Albergaba sus esperanzas (de cristal) en cajones llenos de algodón. Para que no se le rompieran. Para que no se las rompieran. Para mantenerlas intactas por muy vanas que fueran. Cada domingo, cuando recordaba que había pasado una semana entera y sus esperanzas no se habían cumplido, abría los cajones y las observaba. Intactas. Como si el tiempo no pasara por ellas. Era un verdadero ejercicio de autocontrol el mero hecho de no empotrarlas contra la pared. Pero él seguía creyendo que un día se harían realidad sus sueños. Así que se limitaba a sacarlas, airearlas y quitarles el polvo. Y volverlas a guardar. Otra semana más. No llevaba la cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que tuvo que empezar a envolver sus esperanzas y empaquetar sus sueños. Había perdido la cuenta hacía muchos años. Y tenía verdadero pavor a apuntar las fechas y obligarse así a asumir el paso de los años.
También guardaba el rencor. En tarrinas herméticas, para que nadie se contagiara de este virus tan letal. Tupperware con cierre al vacío para que no escaparan los malos sentimientos. Guardaba muchas cosas. Algunos decían que tenía un principio de Síndrome de Diógenes. Él prefería verse como un acumulador de recuerda-recuerdos.
Y también guardaba los recuerdos. En su mente. Y por escrito. Temía que algún día su mente los considerara inútiles y le hiciera olvidarlos. Así que pasaba horas escribiendo cada detalle. Y acumulando. Acumulando basura, tesoros, inutilidades e ideas. Acumulando basura, según el resto del mundo. Y es que, probablemente, nuestros objetos más preciados no significan nada para todos los demás. Porque son las personas las que dan valor a los objetos. Y él daba valor a más objetos de lo 'normal'.
Guardaba las apariencias en el armario, al llegar y quitarse la careta. Con esto se evitaba que rumorearan más de lo necesario sobre sus asuntos. Los que querían tomarle por enfermo solían hablar de él a sus espaldas. 'Está loco'. 'Tiene la casa llena de basura'. 'Es un maleducado, no saluda'. Él no entendía por qué los que le insultaban por detrás podrían querer que él les saludara. Ni siquiera entendía cómo podían pretender que él les saludara. Pero 'los demás' no ocupaban demasiado tiempo sus pensamientos. Él seguía con la rutina. Con su rutina.
Soñaba con ella. Soñaba con conocerla y tener hijos. Y tener nietos. Pero todo eran sueños. Y por el momento sólo podía dedicar su tiempo a acumular historias que contar a sus nietos. A esos nietos que no conocía. Y que probablemente jamás llegaría a conocer. Pero también sobre esto procuraba no pensar.
Se dejaba asaltar por las dudas los lunes por la mañana. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Soy feliz? ¿Dónde quiero llegar? ¿En qué me he convertido? ¿Era esto lo que quería? El resto de la semana la rutina ejercía de opio para el raciocinio. Sólo quedaba espacio para pensar en la acción inmediatamente siguiente a la que se estaba realizando. Y el día a día cobraba una monotonía nada atrayente. Pero ya se había acostumbrado.
Ahora su rutina era rutina. Se había hecho a la rutina. Porque la rutina nunca se hace a uno. Y la vida le resultaba más simple. Es lo bueno de la repetición. Puede resultar monótona, aburrida, cansina, agotadora o incluso deleznable, pero es fácil de seguir. Ya no le costaba vivir. Ya no tenía problemas. Y con el fin de los problemas había llegado el fin de sus fuerzas para luchar. Ahora sólo era capaz de vivir. Sin luchar por una vida mejor. Una de las desgracias de los que se dejan aplastar por la monotonía.
Años atrás había leído 'Momo'. Y le había gustado mucho. En la inocencia de la infancia se había jurado no convertirse jamás en uno de esos adultos que se dejan robar por los hombres grises. Ahora la edad le nublaba y le impedía darse cuenta de que se había convertido en uno más. Ya no salía a pasear, ni pintaba. Ya no escribía ni leía. Tampoco quedaba más que lo sumamente necesario para no perder el contacto con los pocos allegados que le quedaban. Y aún así le seguía faltando el tiempo. Un día quiso ser basurero del tiempo, ahora invertía su tiempo en basura. Ahora su tiempo era basura. Y él, ciego de la realidad, se negaba a asumirlo.
Mi blog.
Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).
domingo, 2 de octubre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
Me voy a suicidar, no temas.
Voy a suicidarme. Bueno, a suicidar una parte de mi vida. Una parte de mi vida 2.0, la vida 1.0 es demasiado preciada como para dañarla a conciencia. Supongo que esto es una nota de suicidio. Rara, porque seguiré viva después de llevar a cabo el 'suicidio'. Pero no se me ocurre otra forma de llamar al acto de acabar con parte de tu vida 2.0. Así que lo dejo en suicidio.
Voy a 'suicidar' mi Tuenti, por una buena temporada. Porque sólo me sirve para perder el tiempo, responder mensajes. Hace ya mucho que dejé de cotillear. Quizás las vidas de mis 'tuentiamigos' se volvieron aburridas o quizás he sido yo la que ha cambiado. Ahora desde luego Tuenti se me antoja bastante aburrido. Así que no encuentro razones para continuar algo que no da satisfacciones. Tuenti lo suicido hoy.
Dentro de unos días suicidaré Fb. Hay un motivo concreto para la tardanza en darle pena de muerte a esta red, pero no viene al caso. Suicidaré Fb porque 'o todos moros o todos cristianos' y porque la gente que me quiere, sabrá dónde encontrarme.
Tumblr y G+ supongo que no les haré nada. Porque no entro a diario. Más bien una vez a la semana. Y porque son redes tranquilas, con poca gente (al menos yo tengo poca gente).
Y por último, suicidaré o pondré un tiempo en coma Tuiter. Esto es culpa de los tuiteros a los que sigo. Llegan elecciones y, sinceramente, las discusiones políticas por tuiter me cansan. Así que dejaré tuiter un tiempo. probablemente entre de vez en cuando a responder menciones. O entre si recibo notificación de privados. Que en el fondo Tuiter es mi red favorita. Pero no haré como hasta ahora, eso de leerme todos y cada uno de los tuits que publicáis. Porque yo soy de esas que leen lo que escriben todos sus 'following'.
Así que, por un tiempo, reduciré mi vida 2.0 al correo electrónico y al blog. Sí, este blog. Le tengo demasiado cariño como para dejar de venir a diario a contarme todas las tonterías que me pasan por la cabeza.
En fin, no es una noticia alarmante. Volveré a las redes por Navidad. Para felicitaros a todos y porque todo lo bueno suele volver por Navidad. Y yo no podía ser menos. Así que, probablemente, más que un suicidio es un coma inducido.
Voy a 'suicidar' mi Tuenti, por una buena temporada. Porque sólo me sirve para perder el tiempo, responder mensajes. Hace ya mucho que dejé de cotillear. Quizás las vidas de mis 'tuentiamigos' se volvieron aburridas o quizás he sido yo la que ha cambiado. Ahora desde luego Tuenti se me antoja bastante aburrido. Así que no encuentro razones para continuar algo que no da satisfacciones. Tuenti lo suicido hoy.
Dentro de unos días suicidaré Fb. Hay un motivo concreto para la tardanza en darle pena de muerte a esta red, pero no viene al caso. Suicidaré Fb porque 'o todos moros o todos cristianos' y porque la gente que me quiere, sabrá dónde encontrarme.
Tumblr y G+ supongo que no les haré nada. Porque no entro a diario. Más bien una vez a la semana. Y porque son redes tranquilas, con poca gente (al menos yo tengo poca gente).
