Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

martes, 28 de junio de 2011

En un McDonalds cualquiera...

-Buenos días, ¿qué quieres?
-Sí, un Happy Meal con McNuggets, happy zanahoria, agua y un Danonino.
-¿Qué patatas has dicho?
-Happy Zanahoria, las que vienen con queso.
-Vale. ¿Te voy cobrando?
-Sí, toma.
-Bueno, toma las vueltas.
...
-Perdona, ¿me has puesto ketchup?
-Sí. Una bolsita.
-¿Me puedes poner más?
-Sí, pero tendría que cobrártelas.
-Bueno entonces nada...
-Pero te puedo poner salsa.
-¡Vale! ¿Qué salsas hay?
-Tenemos BBQ,  agridulce, la normal. O te puedo poner dos bolsitas de ketchup.
-Mmm, vale. El ketchup entonces.
.Eso sí lo puedo hacer.
-Claro... (esta tía es tonta). Muchas gracias.

Este tipo de cosas que sólo pueden pasar en un McDonalds.

sábado, 25 de junio de 2011

Apuñalada

-¿La viste ayer? ¿Qué tal está?
-Él se portó fatal. Y ella... bueno, se está recuperando de sus puñaladas.
-¡¿CÓMO?! ¡¿La apuñaló?! ¡Tiene que denunciarle!
-No puede. Al parecer es legal apuñalar con palabras.

lunes, 20 de junio de 2011

Cóbreme el sentido

De cuando todo cobra sentido. Y eras tú lo que impedía a la cajera ejercer su labor. O, tal vez las cosas tarden en cobrar sentido, porque a la cajera la llamó la Jessi para decirle que el novio de la Vane le ha puesto los cuernos con la Jenny. Y claro, la pobre no podía cobrarte el sentido con tanto en la cabeza. Tú te enfadabas, te tirabas de los pelos. ¡Paciencia, hombre! ¡Paciencia! ¿No ves que al final te cobrarán, antes o después? Es cuestión de tiempo. Puedes desesperarte y esperar consumiendo poco a poco tu paciencia o seguir con tus cosas tranquilamente hasta que a la cajera se le cure su mal de amores y te atienda. Porque en la cola del sentido, no te regalan un perrito caliente si tienes más de tres personas delante ni tampoco abren una cola nueva si ven que en la que tú estás hay demasiada gente. La cola del sentido lleva su ritmo. Un ritmo propio del funcionariado en algunos casos, pero siempre constante. Ya sabes, sin prisa pero sin pausa.
Lo malo es cuando tienes que recobrar un sentido. Porque claro, ya estás ligeramente agotado de esperar la cola para cobrar una vez, como para tener que volver a cobrar. Sobre todo si te toca ir a pagar en rebajas. Cuando las ideas quedan a precio de saldo. Y los sentidos varían a su voluntad.
O cuando la cajera está ausente, y la caja está cerrada. Y crees que el mundo se va a desmoronar sobre ti, porque nadie te cobra sentido. Y no hay nada que puedas hacer por evitarlo.
También hay momentos buenos, no te vayas a creer. Puede que, tratando de pagar por un sentido del pasado, encuentres una persona que venga a devolver el sentido. Y puedas irte sin comprar, porque gracias a ese encuentro casual, no tienes ningún sentido que cobrar. O puede que reencuentres viejos amigos, recuerdes y te des cuenta de que todo tenía sentido. Y te puedas ir dejando el sinsentido en caja.
Sí, en las colas del sentido pueden pasar muchas cosas. Pero ten en cuenta que salir sin pagar es robar, y si no lo haces, antes o después te cobrarán el sentido y podrás seguir viviendo en paz.

viernes, 17 de junio de 2011

Mi entropía.

Mejor que no conozcas nunca mi interior. Demasiada entropía, mucha idea mal guardada en memoria. Libros, canciones, recetas y sentimientos amontonados sin ton ni son. Ni siquiera los recuerdos cuentan con una estantería organizada. No, no. Mejor quédate con la coraza, que ordenarme por dentro es demasiado esfuerzo.
Además, ahora llega el verano, las moléculas se agitan, aumenta el desorden. Y con ello mi caos interno alcanza valores insospechados. Tal vez en invierno, o si llegamos algún día a 0K, logre bajar mis niveles de entropía y ofrezca un aspecto más presentable. Tal vez entonces te deje pasar y cotillear entre los estantes de mi cerebro tanto como quieras. Pero ahora no, que tengo la cabeza manga por hombro.

