Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

sábado, 31 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO NUEVO

Yo, que soy una vaga recalcitrante (al parecer) he decidido empezar el año no dejando para mañana lo que pueda hacer hoy, así que FELIZ AÑO NUEVO A TODOS.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Un Ken para esta Barbie.

Los novios son para lucirlos, ¿para qué si no? Deben ser guapos, ashtonishingly guapos, para que se te caiga la baba. Y a todos tus amigas también. Para pasearlos e ir dejando a tu espalda multitudes ojipláticas. Altos, morenos o rubios, eso es indiferente. Pero bien musculosos. De anuncio de Abercrombie & Fitch o de Ralph Lauren. Uno de estos chicos que te hagan girarte para mirar, porque ¡cómo puede una persona reunir tanta belleza en sí!

domingo, 25 de diciembre de 2011

O no.

'Si se puede medir, se puede controlar' Eso dicen, al menos, los apuntes de 'Control Automático'. Y ojalá tuvieran razón. Se puede medir la altura y, sin embargo, yo no la puedo controlar. Se puede medir la edad, pero tampoco se la puede controlar. Se puede medir el largo del pelo y no se puede hacer nada porque crezca más o menos rápido o porque permanezca para siempre en el largo perfecto. Se puede medir el número de páginas de un libro, pero no se puede controlar el ritmo al que las leerás. Ni mucho menos controlar las emociones que provocarán. Se puede medir el tiempo (el paso del tiempo) pero a ver quién se atreve a afirmar que es controlable. Y quien lo afirme que me diga cómo, que yo por ahora no he descubierto la piedra filosofal, no me he topado con el elixir de la juventud y no he logrado inventarme un giratiempo.

Así que creo que mis profesores se han pasado afirmando. No todo lo que se pueda medir se podrá controlar. Tal vez el nivel de agua de un depósito o la temperatura del coche sí, para todo lo demás, la cruda realidad y el paso (impasible) del tiempo.

I wanna wish you a Merry Christmas

Este mes, que parece que apenas escribo, he de desearos a todos una muy FELIZ NAVIDAD. Sed buenos, sed felices, comed mucho y estudiad también mucho, si es que debéis.

Aquí dejo una foto de unas galletitas navideñas que hice hace unos días.

jueves, 22 de diciembre de 2011

martes, 13 de diciembre de 2011

Los beneficios de beber dos vasos de agua caliente al día.

Beber dos vasos de agua caliente al día es genial. Tiene muchos más beneficios de los que pudiera aparentar así, a primera vista. Por ejemplo, cuando quedo con alguien que resulta ser un pesado o veo que sus intenciones no concuerdan con las mías, llevo a cabo dos acciones. Para empezar, si voy pintada, me restriego bien los puños en un ojo hasta destrozar el maquillaje, para quitarle gracia a mi cara y demás. Me pongo mi cacao de Mercadona, ese cacao anti-sexy que te deja los labios blancos, y me despeino las cejas. Pero no he venido a contar eso, he venido a contar la segunda parte de mi plan. Que es efectiva aunque vaya sin pintar.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Estudiando física...

'Los contactos entre los sólidos se establecen a partir de vínculos materiales' ¿No os resulta realmente triste esta frase? ¿Qué querrá decir? Yo lo tengo claro. Viene a decir que si no hay joyas, dinero, flores o demás regalos de por medio, jamás establecerás contacto con otro sólido, quiero decir, con otra persona. O sea, que los vínculos entre sólidos son puramente materiales. Que no importa el interior del sólido, de qué material esté hecho, si es de 'buena pasta' o es un sólido bastante cretino. Que sólo importa el dinero.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¡Mentecatos!

-¡Mentecato!
-Mmmm, bueno sí, gracias.
-¿Cómo?
-Que sí, que me des un mantecado, que sí que me apetece.
-¡¿Pero qué dices?!
-Bueno mira, si no querías darme bastaba con no ofrecer... (Cretino)

Delirios de una noche de invierno.

Esto es absurdo. Tan absurdo como que hay una mosca en mi cuarto, que lleva cerrado más de 7 horas ya. Conmigo dentro. Nadie ha salido ni entrado. Salvo la mosca. Que se ha generado espontáneamente. Claro, mucho hablar de la combustión espontánea de personas, pero nadie nunca dice nada de la generación espontánea de moscas. Y es un problema nacional. Casi tan grave como la crisis. Digo, que la crisis es casi tan grave como la generación espontánea de moscas. Porque la crisis no suena en nuestras orejas, no aparece de pronto y sin avisar y no nos quita el sueño. Al menos no físicamente. Otra cosa bien distinta es que tengamos pesadillas con la crisis. Pero soñar es gratis y ella no tiene la culpa de protagonizar sueños ajenos.
La mosca okupa libremente los 4 o 5 metros cúbicos de aire que puede haber en mi cuarto. Digo 4 como quien dice 28, no tengo la menor idea de cuánto volumen ocupa un metro cúbico. Vale, sí. Un metro, por un metro por un metro. Hasta ahí llego, que hice bachiller de ciencias (sin resquemores para con los lectores de letras). Pero, ¿cuánto es eso? Porque yo mido 1'65, o sea que más o menos mi ombligo está a una altura de un metro del suelo, ¿no? Así que bueno, esa distancia al cubo... Si el techo está a menos de dos metros y caben varias Cristinas hasta el ombligo tumbadas... Porque el techo no está más alto que dos metros, ¿no? ¡Ay, bueno! ¡No sé! En definitiva, aquí hay muchos metros cúbicos de aire. Unos 4 o 5, ya te digo. Y una mosca. Que merece morir. Que me ha costado ya varios tochitos de apuntes arrugados y que, la muy voladora, huye cada vez que cojo algo con que matarla.
Esta es la España que me ha dejado Zapatero. Recuerdo, cuando yo era moza, que las moscas sólo venían en verano. ¡Qué tiempos aquellos! Y todo esto era campo, incluso mi blog. Já! Mi blog eran llanuras de 0 y 1 sin ordenar. Luego llegó la civilización a Matrix y todo se fue a la porra. O no. Porque yo hoy desayuné porras, y lo cierto es que estaban deliciosas. Y sin civilización lo más probable es que hoy hubiese desayunado gachas o algún otro plato de nombre pastoril y aspecto papilloso. ¡Con lo bueno que está el ColaCao! Sin ser negritos del África Tropical o siéndolo, da igual. El ColaCao (y el Nesquick y el Cacaolat y el Toddy y cualquier otro polvo marronuzco de sabor chocolateado, que no quiero yo pecar de discriminadora) está delicioso. Es lo que desayunaré mañana. Hoy, más bien. Porque, para variar, pasan de las 12 y no me he dormido. ¿Por qué? Pues porque aunque físicamente mi cabeza siga pegada a mis hombros, metafóricamente mi cabeza está en otro lado. O en otra persona. O en otros asuntos. O durmiendo ya, quién sabe. Tal vez ahora mismo esté pensando en ti. Sí, ahora estoy pensando en ti. Si es que tú eres un lector(a) cotidiano de 'este mi blog'. ¿Qué se siente al saber que alguien piensa en ti? Es bonito, ¿no? Supongo que sí lo es. Antes estaba pensando en otras cosas y en otras personas, pero ahora mismo, a las 0:16 mis pensamientos los he enfocado en mis lectores habituales, al menos aquellos de los que tengo constancia por que me dejan comentarios o me hacen '+1' discretos. Discretos porque no son continuos, discretos como integrales discretas, discretos. Pero no porque lo hagan sin que nadie se dé cuenta, sino porque lo hacen de vez en cuando.
Mi cabeza no está donde tiene que estar (repito, son metáforas, nadie me ha amputado mi extremidad más preciada ni tampoco he muerto ni estoy en coma ni nada por el estilo) y eso hace que lleguen las 12 y yo recuerde esos deberes que había que entregar para hoy a las 12. Pero los he terminado y por eso ahora puedo irme a dormir. Es curioso. Los libros siempre los termino con amargura, con melancolía por dejar de llevar a esos personajes conmigo a la cama cada noche. Los deberes, sin embargo, los termino con una felicidad exuberante. Con una alegría y un gesto radiante. ¿Por qué será? Pues supongo que por Unicef, otra razón no hay, ¿verdad, Mou?

martes, 6 de diciembre de 2011

Sobre clavos, cuadros y demás enseres de la vida.

Yo cuando veo que una chica vuelve una y otra vez con el mismo chico, que le ha hecho daño y se lo sigue haciendo. Bueno, o un chico. No te vayas a creer. Los chicos también vuelven a veces una y otra vez con la misma chica que les pisotea. Yo en esos casos me imagino su relación como un clavo ardiendo. ¿Sabes? Y los imagino aferrándose a este clavo. Un clavo al rojo vivo, duele al cogerlo, pero lo agarran fuerte, sin dejar que se vaya. Con las dos manos, soportando las ampollas que les aparecen, aguantando las lágrimas y haciéndole creer al resto del mundo que su clavo les gusta y que todo es purpurina y mariposas. Porque quieren a ese clavo. Y bueno, de vez en cuando lo sueltan o lo tiran al suelo o se les cae entre lágrimas de dolor. Porque ya no podían sujetarlo más. Al fin y al cabo, sujetar un hierro candente sólo causa heridas. Lo mismo el clavo, enfadado porque lo hayan dejado caer, les cae sobre el pie antes de irse a un rincón del suelo y esperar. O lo mismo es el clavo el que decide que esa chica o ese chico no merece su compañía tan 'maravillosa' y se desliza fuera de sus manos; para alivio de los amigos y familia del sujetador y para depresión total del chico o chica. El clavo desaparece, y todos nos alegramos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

BSO

Caminaba acompañada únicamente de la banda sonora de sus pasos. Del tic tac de su corazón. Del vaivén de su sonrisa. Caminaba por una ciudad desierta, llena de extraños que deslizaban la mirada sobre ella, como quien pasa de largo ante una papelera o una farola. Toc-toc, toc-toc. Toc-toc, toc-toc. ¿Era su corazón lo que se había acelerado al subir esa cuesta? ¿O era su caminar el que aumentó la rapidez en la bajada? Dicen que a la vida le falta banda sonora. Canciones de fondo en los momentos más importantes. Ella no lo veía así. Le gustaba escuchar los pequeños sonidos que oferta una ciudad bulliciosa a las 6 de la mañana. Unos tímidos pájaros que le pían al sol y que buscan ramas para hacerse un nido, un coche despistado que ralentiza la marcha buscando parking o leyendo los nombres de las calles. Semáforos en rojo sin voz ni voto en unas calles sin vehículos ni transeúntes. Algún que otro fiestero trasnochado que no encontraba la cerradura. Madrid de madrugada. Ella caminaba frotando sus manos, para que no se le congelaran. Y con ese movimiento también colaboraba en la orquesta del día a día.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Sobre nada, un poco.

Estaba pensando que hace mucho que no escribo. Bueno, mentira. Estaba pensando que hace mucho que no me decido a compartir lo que escribo. No me termino de convencer con lo que digo. Y claro, si ni yo estoy convencida con un texto, mucho menos lo estaréis los extraños o conocidos que me leáis. Así que he venido, porque me han entrado, de nuevo, muchas ganas de escribir. Y me he quedado un rato mirando la ventanita en blanco. Con dos ideas rondando mi cabeza y sin decidirme a escribir ninguna. ¿Un texto de denuncia social, más personal, en el que mostrar mi opinión sobre un tema que os importará medio bledo pero me desahogará o mejor un texto de juegos de palabras y absurdos, de los que tanto me gustan a mí? Y claro, no me he sabido decantar por ninguna opción. Así que me he puesto a escribir esto, unas doscientas palabras sin contenido, con continente y sin interés alguno. Y publicaré, más que nada porque me apetece, y como es mi blog pues suelo hacer con él lo que me da la gana. De todas formas, últimamente sólo escribo tuits o frases. Últimamente sólo escribo textos de menos de 250 palabras. Como éste.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Y mucho más.

Rededicar un poema.
Desdibujar una sonrisa.
Redirigir una mirada.
Deshacer las paces.
Reprogramar un sentimiento.
Desahuciar un pensamiento.
Repasar una idea.
Desmembrar un corazón.
Recordar el futuro.
Descomponer una canción.
Recortar unas palabras.
Destrozar una ilusión
Retozar en camas vacías.
Desarticular una disculpa.
Rememorar aventuras no vividas.
Desanudar una garganta nudosa.
Rediseñar una vida.
Desvivir(se por) un sueño.
Reponer unas flores.
Desabrigar las esperanzas.
Reajustar el cariño.
Desacreditar a tu héroe.
Reanudar un silencio.
Desmaquillar los defectos.
Reaparecer en las pesadillas.
Desaparecer como aparición.
Reavivar troncos sin llama.
Desasir las ambiciones.
Reconvertir(se en) tu enemigo.
Desafinar una declaración de amor.
Rebajar el precio a tu cabeza.
Desasistir a tu propia boda.
Rebañar los celos.
Desistir en ser feliz.
Rebatir sus axiomas.
Desafiar al pasado.
Rebosar penas.
Desaforar órdenes.
Rebozar el cariño.
Deshacer un tuerto.
Rebrotar un desengaño.
Desvincular personas.
Recaer en él.
Desesperar e irte antes de haber llegado a la cita.
Recalificar las fincas de mi mente a tu nombre.
Desespumar un café.
Recalentar un corazón.
Descongelar el odio.
Recapitular lo que no se llegó a decir.
Desestimar una declaración de amor.
Recargar pilas (alcalinas).
Desfallecer antes de nacer.
Recaudar cariño, sin posibilidad de impago.
Desfogar la calma.
Recelar de uno mismo.
Deforestar el cerebro.
Recetar la muerte.
Desgarrar tus promesas.
Rechistarle al silencio.
Desglosar la nada.
Reciclar el amor.
Desguarnecer al débil.

domingo, 20 de noviembre de 2011

¡Pero cómo no voy a votar! ¡Si es una fieshta!

Acabo de volver de la fiesta de la democracia. Yo me había arreglado mucho, que me habían dicho que iba todo el mundo, bueno todos los invitados. No olvidemos que a los menores de 18 les dejamos abortar pero no votar. El caso, me puse un vestido de seda, tacones de 12 centímetros, pelo de peluquería y maquillaje de 3 horas. Lo normal ¿no? Me hice una sesión fotográfica antes de salir, vamos lo que siempre se suele hacer antes de una fiesta. Quizás no debería haber salido de fiesta, teniendo en cuenta que estoy de exámenes y que me falta tiempo (libre) pero la democracia sólo da una fiesta cada cuatro años, y no es cuestión de faltar a una. Que lo mismo luego se piensa que no iré a la siguiente y me deja de invitar.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cuestión de (des)encuentros.

          Venía cargada de esperanzas, pero me tropecé con tu ceño fruncido y  para evitarlo bajé de la acera, resbalé en un charco de lágrimas que no recordaba haber vertido y caí. Y se me cayeron. Yo no me caigo a menudo, no te confundas. Pero las lágrimas son resbaladizas, sobre todo si no son lágrimas de cocodrilo. Éstas tenían textura de lágrimas de ilusiones rotas. Porque las ilusiones son muy frágiles y cuando las rompes(te las rompen) se hacen añicos, como el cristal. Y te hacen llorar.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Todo lo que (no) olvidaste.

Olvidaste que la tinta del recuerdo no es permanente. Que se borra con el tiempo o con la entrada de nuevos recuerdos. Olvidaste que la memoria tiene límites, y que esto también lo olvidarías. Olvidaste que olvidar no te costaría tanto. Y perdiste el tiempo de olvidar lamentándote de lo mucho que te iba a costar olvidar. Y luego olvidaste qué querías olvidar. Y olvidaste preguntarte si lo que habías olvidado era sólo lo que querías olvidar. O si habías olvidado algo más. Y perdiste el tiempo lamentándote por los posibles recuerdos olvidados sin querer. Olvidaste su nombre. Olvidaste que querías olvidar. Y te olvidaste de olvidar.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Deambular sin rumbo,

Deambular sin rumbo, como si tú no fueras el destino final de cada paso. Perderme al volver cada esquina y reencontrarme en los reflejos de los charcos. Caminar pisando sólo el asfalto y saltarme toda la pintura del suelo. Contrariar a la niña que hay en mí pisando la lava del suelo, y no las plataformas blancas de los pasos de cebra.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Alto contenido de absurdos.

Estoy hecha un 8, ¿crees que si me tumbo me haré infinita? ¡Ay! No sé si quiero hacerme tan grande. Porque soy ya de por mí pequeña, pero aun así soy del tamaño de la mayoría de los chicos que me rodean. Y ya en tacones a algunos incluso los supero en altura. Y a mí es que los tacones me pueden. Me pueden porque me encantan. Son pequeños y tan bonitos. No me gustan todos los tacones, sólo los que son bonitos. Claro, a quién no, ¿no? La cosa es ¿qué es bonito? Pues no lo sé, me temo que es un término tan subjetivo que el concepto de belleza cambia para cada persona. Por ejemplo, a mí me encantan los paisajes otoñales pero puede que a ti te guste más una imagen de Francia en verano, con sus viñedos y su cielo sin nubes. Pero, no, no. Los tacones son objetivamente bellos. Desde mi objetividad subjetiva, por supuesto. El caso es que ir en tacones a diario no tendría ningún sentido. Porque algo que usas a diario no es especial. Por eso tantas relaciones fracasan. Tu taza favorita es la que pasa más tiempo en el lavavajillas, porque es la que usas siempre que puedes. Pero sólo por no poder usarla en momentos en que te gustaría, ya tu mente la hace especial. Creo que las cosas que tienen un punto de exclusividad nos parecen mejores. Así de egoístas somos.
Y digo yo que, ¿por qué será lo de estar hecho un 8 y no un 4 o un 9 o un 7? Porque esto es muy curioso. Todos escribimos el 8 igual, pero el 4, ¡uy con el 4! No suelo ver dos cuatros iguales. Algunos lo cierran por arriba, otros no. Algunos lo hacen de un trazo y otros hasta con 4 trazos. Una vez conocí un chico que escribía los cuatros como unos, y así no había quién se aclarase. Menos mal que era 14/1 y pude comprender la diferencia. Porque nadie nunca entiende que el día 14 no es un día más. Claro va después del 13, que es de 'mala' 'suerte', y el pobre se siente eclipsado por su hermano menor. O mayor, porque en esto de las fechas los mayores, los que suceden antes son los más pequeños. Es otra de las ironías de la vida. Claro que, en mi opinión, la suerte no existe. Pero eso es sólo mi opinión. Y no creyendo en la suerte mirad cómo me ha ido. Juzgad y decidid si queréis o no creer en la suerte. Porque en la suerte se cree, ¿eh? Y nada, los gatos de la patita, esos que ponen en los bazares chinos. Bueno, pues que os mandan saludos llenos de suerte. O vacíos en mi opinión. Dicen que buenas (seguimos sin saber qué es bueno y qué no) noches. Así que yo no voy a ser menos y voy a dejar de desvariar (en público). Sé feliz querid@ lector/a. Si has llegado a leer tanta bobada, lo mereces.

Ojos que no ven, orejas que sí escuchan... corazón que siente.

Me imagino los libros de texto de dentro de mil o dos mil años. Bueno, o los e-books de texto. O la parte de la realidad aumentada que usemos para estudiar. (Si es que todavía no han inventado pastillas de conocimiento o la manera de heredar el intelecto de tus padres y seguimos desperdiciando unos 20 años de vida en aprender algo de manera más o menos decente). Y me imagino a los jóvenes estudiando que en nuestro siglo nos preocupábamos por el 'qué dirán' y el 'qué pensarán'. Y me imagino sus risitas flojas y su asombro.
Idéntico al nuestro cuando nos dicen que en la Edad Media se preocupaban por el honor. Imagino que no concebirán cómo se puede vivir pensando todo el rato en qué estará pensando el de enfrente o de lo que llevo o de lo que hago. Igual que nosotros (al menos yo) no podíamos concebir cómo podían vivir, matar o morir por 'honor'; no hacer lo que gustaran para no mancillar el honor familiar, no casarse con quien quisieran para no salpicar la honra de su estirpe con una boda por amor y no concertadas desde los 8 años. Claro, nos creemos muy modernos, muy permisivos, muy transigentes con todo, tolerantes con otras ideas, respetuosos con cualquier creencia. Y a la hora de la verdad, en cuanto aparece alguien diferente, casi todos tendrán algo que decir. Porque el qué dirán lo creamos nosotros, 'quédiciendo' de otros que aparecen. '¿Te has fijado en el gorro que se ha puesto?' '¡Mira lo que se ha hecho en el pelo!' '¡¿Quién se cree llevando esa ropa?!' '¡Qué mal le quedan esos pantalones!' 'Mira, mira. Se ha maquillado' Ji ji, jo jo.

Me imagino sus codazos entre amigos. '¡Qué tontos eran los del 2000 d. C.!' Y me los imagino luego acicalándose, o desacicalándose (según lo que esté de moda). Todo por mantener una imagen, una reputación ante el resto. Todo por encajar en un puzzle en el que todos deberíamos estar felices de no ser una pieza más. Por ser un engranaje más de la sociedad, uno igual que los 200 que lo rodean. Uno más del montón, criticando a todo aquel que ose salir de la pila. ¡Ay! ¡Pero qué ingenuos! La imitación corre por nuestras venas. Y por las de algunos también el espíritu destructivo. Menos mal que nunca me importó qué pensarán de mí o qué dirán a mis espaldas...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Ignorante

En la literatura plasmaba todas las ilusiones que no se hicieron realidad. Y en la tercera persona ocultaba un narrador protagonista más que sospechoso. Era un acto reflejo, de propia seguridad. De seguridad propia. Caminaba derecha, izquierda, derecha, izquierda. Sin rumbo. Más que caminar vagaba por la vida. Sin objetivos claros, sin deseos firmes ni ilusiones fantasiosas. Como si una niebla densa le sedara la mente, como si su raciocinio estuviera completamente drogado. No querer ver o no saber mirar, el opio del pueblo. Avanzaba, retrocedía, avanzaba y retrocedía el doble. Trayectorias periódicas, siempre volviendo a pasar por el punto de partida. Pero daba igual, porque no era consciente. Y la ignorancia suele significar felicidad.

martes, 1 de noviembre de 2011

Se confundió.

Confundió amistad con amor. Ése fue su único delito. ¿La condena? La condena fueron mañanas de ilusión, tardes de decepción y noches de depresión. Y volver a empezar. Mañanas de ilusión, tardes de nueva decepción y noches de profunda depresión. Ilusiones vanas, porque no se sustentaban sobre algo real. Ilusiones pobres. ¡Pobres ilusos! Confundió amistad con amor, y procuró enamorarse. La quería, la quería mucho. Pero no de esa forma. Es un error común. Más común de lo que pensamos. Ocurre en los mejores colegios y en las carreras más distinguidas. Confundió amistad con amor. Y la enamoró. Tuvieron una breve historia. Fue un microrrelato, más bien. Y luego cada uno por su lado. Perdió la amistad por amor, por amor que no era amor, que era amistad. Y cuando se volvían a ver los dos sólo eran capaces de preguntarse cómo habían pasado de algo tan intenso a la más profunda de las indiferencias. De las indiferencias fingidas. Fingidas porque, en el fondo, su microrrelato de amor no había destrozado su amistad. Sólo su orgullo o su vergüenza. Sólo el quedirán. Sólo el quépensarán. Sólo los prejuicios y las presiones sociales. Confundió amistad con amor. Ése fue su único delito. Su condena perder ambas.

domingo, 23 de octubre de 2011

Hipo.

Murió de hipotermia. De hipotermia o por hipocondríaca. Murió por hipócrita, probablemente. Tenía hipoglucemia. