Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

martes, 31 de diciembre de 2013

El chico del abrigo verde.

Me he enamorado de una voz por su timbre y, sobre todo, por las cosas que decía.

El chico del abrigo verde llevaba unos auriculares verde pistacho y un iPhone 5S blanco, metido en una funda verde pistacho. Su abrigo, verde pistacho también. Me lo había cruzado antes en la "Apple Store", y ahora volvía a encontrarle en la parada de autobús.

Su voz, suave. Sus palabras, aún más suaves. Le contaba a su amigo que había preparado unas canciones en el piano para tocarlas esta noche a su familia, pero estaba un poco verde y las llevaba regular. Iban a quedar el jueves, por ejemplo, que hacía mucho tiempo que no se veían y, aunque estaba muy liado con exámenes y clases, ahora que tenía más tiempo le apetecía verle.

Habían comprado una nueva yegua en la organización en la que era voluntario. Mimosa estaba ya muy vieja y a veces daba problemas con los niños, no caminaba o se enfadaba y daba coces. No puedes subir ahí a niños. ¿Le apetecería a su amigo hacerse también voluntario de su organización? Como él (el amigo) tenía experiencia con este tipo de niños... Trataban autistas, sobre todo. ¿Deficiencias motricces? Sí, algunos también tenían deficiencias motrices.

Es que, entre una cosa y otra, hacía un montón que no se veían. Es normal, está muy ocupado entre las clases, el piano, el voluntariado... Pero bueno, ahora acababan de cambiarle el teléfono por uno nuevo y ya había recuperado toda la información. Así que, hasta el jueves, ¿no? ¡Adiós!

¡Ahí va! ¡Hola, Paloma! ¿Cómo estás? ¿Nos vemos mañana? Es que, como se lo dijo el jueves pasado, lo mismo ella ya no quería quedar, o se le había olvidado. Pero tendría que ser tarde, sobre las 8 o así, porque venía su familia y quería estar con ellos también. ¿Sus bombones? Sí, esperaba que estuvieran bien los bombones que le hizo. Mañana se los llevaría. Como el padre de un amigo es hostelero, le enseñó a hacerlos. Pero le costó bastante, se pasó unas 3 horas. Esperaba que merecieran la pena. Que no supieran mal por llevar casi una semana hechos. Sí, mañana se veían. ¡Hasta entonces!

Ya no habló más, nadie le llamó, no llamó a nadie. Se bajó pronto. En el autobús la gente seguía haciendo sumatorios de personas: 4 de Pilar, 4 de Rosa, 5 de Felipe, más la madre... Hacía frío fuera y probablemente ya ni se acuerde de la chica a la que dejó pasar. Pero no todos los días se escucha la conversación de un extraño hasta sentir que lo conoces bien.


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