Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

jueves, 10 de septiembre de 2015

Le odio.

Odio el cáncer. Lo odio irracionalmente, con todo mi ser. Lo odio cada vez que alguien lo menciona, lo odio aún más cada vez que alguien lo tiene y le juro que me vengaré cada vez que se lleva a alguien. 

Odio el cáncer y sé que no tiene ningún sentido. Él, como ser, no es. Él no es, y desde su inexistencia yo ya le odio. Le odio. Le odio. Le odio. 

Le odio porque siempre se lleva a los mejores. Le odio porque nunca se va, siempre se queda. Y reaparece antes o después. Le odio desde que te llevó a ti y me mata cada vez que recuerdo a todos a los que hizo suyos. 

Le odio porque os mata, y, matándoos, me mata. Le odio porque cuando aparece en una conversación dan igual los "vas a salir adelante, todo va a estar bien, vamos a curarte". Porque en el fondo sabes que es una batalla perdida desde el comienzo. 

Una batalla en la que tu única victoria serán, como mucho, unos años más. Unos meses más. Dame, al menos, unos meses más. Para poder decir adiós. Para poder decir que el mundo no va a ser el mismo aunque nadie dé días de luto por ti ni se guarden minutos de silencio en todas partes. Porque mi mundo, al menos, nunca será el mismo. Dame. Al menos. Unos. Meses. Más. 

Le odio cuando se lleva a los que quiero sin dejarme tiempo para reaccionar. Y le odio aún más cuando me hace creer que se ha ido para siempre y recupero la esperanza, sólo para que luego reaparezca más fuerte que nunca y lo haga todo peor que al comienzo. 

Odio al cáncer y tiemblo cada vez que alguien menciona a la metástasis. Los odio, los temo, los odio, los temo. A partes iguales. 

Odio que se lleven siempre a los que menos lo merecen. A los que más necesito. A los que más echaremos de menos. A los que menos debería llevarse. Odio que te haya llevado y odio que se la vaya a llevar a ella. 

Odio que a partir de su víctima n, la mera mención de su nombre me haga perder las esperanzas. Porque en mi mente cáncer significa fin. Porque por qué existe algo tan terrible como el cáncer. 

Odio al cáncer. Lo odio. Lo odio. Te odio. Pero, por favor, no te lleves a nadie más. 

lunes, 3 de agosto de 2015

Ausencia.

Es por la noche, con el silencio, cuando más acusada se hace la ausencia.

Me duele una ausencia: me han quitado una muela del juicio y así no hay quién exista. Se han llevado una parte de mí y todo duele. ¿Son acaso los dentistas, cuando te arrancan una muela, una sangrienta metáfora de lo doloroso que puede ser perder a alguien?

Nunca supe cuánto podía doler una ausencia hasta que la sufrí. Pero, tranqui, tronco. Que todos sobrevivimos al final. Salvo los que no, pero ellos también sobreviven a su manera, pues dejan de sufrir.

Es por la noche, con el silencio, cuando más acusada se hace tu ausencia. Y yo sé que esta vez la ausencia es buena. Es una buena ausencia porque tiene una fecha de fin claramente epecificada antes de su comienzo. "Consumir esta ausencia preferiblemente antes del tal del tal" (El año no lo dicen porque se sobre entiende).

Es una ausencia buena, pero duele. Y es en el silencio cuando más duele. Pues, ¿cómo va a doler mientras la cabeza piensa en números, resuelve sudokus, toma nota de qué alimentos hay que comprar el sábado o ve una serie de televisión de las que apagan las neuronas un ratito? En el silencio, los pensamientos reverberan. Pero al revés, de poco a mucho. Como pasando el tiempo de atrás alante. "Enos.. Menos... De menos.. O de menos... Echo de menos... Te echo de menos... TE ECHO DE MENOS".

Y así es imposible concentrarse.

Lo peor de las ausencias, es que siempre me recuerdan a otras ausencias. Como dichas de dominó. Una ausencia "feliz" puede provocarte una soledad no tan feliz, que te recuerde otras ausencias desde luego no felices.

Y pensar en ausencia recuerda otra ausencia que te hace recordar otra ausencia que entristece y evoca otra ausencia que...

Y lo peor de las ausencias es que una vez que alguien se va, salvo que vuelva y su ausencia haya sido "buena", siempre recordarás su ausencia y las sensaciones que te produjo.

Pero yo venía hoy aquí a hablar de mi libro, a contarte que hace mucho que no escribo aquí, pero que ahora dibujo, que probablemente me caigas bien si estás leyendo esto y que pronto terminaré de estudiar y entonces ¿qué rumbo le daré a mi vida? Venía a contarte todo eso, porque que te echo de menos tú ya lo sabes.

(Dedicado con especial cariño a la primera muela del juicio que me fue extraída. Ojalá las demás quieran quedarse y no me hagan llorar con su ausencia).



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