Y por último, suicidaré o pondré un tiempo en coma Tuiter. Esto es culpa de los tuiteros a los que sigo. Llegan elecciones y, sinceramente, las discusiones políticas por tuiter me cansan. Así que dejaré tuiter un tiempo. probablemente entre de vez en cuando a responder menciones. O entre si recibo notificación de privados. Que en el fondo Tuiter es mi red favorita. Pero no haré como hasta ahora, eso de leerme todos y cada uno de los tuits que publicáis. Porque yo soy de esas que leen lo que escriben todos sus 'following'.
Así que, por un tiempo, reduciré mi vida 2.0 al correo electrónico y al blog. Sí, este blog. Le tengo demasiado cariño como para dejar de venir a diario a contarme todas las tonterías que me pasan por la cabeza.
En fin, no es una noticia alarmante. Volveré a las redes por Navidad. Para felicitaros a todos y porque todo lo bueno suele volver por Navidad. Y yo no podía ser menos. Así que, probablemente, más que un suicidio es un coma inducido.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Buenas noches, le dijo.
Entró. Había un hombre muy raro dentro, pero ya llegaba un poco tarde y no quería atrasarse más.
-Buenas noches, le dijo. Silencio. Cómo odiaba a los vecinos que no cortaban el silencio tan molesto que se forma en los ascensores. Lo volvió a intentar. -Parece que ha llovido esta noche. ¡Si es que el tiempo está loco!
-Buenas noches.
Se bajó y salió. ¡Qué maleducado y qué raro era ese tipo! Le dio un escalofrío. Quizás debía haber cogido una bufanda. Pensó en tomar un taxi, pero no merecía la pena. No iba tan tarde y así haría un poco ejercicio. Que le vendría muy bien, porque desde que María... Pero no quería pensar en eso ahora. Siguió caminando...
Volvió la esquina, ¿le seguían? No. Falsa alarma. El encapuchado del ascensor al parecer había decidido cambiar de camino. Ya llegaba 20 minutos tarde, todo por culpa de ese hombre tan raro. No era Halloween, ni fin de año ¿quién en su sano juicio podría caminar con esas pintas una noche de martes por Madrid? Sacudió la cabeza, procurando quitarse la imagen de la cabeza. Había quedado con Lucas y Juan, donde siempre. Igual que siempre. En realidad eso de ir todas las noches al mismo bar estaba empezando a cansarle. Con María nunca iba allí. Claro que, desde que María le dejó, cambió mucho su vida. De hecho, empezó a ir a ese bar para "superar" a María. ¡Como si las personas se superasen! Las personas se olvidan, o no. Pero no se superan. Lo que todos llaman superarlas es el momento en que las has olvidado. Y son otros las que te las recuerdan. Pero ya no eres tú quién las recuerda en cada detalle.
Dos manzanas más y habría llegado. Notó el móvil vibrar en el bolsillo de la gabardina. Lo cogió y lo miró. Era Juan. No le apetecía cogerlo, así que lo volvió a guardar. Ya le diría por qué llegaba tarde cuando llegase.
Oyó algo detrás. ¿Eran dos sombras lo que dibujaba esa farola? Paró en seco. Se volvió. Ahí estaba otra vez el encapuchado. Iba a tener unas palabras con ese tipo.
Se encontró cara a cara con la muerte. Le increpó y le exigió que dejara de seguirlo. Y sin dejar a la muerte explicar sus motivos, se volvió y continuó hacia el bar. Se había encontrado cara a cara con la muerte. Pero fue su rutina la que acabó con él.
-Buenas noches, le dijo. Silencio. Cómo odiaba a los vecinos que no cortaban el silencio tan molesto que se forma en los ascensores. Lo volvió a intentar. -Parece que ha llovido esta noche. ¡Si es que el tiempo está loco!
-Buenas noches.
Se bajó y salió. ¡Qué maleducado y qué raro era ese tipo! Le dio un escalofrío. Quizás debía haber cogido una bufanda. Pensó en tomar un taxi, pero no merecía la pena. No iba tan tarde y así haría un poco ejercicio. Que le vendría muy bien, porque desde que María... Pero no quería pensar en eso ahora. Siguió caminando...
Volvió la esquina, ¿le seguían? No. Falsa alarma. El encapuchado del ascensor al parecer había decidido cambiar de camino. Ya llegaba 20 minutos tarde, todo por culpa de ese hombre tan raro. No era Halloween, ni fin de año ¿quién en su sano juicio podría caminar con esas pintas una noche de martes por Madrid? Sacudió la cabeza, procurando quitarse la imagen de la cabeza. Había quedado con Lucas y Juan, donde siempre. Igual que siempre. En realidad eso de ir todas las noches al mismo bar estaba empezando a cansarle. Con María nunca iba allí. Claro que, desde que María le dejó, cambió mucho su vida. De hecho, empezó a ir a ese bar para "superar" a María. ¡Como si las personas se superasen! Las personas se olvidan, o no. Pero no se superan. Lo que todos llaman superarlas es el momento en que las has olvidado. Y son otros las que te las recuerdan. Pero ya no eres tú quién las recuerda en cada detalle.
Dos manzanas más y habría llegado. Notó el móvil vibrar en el bolsillo de la gabardina. Lo cogió y lo miró. Era Juan. No le apetecía cogerlo, así que lo volvió a guardar. Ya le diría por qué llegaba tarde cuando llegase.
Oyó algo detrás. ¿Eran dos sombras lo que dibujaba esa farola? Paró en seco. Se volvió. Ahí estaba otra vez el encapuchado. Iba a tener unas palabras con ese tipo.
Se encontró cara a cara con la muerte. Le increpó y le exigió que dejara de seguirlo. Y sin dejar a la muerte explicar sus motivos, se volvió y continuó hacia el bar. Se había encontrado cara a cara con la muerte. Pero fue su rutina la que acabó con él.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Las cosas que quiero hacer este año:
Mis propósitos para el nuevo año son: ¿Cómo? ¿Que no empieza un año? Bueno, llevo midiendo los años según al año lectivo desde que tuve conocimiento del tiempo, así que creo que puedo pasar mis "New Year Resolutions" a septiembre, que seguro que son más efectivas de cara a los estudios. Así que, ahí van:
1.- Dejar de morderme las uñas. Si tienes el gusto (¿la desgracia?) de conocerme en persona y me ves mordiéndome las uñas desde hoy, pues regáñame, pégame (sin hacer daño) o haz lo que quieras. Pero no me dejes morderlas, que quiero tener unas manos bonitas.
2.-Caminar derecha. Me lo han dicho mucho, que voy encorvada, que me va a salir chepa etc. Este verano @Arialco me lo recordó por enésima vez. Me dijo que camino como un velocirraptor, porque voy encogida y mordiéndome las uñas, así que, bueno, quiero remediarlo. Aunque he mejorado mucho gracias a no tener que llevar tantos libros a la uni, quiero ir todavía más derecha. Claro que, si dejo de morderme las uñas supongo que la postura velocirraptor se curará sola.
3.-Volver a comer sano. En la universidad he perdido la costumbre de las ensaladas y la quiero recuperar. Cinco al día.
4.-Hacer ejercicio. Todos los días un poco, ya sea caminar, montar en bici, o lo que sea. Pero algo de deporte, que no quiero terminar la carrera gorda cual tonel cervecero.
5.-Estudiar más. Iba a poner "estudiar todos los días", pero no es bueno plantearse objetivos imposibles. Así que bueno, lo dejo en estudiar más, que nunca está de menos.
6.-Ahorrar. Ahorrar mucho para que, cuando me de la vena consumista, tenga dinero. Será todo lo superficial que quieras, pero nunca sobra el dinero.