jueves, 16 de junio de 2011

Cuestión de química

No sé cómo podías pretender que siguiéramos juntos. Existe una cosa llamada energía de enlace. Te explico, se trata de la energía que hay que invertir para separar una pareja. Pues bien, la nuestra era negativa. O sea, que el esfuerzo requerido era para mantenernos juntos, no para separarnos. ¡Estábamos ya separados!
Y es que, tú siempre dices que me conoces, que sabes mucho de mí. ¡Qué casualidad que nunca me encuentres! ¿No será que me conoces tan "bien" que buscas en los nodos de mi función de probabilidad? Es probable, más que probable. Seguro que no tienes ni idea. Tienes una concepción errónea de mí. Me confundes con otra, pero yo tengo clara mi configuración electrónica, y sé cómo soy. Nada me cambiará, sólo cambiaré yo si algún día decido alcanzar la configuración de pseudo gas noble.
¡Pobre de ti! Debiste comprender que lo nuestro no tenía futuro cuando medimos la energía de enlace. Pero te dio igual. No te importaba el enlace, sólo permanecer juntos. A veces las cosas hay que dejarlas marchar. ¡Compréndelo! ¡Él es un gas noble, y tú sólo una Tierra Rara! ¿Cómo podías pretender que lo nuestro funcionara? Ni por enlace covalente ni por metálico. No teníamos futuro.
Y mira que busqué la solución ideal. Y encontré muchas. Me dijeron que: H2Oà2H+O era la mejor opción. Así que nos sumergí en ella. Pero ni por esas. Tengo que decir que lo de las soluciones ideales es una farsa. Se anuncian como el líquido que resolverá todos tus problemas, y luego por mucho que las uses no hacen nada. Probé a bañarnos en agua, a untarnos agua, a bebernos agua. Nada. Ahora que lo pienso, llamaré a la Teletienda, les amenazaré con denunciar por publicidad engañosa si no me devuelven mi dinero. ¡Pagué por una solución ideal y mis problemas no se disolvieron!
Pero nosotros sí. Nos disolvimos. No quedaba otra. Podíamos haber sido un perfecto enlace covalente. Pero éramos demasiado diferentes. Siempre fuimos un minúsculo iónico más. Tú tan negativo, yo tan positiva. No quedaba otra forma de enlazarnos. Quizás ahí debimos darnos cuenta de que agua y aceite nunca serán una mezcla homogénea. Darnos cuenta de que los polos opuestos se atraen, pero sus uniones no son longevas. Pero supongo que la atracción nos pudo. ¿Qué pueden hacer dos moléculas frente a la inmensidad de una fuerza intermolecular como esa?
Así que comenzamos una unión que desde el principio no tenía ningún futuro. En los enlaces iónicos como el nuestro, uno se queda con todo, y el otro da todo. Uno hace todo el esfuerzo y el otro se limita a dejarse querer. No puedo asegurar quién fue el donador de la relación, lo que sí puedo decir es que, desde luego, yo soy más catión que tú. Tan negativo, tan pesimista, tan anión, tan tú.
De manera que, ahora que por fin hemos logrado vencer la fuerza de atracción; ahora que, por fin, hemos dejado marchar y hemos permitido a la energía de enlace asumir valores normales, podemos seguir viviendo. Tú formando iones con otros cationes con más aguante. Y yo, por mi cuenta, buscando una molécula que me soporte a mí y a mis electrones de menos. Sólo espero llegar algún día a formar un enlace covalente duradero.

lunes, 13 de junio de 2011

Ella era una de estas mujeres que...

