablando de lo que harían ese verano, cogidos de la mano como dos adolescentes enamorados.
Un trozo de metal cambió su vida. Un trozo de metal rasgó su córnea y le dejó ciego como una tapia. Un trozo de metal le separó del que, según todos, era el amor de su vida. Un trozo de metal y una serie de coincidencias que le hicieron ser la víctima de ese fatal accidente.
Ella salió ilesa. Dentro de lo que cabe. Tuvo fracturas en el cuello y perdió mucho tiempo en el hospital, pero él perdió más. Perdió la visión. Y la perdió a ella. A cambio sólo recibió algún que otro ramo de flores y dinero del seguro. Tarde, mal y nunca.
Pero no fue el accidente lo que cambió su gesto. Fue ese 3 de julio. Fue su marcha. Fue su ¨tenemos que hablar¨. Fueron sus ¨se acabó¨. Fue sentirla salir por la puerta, sin poder ver siquiera si se giró una última vez tras decir adiós.
Él estaba ciego como una tapia desde aquel día. Y loco por ella desde que la conoció. Pero su verdadera locura comenzó mucho después. El 3 de julio.

lunes, 18 de julio de 2011

Por esto mismo.

Yo no valdría para ser cómico. Ya de pequeñita me planteé qué estudiar o en qué trabajar para poder vivir del cuento. Lo primero que se me vino a la cabeza fue hacerme político. Pero me informé mejor; y ya sabía inglés y tenía EGB, así que me sobraban estudios y no me lo iban a dar. Y bueno también había otros ligeros problemillas: el tema de la corrupción, lo de tener que pisar a todos para subir, eso de devolver favores, aprender a mentir sin remordimiento alguno... En resumidas cuentas: mucho "contra" y muy poco "pro". Que sí, que ya sé que esto es muy típico, lo de meterme con los políticos, pero algo habrán hecho ¿no? Porque yo nunca me he metido con los recolectores de fresas o los inventores de cortacésped. Así que seguí pensando; yo era una chica muy testaruda y no estaba dispuesta a no encontrar trabajo.
Se me ocurrió hacerme probadora de colchones. Piénsalo: duermes en varias camas y te pagan por hacerlo. ¿No es el trabajo perfecto? Y hasta te sobra tiempo para pasarte Prince of Persia o hacer de tu ciudad una Metrópolis 2 en Sim City. Pero claro, yo tardaba mucho en dormirme. Así que lo de no tener narcolepsia me hizo tener que rechazar este trabajo también.
Pensé en ser probadora de video juegos, Juegas un ratillo cada día y luego te pagan por pasarte los juegos. Peeeeero, al parecer acabas ciego como una tapia. Y algo violento. Mi pequeño cuerpo no lo soportaría. Además supuse que le cogerías asco a los juegos por jugar obligado, por lo que acabé descartando también esta opción.
Entonces se me ocurrió hacerme cazadora de nubes. Vale, no se me ocurrió. Lo vi en un libro y me pareció un trabajo genial. Pero resulta que los cazadores de nubes está infravalorados. Con la invención del cazamariposas electrónico ya nadie los contrata. Y no voy a estudiar algo tan complicado para acabar en paro. Además las nubes se han hecho más listas, han evolucionado y ahora se deshacen cuando las vas a cazar, complicando mucho más tu labor. Y, aunque logres cazar alguna, desde que se descubrió la condensación, pocos compran nubes salvajes. Es comprensible ¿no? Pudiendo tenerlas homemade, ¿para qué comprar una que, tal vez, al crecer acaba teniendo muy mal genio y les llena la casa de tormentas?
Así que seguí pensando. Y pensando. Y pensando... ¿Pastelera? Conociéndome, seguro que acababa como un tonelillo de 1"65, y para eso siempre hay tiempo. Así que deduje que podría hacerme cómico. De esos que se suben al escenario, dicen "hola"y ya todo el público se está riendo de lo divertidos que son. Piénsalo, es un buen trabajo. Te creas una fama, caes bien y con decir un par de chorradas ya todos se ríen. Sólo piensas\se te ocurren cosas que puedan hacer gracia y tienes el resto del día libre. Es una profesión "noble" y encima de todo haces reír. Pero viendo monólogos y actuaciones de cómicos me di cuenta de un pequeño detalle: todos tienen uno, dos o veinte monólogos de temática sexual. Y por eso yo no podré ser jamás cómico. Porque no soy divertida, no hago bromas de sexo ni cuento chistes verdes y no tengo nariz aguileña o de 2x2.

lunes, 20 de junio de 2011

Cóbreme el sentido

De cuando todo cobra sentido. Y eras tú lo que impedía a la cajera ejercer su labor. O, tal vez las cosas tarden en cobrar sentido, porque a la cajera la llamó la Jessi para decirle que el novio de la Vane le ha puesto los cuernos con la Jenny. Y claro, la pobre no podía cobrarte el sentido con tanto en la cabeza. Tú te enfadabas, te tirabas de los pelos. ¡Paciencia, hombre! ¡Paciencia! ¿No ves que al final te cobrarán, antes o después? Es cuestión de tiempo. Puedes desesperarte y esperar consumiendo poco a poco tu paciencia o seguir con tus cosas tranquilamente hasta que a la cajera se le cure su mal de amores y te atienda. Porque en la cola del sentido, no te regalan un perrito caliente si tienes más de tres personas delante ni tampoco abren una cola nueva si ven que en la que tú estás hay demasiada gente. La cola del sentido lleva su ritmo. Un ritmo propio del funcionariado en algunos casos, pero siempre constante. Ya sabes, sin prisa pero sin pausa.
Lo malo es cuando tienes que recobrar un sentido. Porque claro, ya estás ligeramente agotado de esperar la cola para cobrar una vez, como para tener que volver a cobrar. Sobre todo si te toca ir a pagar en rebajas. Cuando las ideas quedan a precio de saldo. Y los sentidos varían a su voluntad.
O cuando la cajera está ausente, y la caja está cerrada. Y crees que el mundo se va a desmoronar sobre ti, porque nadie te cobra sentido. Y no hay nada que puedas hacer por evitarlo.
También hay momentos buenos, no te vayas a creer. Puede que, tratando de pagar por un sentido del pasado, encuentres una persona que venga a devolver el sentido. Y puedas irte sin comprar, porque gracias a ese encuentro casual, no tienes ningún sentido que cobrar. O puede que reencuentres viejos amigos, recuerdes y te des cuenta de que todo tenía sentido. Y te puedas ir dejando el sinsentido en caja.
Sí, en las colas del sentido pueden pasar muchas cosas. Pero ten en cuenta que salir sin pagar es robar, y si no lo haces, antes o después te cobrarán el sentido y podrás seguir viviendo en paz.

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