7.-Sacarme el carnet. Que ya voy bastante tarde, y no quiero llegar a los 20 sin carnet. Este es uno de los objetivos más fácilmente alcanzables así que supongo que lo conseguiré.
8.-Volver a publicar con asiduidad. Que desde junio o julio estoy dejando el blog un poco de lado (por Twitter) y no me gusta eso.
Y bueno, estos son mis propósitos a corto plazo por el momento. Probablemente con el paso del tiempo se me ocurran más.
1.- Dejar de morderme las uñas. Si tienes el gusto (¿la desgracia?) de conocerme en persona y me ves mordiéndome las uñas desde hoy, pues regáñame, pégame (sin hacer daño) o haz lo que quieras. Pero no me dejes morderlas, que quiero tener unas manos bonitas.
2.-Caminar derecha. Me lo han dicho mucho, que voy encorvada, que me va a salir chepa etc. Este verano @Arialco me lo recordó por enésima vez. Me dijo que camino como un velocirraptor, porque voy encogida y mordiéndome las uñas, así que, bueno, quiero remediarlo. Aunque he mejorado mucho gracias a no tener que llevar tantos libros a la uni, quiero ir todavía más derecha. Claro que, si dejo de morderme las uñas supongo que la postura velocirraptor se curará sola.
3.-Volver a comer sano. En la universidad he perdido la costumbre de las ensaladas y la quiero recuperar. Cinco al día.
4.-Hacer ejercicio. Todos los días un poco, ya sea caminar, montar en bici, o lo que sea. Pero algo de deporte, que no quiero terminar la carrera gorda cual tonel cervecero.
5.-Estudiar más. Iba a poner "estudiar todos los días", pero no es bueno plantearse objetivos imposibles. Así que bueno, lo dejo en estudiar más, que nunca está de menos.
6.-Ahorrar. Ahorrar mucho para que, cuando me de la vena consumista, tenga dinero. Será todo lo superficial que quieras, pero nunca sobra el dinero.
7.-Sacarme el carnet. Que ya voy bastante tarde, y no quiero llegar a los 20 sin carnet. Este es uno de los objetivos más fácilmente alcanzables así que supongo que lo conseguiré.
8.-Volver a publicar con asiduidad. Que desde junio o julio estoy dejando el blog un poco de lado (por Twitter) y no me gusta eso.
Y bueno, estos son mis propósitos a corto plazo por el momento. Probablemente con el paso del tiempo se me ocurran más.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Irónico, ¿no?
Ahora que existe Google Translate, ya no sirven los idiomas para desahogarse sin ser comprendido. Antes yo podía hablar en inglés, y muchos no me entendían. Pero ya no. Ahora todo el mundo sabe inglés, francés, alemán. Y seguro que alguien entiende lo que dices en medio de una conversación. Y ya por escrito, pues mucho peor. Porque Google lo sabe todo. Y basta con hacer copy-paste para saber que esos caracteres árabes del estado de fulanito significan "Vete a la mierda, pedazo de xxxx" y que la entrada de menganita, esa que parece élfico pero probablemente sea hebreo, pues dice que quiere mucho a fulanito y que está destrozada por haberle perdido. Pues mira, para eso escribís en español y nos ahorráis el trabajo a los lectores. Aunque, en el fondo, yo les comprendo. A mí me gustaba eso de poder decir algo y que nadie supiera lo que significaba. Te daba una especie de poder, el poder que otorgan los secretos supongo. El poder de la exclusividad, quizás.
Ahora están los que escriben en idiomas que desconocen totalmente, ya sabes, porque queda muy guay poner tu estado en ruso o en chino cuando no sabes ni decir que sí en ese idioma. Yo suelo escribir en español, que para algo soy española. Aunque a veces sí que escribo en inglés. Sólo cuando estoy pensando en inglés. Cosa que no ocurre muy a menudo. Escribo en inglés cuando recuerdo algún verbo que me guste especialmente o alguna palabra. Squeeze, por ejemplo, siempre me encantó. Y "to fall in love" tiene su punto. Y también escribo en inglés cuando veo que podré hacerme comprender mejor en este idioma.
En el fondo, lo que más me gusta es ser irónica. Adoro la ironía en todas sus versiones. Y adoro los que pillan la ironía y no me dejan tirada en medio de una conversación. Adoro la ironía porque me hace reír, me resulta ingeniosa y porque no se puede traducir. Se pilla o no se pilla. Como el humor negro, la capacidad para ser irónico y entender la ironía se tiene o no se tiene. Como los brazos (que la comparación con las piernas está ya muy vista). Y también adoro el sarcasmo y las metáforas. Y cualquier otro tipo de juego con el lenguaje. Cualquier otra transformación que haga que las palabras cobren un significado que una máquina sea incapaz de darles. Probablemente deberían inventar el Grado en Filología del Sarcasmo y la Ironía, porque muchas veces son una lengua nueva (con permiso de lingüistas y filólogos). Sobre todo deberían inventarlo para todos aquellos desafortunados incapaces de pillar una ironía. Bueno, y también por los que sufrimos a esos desgraciados.
PD: bicheando por internet me he enterado de que se creó un emoticono: (؟) para dar a entender en una conversación escrita que se está siendo irónico. Lo veo ligeramente estúpido, la gracia de la ironía está en pillarla sin que te digan que es ironía. Pero, en fin, así va el mundo. (؟)
Ahora están los que escriben en idiomas que desconocen totalmente, ya sabes, porque queda muy guay poner tu estado en ruso o en chino cuando no sabes ni decir que sí en ese idioma. Yo suelo escribir en español, que para algo soy española. Aunque a veces sí que escribo en inglés. Sólo cuando estoy pensando en inglés. Cosa que no ocurre muy a menudo. Escribo en inglés cuando recuerdo algún verbo que me guste especialmente o alguna palabra. Squeeze, por ejemplo, siempre me encantó. Y "to fall in love" tiene su punto. Y también escribo en inglés cuando veo que podré hacerme comprender mejor en este idioma.
En el fondo, lo que más me gusta es ser irónica. Adoro la ironía en todas sus versiones. Y adoro los que pillan la ironía y no me dejan tirada en medio de una conversación. Adoro la ironía porque me hace reír, me resulta ingeniosa y porque no se puede traducir. Se pilla o no se pilla. Como el humor negro, la capacidad para ser irónico y entender la ironía se tiene o no se tiene. Como los brazos (que la comparación con las piernas está ya muy vista). Y también adoro el sarcasmo y las metáforas. Y cualquier otro tipo de juego con el lenguaje. Cualquier otra transformación que haga que las palabras cobren un significado que una máquina sea incapaz de darles. Probablemente deberían inventar el Grado en Filología del Sarcasmo y la Ironía, porque muchas veces son una lengua nueva (con permiso de lingüistas y filólogos). Sobre todo deberían inventarlo para todos aquellos desafortunados incapaces de pillar una ironía. Bueno, y también por los que sufrimos a esos desgraciados.
PD: bicheando por internet me he enterado de que se creó un emoticono: (؟) para dar a entender en una conversación escrita que se está siendo irónico. Lo veo ligeramente estúpido, la gracia de la ironía está en pillarla sin que te digan que es ironía. Pero, en fin, así va el mundo. (؟)
jueves, 15 de septiembre de 2011
Se puso tacones,
Se puso tacones, para colocarse unos centímetros más lejos de la realidad. Se puso sus tacones favoritos, los más altos, los que jamás le hicieron daño. Esos con los que sentía que las cosas irían a mejor. No se puso gafas, ese día no tenía necesidad de recordar todos los detalles. De hecho, teniendo en cuenta el día que la esperaba, ir sin gafas era la mejor elección que había tomado. Así los recuerdos se tornaban borrosos más rápidamente y el tiempo traía el olvido antes.
