Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

sábado, 26 de noviembre de 2011

Y mucho más.

Rededicar un poema.
Desdibujar una sonrisa.
Redirigir una mirada.
Deshacer las paces.
Reprogramar un sentimiento.
Desahuciar un pensamiento.
Repasar una idea.
Desmembrar un corazón.
Recordar el futuro.
Descomponer una canción.
Recortar unas palabras.
Destrozar una ilusión
Retozar en camas vacías.
Desarticular una disculpa.
Rememorar aventuras no vividas.
Desanudar una garganta nudosa.
Rediseñar una vida.
Desvivir(se por) un sueño.
Reponer unas flores.
Desabrigar las esperanzas.
Reajustar el cariño.
Desacreditar a tu héroe.
Reanudar un silencio.
Desmaquillar los defectos.
Reaparecer en las pesadillas.
Desaparecer como aparición.
Reavivar troncos sin llama.
Desasir las ambiciones.
Reconvertir(se en) tu enemigo.
Desafinar una declaración de amor.
Rebajar el precio a tu cabeza.
Desasistir a tu propia boda.
Rebañar los celos.
Desistir en ser feliz.
Rebatir sus axiomas.
Desafiar al pasado.
Rebosar penas.
Desaforar órdenes.
Rebozar el cariño.
Deshacer un tuerto.
Rebrotar un desengaño.
Desvincular personas.
Recaer en él.
Desesperar e irte antes de haber llegado a la cita.
Recalificar las fincas de mi mente a tu nombre.
Desespumar un café.
Recalentar un corazón.
Descongelar el odio.
Recapitular lo que no se llegó a decir.
Desestimar una declaración de amor.
Recargar pilas (alcalinas).
Desfallecer antes de nacer.
Recaudar cariño, sin posibilidad de impago.
Desfogar la calma.
Recelar de uno mismo.
Deforestar el cerebro.
Recetar la muerte.
Desgarrar tus promesas.
Rechistarle al silencio.
Desglosar la nada.
Reciclar el amor.
Desguarnecer al débil.

domingo, 20 de noviembre de 2011

¡Pero cómo no voy a votar! ¡Si es una fieshta!

Acabo de volver de la fiesta de la democracia. Yo me había arreglado mucho, que me habían dicho que iba todo el mundo, bueno todos los invitados. No olvidemos que a los menores de 18 les dejamos abortar pero no votar. El caso, me puse un vestido de seda, tacones de 12 centímetros, pelo de peluquería y maquillaje de 3 horas. Lo normal ¿no? Me hice una sesión fotográfica antes de salir, vamos lo que siempre se suele hacer antes de una fiesta. Quizás no debería haber salido de fiesta, teniendo en cuenta que estoy de exámenes y que me falta tiempo (libre) pero la democracia sólo da una fiesta cada cuatro años, y no es cuestión de faltar a una. Que lo mismo luego se piensa que no iré a la siguiente y me deja de invitar.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cuestión de (des)encuentros.

          Venía cargada de esperanzas, pero me tropecé con tu ceño fruncido y  para evitarlo bajé de la acera, resbalé en un charco de lágrimas que no recordaba haber vertido y caí. Y se me cayeron. Yo no me caigo a menudo, no te confundas. Pero las lágrimas son resbaladizas, sobre todo si no son lágrimas de cocodrilo. Éstas tenían textura de lágrimas de ilusiones rotas. Porque las ilusiones son muy frágiles y cuando las rompes(te las rompen) se hacen añicos, como el cristal. Y te hacen llorar.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Todo lo que (no) olvidaste.

Olvidaste que la tinta del recuerdo no es permanente. Que se borra con el tiempo o con la entrada de nuevos recuerdos. Olvidaste que la memoria tiene límites, y que esto también lo olvidarías. Olvidaste que olvidar no te costaría tanto. Y perdiste el tiempo de olvidar lamentándote de lo mucho que te iba a costar olvidar. Y luego olvidaste qué querías olvidar. Y olvidaste preguntarte si lo que habías olvidado era sólo lo que querías olvidar. O si habías olvidado algo más. Y perdiste el tiempo lamentándote por los posibles recuerdos olvidados sin querer. Olvidaste su nombre. Olvidaste que querías olvidar. Y te olvidaste de olvidar.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Deambular sin rumbo,

Deambular sin rumbo, como si tú no fueras el destino final de cada paso. Perderme al volver cada esquina y reencontrarme en los reflejos de los charcos. Caminar pisando sólo el asfalto y saltarme toda la pintura del suelo. Contrariar a la niña que hay en mí pisando la lava del suelo, y no las plataformas blancas de los pasos de cebra.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Alto contenido de absurdos.

Estoy hecha un 8, ¿crees que si me tumbo me haré infinita? ¡Ay! No sé si quiero hacerme tan grande. Porque soy ya de por mí pequeña, pero aun así soy del tamaño de la mayoría de los chicos que me rodean. Y ya en tacones a algunos incluso los supero en altura. Y a mí es que los tacones me pueden. Me pueden porque me encantan. Son pequeños y tan bonitos. No me gustan todos los tacones, sólo los que son bonitos. Claro, a quién no, ¿no? La cosa es ¿qué es bonito? Pues no lo sé, me temo que es un término tan subjetivo que el concepto de belleza cambia para cada persona. Por ejemplo, a mí me encantan los paisajes otoñales pero puede que a ti te guste más una imagen de Francia en verano, con sus viñedos y su cielo sin nubes. Pero, no, no. Los tacones son objetivamente bellos. Desde mi objetividad subjetiva, por supuesto. El caso es que ir en tacones a diario no tendría ningún sentido. Porque algo que usas a diario no es especial. Por eso tantas relaciones fracasan. Tu taza favorita es la que pasa más tiempo en el lavavajillas, porque es la que usas siempre que puedes. Pero sólo por no poder usarla en momentos en que te gustaría, ya tu mente la hace especial. Creo que las cosas que tienen un punto de exclusividad nos parecen mejores. Así de egoístas somos.
Y digo yo que, ¿por qué será lo de estar hecho un 8 y no un 4 o un 9 o un 7? Porque esto es muy curioso. Todos escribimos el 8 igual, pero el 4, ¡uy con el 4! No suelo ver dos cuatros iguales. Algunos lo cierran por arriba, otros no. Algunos lo hacen de un trazo y otros hasta con 4 trazos. Una vez conocí un chico que escribía los cuatros como unos, y así no había quién se aclarase. Menos mal que era 14/1 y pude comprender la diferencia. Porque nadie nunca entiende que el día 14 no es un día más. Claro va después del 13, que es de 'mala' 'suerte', y el pobre se siente eclipsado por su hermano menor. O mayor, porque en esto de las fechas los mayores, los que suceden antes son los más pequeños. Es otra de las ironías de la vida. Claro que, en mi opinión, la suerte no existe. Pero eso es sólo mi opinión. Y no creyendo en la suerte mirad cómo me ha ido. Juzgad y decidid si queréis o no creer en la suerte. Porque en la suerte se cree, ¿eh? Y nada, los gatos de la patita, esos que ponen en los bazares chinos. Bueno, pues que os mandan saludos llenos de suerte. O vacíos en mi opinión. Dicen que buenas (seguimos sin saber qué es bueno y qué no) noches. Así que yo no voy a ser menos y voy a dejar de desvariar (en público). Sé feliz querid@ lector/a. Si has llegado a leer tanta bobada, lo mereces.

Ojos que no ven, orejas que sí escuchan... corazón que siente.

Me imagino los libros de texto de dentro de mil o dos mil años. Bueno, o los e-books de texto. O la parte de la realidad aumentada que usemos para estudiar. (Si es que todavía no han inventado pastillas de conocimiento o la manera de heredar el intelecto de tus padres y seguimos desperdiciando unos 20 años de vida en aprender algo de manera más o menos decente). Y me imagino a los jóvenes estudiando que en nuestro siglo nos preocupábamos por el 'qué dirán' y el 'qué pensarán'. Y me imagino sus risitas flojas y su asombro.
Idéntico al nuestro cuando nos dicen que en la Edad Media se preocupaban por el honor. Imagino que no concebirán cómo se puede vivir pensando todo el rato en qué estará pensando el de enfrente o de lo que llevo o de lo que hago. Igual que nosotros (al menos yo) no podíamos concebir cómo podían vivir, matar o morir por 'honor'; no hacer lo que gustaran para no mancillar el honor familiar, no casarse con quien quisieran para no salpicar la honra de su estirpe con una boda por amor y no concertadas desde los 8 años. Claro, nos creemos muy modernos, muy permisivos, muy transigentes con todo, tolerantes con otras ideas, respetuosos con cualquier creencia. Y a la hora de la verdad, en cuanto aparece alguien diferente, casi todos tendrán algo que decir. Porque el qué dirán lo creamos nosotros, 'quédiciendo' de otros que aparecen. '¿Te has fijado en el gorro que se ha puesto?' '¡Mira lo que se ha hecho en el pelo!' '¡¿Quién se cree llevando esa ropa?!' '¡Qué mal le quedan esos pantalones!' 'Mira, mira. Se ha maquillado' Ji ji, jo jo.

Me imagino sus codazos entre amigos. '¡Qué tontos eran los del 2000 d. C.!' Y me los imagino luego acicalándose, o desacicalándose (según lo que esté de moda). Todo por mantener una imagen, una reputación ante el resto. Todo por encajar en un puzzle en el que todos deberíamos estar felices de no ser una pieza más. Por ser un engranaje más de la sociedad, uno igual que los 200 que lo rodean. Uno más del montón, criticando a todo aquel que ose salir de la pila. ¡Ay! ¡Pero qué ingenuos! La imitación corre por nuestras venas. Y por las de algunos también el espíritu destructivo. Menos mal que nunca me importó qué pensarán de mí o qué dirán a mis espaldas...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Ignorante

En la literatura plasmaba todas las ilusiones que no se hicieron realidad. Y en la tercera persona ocultaba un narrador protagonista más que sospechoso. Era un acto reflejo, de propia seguridad. De seguridad propia. Caminaba derecha, izquierda, derecha, izquierda. Sin rumbo. Más que caminar vagaba por la vida. Sin objetivos claros, sin deseos firmes ni ilusiones fantasiosas. Como si una niebla densa le sedara la mente, como si su raciocinio estuviera completamente drogado. No querer ver o no saber mirar, el opio del pueblo. Avanzaba, retrocedía, avanzaba y retrocedía el doble. Trayectorias periódicas, siempre volviendo a pasar por el punto de partida. Pero daba igual, porque no era consciente. Y la ignorancia suele significar felicidad.

martes, 1 de noviembre de 2011

Se confundió.

Confundió amistad con amor. Ése fue su único delito. ¿La condena? La condena fueron mañanas de ilusión, tardes de decepción y noches de depresión. Y volver a empezar. Mañanas de ilusión, tardes de nueva decepción y noches de profunda depresión. Ilusiones vanas, porque no se sustentaban sobre algo real. Ilusiones pobres. ¡Pobres ilusos! Confundió amistad con amor, y procuró enamorarse. La quería, la quería mucho. Pero no de esa forma. Es un error común. Más común de lo que pensamos. Ocurre en los mejores colegios y en las carreras más distinguidas. Confundió amistad con amor. Y la enamoró. Tuvieron una breve historia. Fue un microrrelato, más bien. Y luego cada uno por su lado. Perdió la amistad por amor, por amor que no era amor, que era amistad. Y cuando se volvían a ver los dos sólo eran capaces de preguntarse cómo habían pasado de algo tan intenso a la más profunda de las indiferencias. De las indiferencias fingidas. Fingidas porque, en el fondo, su microrrelato de amor no había destrozado su amistad. Sólo su orgullo o su vergüenza. Sólo el quedirán. Sólo el quépensarán. Sólo los prejuicios y las presiones sociales. Confundió amistad con amor. Ése fue su único delito. Su condena perder ambas.

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