-¿Y qué hiciste?
-Lo negué todo. Le dije que no, que habría oído mal...
-Pero, ¡si te encanta! No paras de hablar de él y cada vez que alguien te lo menciona se te escapa una sonrisita boba. ¡Te gusta mucho! Y tú a él también le gustas. No hay más que verle mirarte.
-Ya, por eso mismo. Mejor que no lo sepa jamás. No vaya a ser que lo sepa y acabemos juntos y seamos felices. Jamás podría soportar eso.
¿Así funciona normalmente no?
ResponderEliminarHay miedo a que salga mal, pero también a que salga bien. Es tan contradictorio.
No son pocos los casos de miedo a la felicidad con que me he topado. ¡Oh, no! ¡Tendremos un 'happily ever after'! ¡Qué desgracia! Y los ves no aferrarse a la oportunidad por miedo a... ¿la felicidad?
EliminarTampoco lo veo tan catastrófico, cada uno se elige su vida más o menos, si ninguno de los dos se atreve a intentarlo, ninguno puede reprochar nada al otro.
EliminarNo creo que sea miedo a la felicidad en sí, sino más bien a que la felicidad no sea perfecta (como en cierta peli que has visto hace poco) o a darse cuenta de que, después de todo, era un enamoramiento tonto que no funcionaría y prefieren quedarse con la duda de si al intentarlo habría funcionado o no.
Qué bonito escribes :)
ResponderEliminarUn poco pasteloso últimamente, pero me alegro de que te guste :)
ResponderEliminar