Se puso unos vaqueros ya algo viejos y su mejor camiseta. Claro que su imagen no era lo importante. Salió de casa. Había olvidado los cascos. Quería echarse a llorar, pero se había maquillado explícitamente para que su coquetería le impidiera entrar en crisis. Todo por no llevar un Rímmel corrido. Muchos la habían tachado de frívola cuando explicaba sus razones, pero es que cuando de ese tema se trataba, sus lágrimas sólo decidían quedarse en casa si se había esmerado mucho con el maquillaje. Volvió a casa y recuperó el mp3. Sabía que sin música el día sería mucho peor, así que probablemente mereciera la pena llegar un poco tarde.
Salió a la calle vestida como una más. Una más de las muchas que viven evitando su vida. Que le dan esquinazo a la realidad cada vez que pueden. De las que viven por obligación y sueñan con otra realidad que no es la suya. Pero sin decidirse a hacer algo por enmendar sus vidas. Quería cambiar las cosas, eso lo tenía claro desde hacía ya casi un año, pero no sabía cómo. O más bien le daba miedo el cambio. Le daba miedo tomar las riendas de su vida y no poder culpar a nadie si las cosas salían mal.
Llegó, por fin, algo acalorada y con el pelo desmejorado. Se atusó las puntas y reorganizó los mechones más rebeldes. Y entró. Gritos. Otra vez quería echarse a llorar. Pero sabía que no debía. De hecho sabía que no podía. Aguantó el tipo, o más bien aguantó al tipo hasta que su turno terminó. Hasta que su vaso de aguante personal le amenazó con desbordar. Entonces caminó hasta ellos, les despidió con la mejor sonrisa de que fue capaz, y se encaminó a la puerta. Se puso cascos para no escuchar los gritos que a su alrededor se vertían. Para evadirse de una realidad poco placentera. De su realidad.
Y volvió a casa. En el mismo metro, la misma distancia, misma dirección, sentido contrario. Como las fuerzas del principio acción-reacción. Era la primera vez que pensaba en eso. Sus viajes siempre eran vectores opuestos y probablemente por eso su vida no llegaba a ningún destino. Sonrió. Se acordó de él y de lo mucho que le habría gustado oír su última reflexión. Él siempre entendía su humor. Bueno, ya no. Torció el gesto cediendo a una sonrisa amarga y zarandeó la cabeza en un intento fallido de sacarle de su mente. Hoy no era un buen día para acordarse de él.
Llegó a su parada, por fin y bajó. Caminó hasta casa, inmersa en pensamientos sin importancia. Pensamientos de los que llenan la mente y la ocupan e impiden pensar en lo verdaderamente importante. Pensamientos creados por el subconsciente para protegernos de los recuerdos más dolorosos o de pensar en un futuro que se augura más bien negro. Entró y, por fin, cerró la puerta consigo dentro. Apoyó su espalda en la puerta y lanzó un suspiro. No había nadie para escucharla, pero lo había visto en muchas películas y le gustaba imitarlas para que su vida no pareciera tan caótica. Ojalá las barreras físicas también lograran contener la mente. Ojalá los sentimientos fueran tan fáciles de bloquear.
Se puso unos vaqueros ya algo viejos y su mejor camiseta. Claro que su imagen no era lo importante. Salió de casa. Había olvidado los cascos. Quería echarse a llorar, pero se había maquillado explícitamente para que su coquetería le impidiera entrar en crisis. Todo por no llevar un Rímmel corrido. Muchos la habían tachado de frívola cuando explicaba sus razones, pero es que cuando de ese tema se trataba, sus lágrimas sólo decidían quedarse en casa si se había esmerado mucho con el maquillaje. Volvió a casa y recuperó el mp3. Sabía que sin música el día sería mucho peor, así que probablemente mereciera la pena llegar un poco tarde.
Salió a la calle vestida como una más. Una más de las muchas que viven evitando su vida. Que le dan esquinazo a la realidad cada vez que pueden. De las que viven por obligación y sueñan con otra realidad que no es la suya. Pero sin decidirse a hacer algo por enmendar sus vidas. Quería cambiar las cosas, eso lo tenía claro desde hacía ya casi un año, pero no sabía cómo. O más bien le daba miedo el cambio. Le daba miedo tomar las riendas de su vida y no poder culpar a nadie si las cosas salían mal.
Llegó, por fin, algo acalorada y con el pelo desmejorado. Se atusó las puntas y reorganizó los mechones más rebeldes. Y entró. Gritos. Otra vez quería echarse a llorar. Pero sabía que no debía. De hecho sabía que no podía. Aguantó el tipo, o más bien aguantó al tipo hasta que su turno terminó. Hasta que su vaso de aguante personal le amenazó con desbordar. Entonces caminó hasta ellos, les despidió con la mejor sonrisa de que fue capaz, y se encaminó a la puerta. Se puso cascos para no escuchar los gritos que a su alrededor se vertían. Para evadirse de una realidad poco placentera. De su realidad.
Y volvió a casa. En el mismo metro, la misma distancia, misma dirección, sentido contrario. Como las fuerzas del principio acción-reacción. Era la primera vez que pensaba en eso. Sus viajes siempre eran vectores opuestos y probablemente por eso su vida no llegaba a ningún destino. Sonrió. Se acordó de él y de lo mucho que le habría gustado oír su última reflexión. Él siempre entendía su humor. Bueno, ya no. Torció el gesto cediendo a una sonrisa amarga y zarandeó la cabeza en un intento fallido de sacarle de su mente. Hoy no era un buen día para acordarse de él.
Llegó a su parada, por fin y bajó. Caminó hasta casa, inmersa en pensamientos sin importancia. Pensamientos de los que llenan la mente y la ocupan e impiden pensar en lo verdaderamente importante. Pensamientos creados por el subconsciente para protegernos de los recuerdos más dolorosos o de pensar en un futuro que se augura más bien negro. Entró y, por fin, cerró la puerta consigo dentro. Apoyó su espalda en la puerta y lanzó un suspiro. No había nadie para escucharla, pero lo había visto en muchas películas y le gustaba imitarlas para que su vida no pareciera tan caótica. Ojalá las barreras físicas también lograran contener la mente. Ojalá los sentimientos fueran tan fáciles de bloquear.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Los quarterbacks y animadoras del blog:
-
Hay tres formas de transmitir calor: por conducción, por convicción y por radiación. Te las explico:
-
¡Lo que hay de prodigio en los Tigger, es lo prodigiosos que son! ¡De goma son sus cabezas! ¡Sus colas de resorte son! ¡Y bailan, b...
-
Ya había escrito antes algunos trucos para ser una chica dura. Aquí los continuaré en un capítulo especialmente dedicado a contener las l...
-
No sé si son los exámenes o el hecho de llamarme Cris y que desde pequeña muchos me llamaran Crispi, Crispis o derivados; el hecho es que úl...
-
Ha conseguido que una canción que antes me recordaba a otro ahora me recuerde a él. Y luego dicen que la magia no existe. — ¡Una prosopo...
-
Elegí estudiar ingeniería para poder decir que suspendí 5 asignaturas y que la gente no me crea tonta, sino que lo consideren todo un logro ...
-
Hace tres años y medio que no escribo. Mentira, escribo, pero ya no escribo, escribo. No sé si me explico. Hace tres años (eso sí) que no en...
-
A friend asks only for your time not your avocados. Change can hurt, but rotten avocados hurt more. If you refuse to accept anything but a...