Ella era una de esas mujeres que pueden ir sin maquillaje por la calle. Una de estas mujeres que el mundo espera ver sin maquillar a diario. No sé si esto se nace o se crece, probablemente un poco de ambas. Cuando la conocí yo era muy pequeña, y no la recuerdo en aquel momento. Seguramente ni entonces llevaba maquillaje. Unos años más tarde la volví a ver. Nos encontramos en una red social. Ella seguía sin llevar maquillaje. Yo ese día tampoco. Tenía los pómulos marcados, los párpados visibles. Unos dientes grandes y una sonrisa especial. El pelo a lo "boy", que por algo la gente espera verla sin maquillar. Sus ideales tampoco estaban maquillados. Creía saber lo que defendía, aunque en el fondo estaba muy equivocada. Gritaba a todos y criticaba todo. Quería cambiar el mundo. Sus ojos, avellanados, sólo reflejaban una inocencia infinita. No había vivido mucho. De hecho, le quedaba todo por vivir. Ella era una de esas mujeres que pueden ir sin maquillaje por la calle, las que visten ropas de colores y combinan los complementos de una manera diferente cada día. Estudiaba políticas, no creo que ninguna otra carrera le hubiera quedado bien. Iba a clase, o tal vez no. Cuando su dedo gordo le dolía sabía que iba a llover. Llevaba gafas los jueves y viernes, para ver con mejores ojos la vida y terminar feliz la semana. Solía decir que le gustaba la naturalidad, aunque acabó por confesar que su aspecto era el fruto de una hora frente al espejo cada mañana. Y eso sin maquillar. Su primer novio era idéntico a ella. Solían debatir contra otros, unidos por sus ideales. Ella era una de esas mujeres que pueden ir sin maquillaje por la calle, y por eso acabó dejando a su novio, que no le combinaba con el calzado. Vivió aquí y allí, más tiempo allí que aquí. Pero siempre terminaba volviendo, al fin y al cabo había nacido aquí. A sus padres los veía de Ramos a Pascuas, o de Pascuas a Ramos, según el año. Encontró un trabajo, pero lo dejó. Quería libertad. Quería naturalidad. Se fue de viaje. Sin dinero. A conocer el mundo y experimentarlo en sus carnes. Y volvió con menos carnes, pero la mirada cambiada. Ya no era esa fuente infinita de inocencia. Ya no era pura. Había vivido mucho. Había conocido mucho. Sabía demasiado. Ahora su mirada era la de un adulto. Y es que, probablemente, ella también era ya adulta. No sé qué será de ella ahora, me dijeron que volvió al trabajo. Empezó a maquillarse. Dejó las ropas anchas y los accesorios. Se casó con su novio, un nuevo novio, más acorde con su nuevo yo. Supongo que acabará teniendo hijos, es lo normal. Seguro que alguna de sus hijas acaba siendo como ella de joven. Seguro que alguna de sus hijas le saca una sonrisa al crecer, y recordarle lo que ella fue y ya no es. Ella era una de estas mujeres que pueden ir sin maquillaje por la calle. Pero decidió dejar de serlo.

sábado, 11 de junio de 2011

Ser como yo.

Ser como yo es muy fácil. Sólo necesitas un espermatozoide de mi padre, un óvulo de mi madre. Unirlos y crear un bebé. Que crezca dentro de mi madre en la misma época que yo. Y cuando nazca, sólo tendrás que hacerle vivir las mismas experiencias, tener los mismos problemas, los mismos amigos. Viajar a los mismos sitios y comer las mismas cosas. Conocer las mismas personas y presenciar los mismos acontecimientos. Escuchar las mismas canciones, dibujar con los mismos lápices y aprender a montar en bici a mi misma edad. Vestirse con mi ropa y tocar los mismos instrumentos. Tener la misma familia y vivir en la misma casa. Y así hasta hoy. Entonces tendrás otra como yo. No es tan difícil, ¿no?

Y no hay más.

Hay comentarios que hacen más ilusión que otros. Hay llamadas que paran el corazón más tiempo que otras. Hay estados que agitan más las entrañas que otros. Hay palabras cuyo sonido nos hace palpitar más que otras.
Hay personas que hacen más ilusión que otras. Personas por las que sentimos debilidad. Personas por las que haríamos cualquier cosa. Personas a las que haríamos cualquier favor, a las 3 am en invierno en Berlín o a las 4 pm bajo el sol veraniego de Sevilla. Personas cuya mera presencia te ilumina el rostro. Personas cuya sonrisa vale haber tardado más de lo normal en contestar. Personas cuya compañía logra sacarnos las sonrisas más verdaderas. Personas cuyos consejos siempre tendrán más peso que los vertidos por otros. Personas cuyas ideas siempre nos parecerán mejores. Personas cuyos enfados duelen más. Personas cuyas reprimendas enderezarán nuestro carácter mucho antes. Personas que siempre serán nuestras favoritas, nuestros modelos a seguir. Personas con una Suite Royal permanentemente reservada a su nombre en nuestro corazón. Personas a las que perdonaríamos todo. Y no hay más.

viernes, 10 de junio de 2011

Compréndelo...

Compréndelo, él es un gas noble. Tú sólo una Tierra Rara.
Compréndelo, tú podrás ser más noble que el Argón, pero él escasea: es una Tierra Rara.

Porque para gustos los colores. Lo que para unos no sirve, por otros es deseado.

jueves, 9 de junio de 2011

Ausencias varias

Temes las ausencias y creo que eso es un problema. Mi profesor de física siempre decía que no existe el frío. El frío es sólo la ausencia de calor. Pero no existe por sí mismo, porque no es sino el contrario de otro. Y tú, temes al frío. Como si matara. Como si fuera nocivo. No hablo de un frío Siberiano, sólo una brisa fresca, cero grados tal vez. ¿Menos cinco? Puede, todo muy superable. Pero tú lo temes. Igual que temes la ausencia de luz. ¡Alma de cántaro! ¿No ves que la oscuridad no supone nada? Todo lo que había antes, sigue igual. Que tú no lo veas no quiere decir que no esté o que haya cambiado.
Nunca entendí que, cada vez que se fuera la luz gritaras. ¿Nunca has estado a oscuras? ¿No eres capaz de darles tres minutos a tus ojos para hacerse al ambiente? Tranquilo, por estar a oscuras no va a venir nadie con una katana a matarte. La oscuridad por sí misma sólo es ausencia de luz. No involucra la aparición de monstruos ni de asesinos. ¡Que ya tienes una edad! Cuando eres niño tiene hasta gracia el miedo a la oscuridad. Pero, ¡por favor! ¡eres mayor de edad! ¿Para cuándo superarás estas fobias absurdas?
Temes las ausencias. Por eso eres incapaz de ir a ningún sitio sin acompañante. La compañía es agradable, pero la ausencia de compañía no es intolerable. De hecho hay situaciones en las que se está mejor solo. Pero claro, tú siempre temes todas las ausencias.
Entiendo que temas la muerte. Supongo que más que temor se trata de desconocimiento. El famoso miedo a lo desconocido. O quizás lo que temes de la "ausencia de vida" es la irreversibilidad. O tal vez que es inevitable. Ese miedo lo entiendo.
Pero, todos tus demás temores me son extraños. No temas las ausencias. Te prometo que nadie te hará más daño por estar a oscuras. Que no tendrás peor salud por vivir en un clima más frío. Te prometo que no acabarás solo para siempre por pasar tiempo en la compañía de tu soledad. Te prometo que las ausencias no hay que temerlas.

miércoles, 8 de junio de 2011

Historias de un autobús

martes, 7 de junio de 2011

Principio Cero de la Termodinámica.

Siempre pienso que por el hecho de que yo me lleve bien con dos personas, esas dos personas se tendrían que llevar bien entre ellas si se conocieran. No, Cristina. El Principio Cero de la termodinámica, al parecer, no es aplicable a las relaciones personales, sólo al equilibrio térmico.

PD: para los que desconozcan el famosísimo Principio Cero de la Termodinámica, yo se lo explico. Dice así: "Si dos elementos están en equilibrio térmico con un tercero, también estarán en equilibrio térmico entre sí".

domingo, 5 de junio de 2011

Tacos con guacamole

Nunca me ha gustado decir tacos. Porque lo considero una estupidez. ¿En serio te vas a sentir mejor por decir cuatro palabras malsonantes? Yo de pequeñita, es lo que tiene la inocencia de la edad, usaba cuatro insultos que consideraba de lo más fuertes. Chanclo, cobango, lolo y gallego. No preguntes por qué, porque no tiene sentido alguno. Supongo que me los inventaría o me pensaría que con eso estaba insultando muy, muy fuerte a alguien. Así que, cuando me enfadaba, no veía otra opción que llamarle chanclo al que me hubiera molestado. Por supuesto esto divertía mucho a los "mayores" de manera que nadie me dijo nunca que gallego no era un insulto sino una "nacionalidad" (sin herir sensibilidades, nacionalidad o, más bien, "comunidad autonomidad") o que chanclo en todo caso sería el macho de la chancla. Crecí con esta costumbre. Y cuando me enteré de que mis insultos no eran insultos para nadie más, me di cuenta de que no eran necesarios. No te sentirás peor por decir ¡Aceitedeoliva! en vez de ¡Joder! o ¡heladodefresa! en lugar de yo que sé qué. ¿Sabes? Es todo psicológico. Si te hubieran inculcado que decir ¡Repámpanos! servía para liberar tensión, pues también te hubiera servido. Así que, piénsalo, tal vez sea mejor ser bien hablados y usar "insultos" más originales. ¡Rayos y truenos! Llevo mucho escrito ya. ¡Recórcholis! No esperaba que esta entrada quedara tan grande. ¿Te gustó? Porque si no te ha gustado, que sepas que eres un chanclo, cobango y lolo. Y un poco gallego también.
Atte:
la chica de las maneras inteligentes de insultar.

La vida

La vida es como un sudoku samurái. Difícil, pero no imposible. 
La vida es como una integral triple. Al principio no tienes mucha idea de cómo cogerla, pero en cuanto coges un poco de práctica, todo sale solo. 
La vida es como hacer un bizcocho. Te esfuerzas al principio por crear una buena masa. Vigilas que no se desborde, y acabas saboreando un final feliz. 
La vida es como una partida de póker (esta comparativa está tan vista que seguro que no necesitas que te diga por qué). 
La vida es como ponerle la funda a un edredón. Los mayores saben cómo se hace, pero no hay instrucciones en ninguna parte. Sólo se aprende viviendo, poniendo fundas. 
La vida es como entrar a una sala de cine sin mirar qué película están poniendo. Vas mirando, escuchando, viviendo. Esperas que llegue "el final", sólo que no sabes muy bien cuál es el final, cuándo llegará ni qué traerá consigo. Sólo esperas que sea un final feliz. 
La vida es como montar claras de huevo. Tienes que poner todas tus fuerzas y aplicarte al máximo o no subirás todo lo que podrías. 
La vida es como ese libro de 1000 páginas que te leíste en dos noches. No sabías si te gustaría o no, pero una vez que le cogiste el gusto, aprovechaste cada día al máximo hasta llegar al final. 
La vida es como estudiar una carrera. Eliges lo que te gusta, cada día tienes más libertad, es difícil. En ocasiones frustrante o depresiva, pero cuando te quieres dar cuenta has llegado al final. Lo has pasado tan bien que el tiempo se escapó de tus manos. 
La vida es como un viaje en un autobús circular. Se repiten los lugares, los olores, los colores y los sonidos. Tal vez se repitan las personas. Pero los recuerdos, las vivencias son irrepetibles. 
La vida es como aprender un idioma. Empiezas desde cero, te ayudan con todo. Te sientes inútil. Y, sin darte cuenta, un día entiendes todo. Oyes gente hablar y comprendes lo que dicen. 
Has "aprendido" a vivir.

viernes, 3 de junio de 2011

jueves, 2 de junio de 2011

Tiranía en R.

Aplastabas las superficies como si fueran de revolución. Pisoteabas cualquier punto que quisiera escaparse de su región. Impedías el rotacional funcionar a sus anchas. Sometiste a los vectores libres para usarlos  acorralando puntos múltiples contra los bordes del plano. Luchabas contra todos los vectores que no se normalizasen para aparecer frente a ti. Querías crear tu particular Corea del Norte en el plano. Todos iguales, solías decir. Y, sin embargo, eso no te impedía reírte de las proyecciones, las rectas y los planos tangentes. Te reías de todo lo que no tuviese un volumen, como tú. Pensabas que era divertido obligar vectores pequeños a multiplicarse vectorialmente, aún sabiendo que esa es una práctica reservada sólo a los más experimentados. Impedías los cambios de variables, en el fondo temías que con tanto cambio alguien pudiera esconderse de ti y atacarte por sorpresa. Parametrizaste todo lo que se te puso por delante. Incluso parametrizaste los ejes OX, OY y OZ. ¡Te alzaste contra los referentes de \R^3!. Colocaste operadores nabla en los bordes de cualquier superficie existente, espías geométricos que te avisaran en caso de revolución.
Algunas cónicas y cuádricas se rindieron a tu poder. Pero sólo las más degeneradas, ganándose así el odio eterno de todas las demás. Especialmente de las equiláteras, que siempre se consideraron superiores al resto de las curvas por ser las más armónicas.
Durante tu tiranía, las funciones sinusoidales, que nunca tendieron a ningún bando, se limitaron a seguir avanzando por el espacio. Ajenas a lo que vivía el resto de su mundo. Los más cautos corrieron a refugiarse a los frondosos campos vectoriales, pero incluso ahí lograste cortar su circulación. ¡Cómo si fuera el rotacional de un campo conservativo, anulaste completamente la circulación en todo R!
Querías crear tu particular Corea del Norte en el plano. Pero las matemáticas son libres. No gustan de opresores. Cuando las intentas forzar, violarán incluso las leyes físicas más fundamentales, todo con tal de mantener la independencia de su reino. Por eso las integrales se rebelaron contra ti. Eras todo un tirano de \R^3.

miércoles, 1 de junio de 2011

Magnetismo para enamorados

Eres muy magnético. Y lo sabes. No sé de cuántos Gaus estamos hablando. Ni siquiera sé si prefieres medirte en Tesla, sólo sé que tu campo me está afectando. ¿Has oído hablar del electromagnetismo? Porque desde luego cada vez que estamos juntos noto la corriente. Corriente eléctrica inducida por tu B. O más bien corriente electrizante. Cuando empecé a comprobar en mí estos sucesos, me dispuse a estudiar mejor el fenómeno. Al parecer tuvieron que esperar hasta 1820 para darse cuenta de este suceso. ¡Ignorantes! En todo ese tiempo ¿nadie sintió nunca la atracción de un polo opuesto? En fin, volviendo a la explicación del fenómeno, resulta que cualquier B variable genera corriente. Y tú, que eres un imán con patas no te libras.
¡Como si yo fuera una espira! Me giras, me moldeas y me cambias la rutina a la que me había acostumbrado.
Y me gustaría que esto sirviera para algo. Me encantaría saber cómo se transforma toda este energía que me das en otro tipo de energía. Mecánica, por ejemplo, para no cansarme de subir y bajar o de hacer ejercicios. O no, ¡mejor aún! En química. Que ahora en exámenes mi cerebro no para de reaccionar. Fundiendo todo lo que cae en sus ¿garras? para convertirlo en conocimientos.
Pero no sé hacerlo. Y es que nací humana, no motor. Por ahora sólo he logrado convertir toda esa energía eléctrica en sonrisas o pensamientos perdidos, eso sin contar las horribles pérdidas por efecto Joule que sufro.
El otro día diseñé un motor adaptable a mi cuerpo. Pero no funciona. Tal vez sea el estator o el rotator. No sé. Probablemente sea el estator. Que no es capaz de convertir mi corriente en un campo. Debí haberlo supuesto. Yo nunca fui, ¿cómo se dice? magnética.
No tuve que investigar el origen de tu campo. Tengo muy claro que eres un imán en movimiento. Y así lo demuestran las copiosas espiras, quiero decir chicas que giran en torno a ti.
Tal vez se deba a que estoy hecha de materiales ferromagnéticos que incrementan tu atracción hasta hacerla permanente. Incluso cuando no estás cerca, todavía mis neuronas giran por ti. O tal vez se deba a tu alto poder de imanación. O a la combinación de ambos. Soy una chica dura, siempre lo fui. Y he descubierto que es precisamente esa dureza, combinada con tu imanación y mi carácter ferromagnético, la que me provoca estos ciclos de histéresis tan anchos. Y permanentes, pero eso creo que ya lo he dicho.
Mis amigas me han advertido que tenga cuidado. Al parecer tu campo podrá cambiar de dirección con el tiempo. Dicen que es mejor así, que tu atracción no sea constante y que un cambio de sentido fortuito me provoque repulsión. Yo no lo tengo tan claro. No sé muy bien qué es eso de la repulsión, pero si lo que me hará será cambiar el sentido de mi corriente, no creo que me resulte demasiado agradable.
Tal vez, en la entrada que viene haya descubierto cómo convertir mi corriente en un campo. Otro campo que te atraiga a ti. Creo que Faraday podría ayudarme con eso.
Sigo investigando, no te creas. Ya he descubierto tu tendencia a no cambiar el estado inicial. ¡Maldito Lenz! ¿Por qué no quiere permitirme que varíe tu campo? ¿Por qué se opone a que aumente el (in)flujo magnético que por ti circula?
Y es que te digo todo esto porque no quiero acabar sola. Sé que la autoinducción trae muchos beneficios. Y que, probablemente, se viva más tranquilo. Pero después de haber sido atravesada por tu campo, ni el cortocircuito más farragoso de la historia podría cambiarme de opinión.
Así que, mientras planeo mi estrategia, voy acumulando la energía que me das en un inductor que compré por eBay para la ocasión.

Los quarterbacks y animadoras del blog:

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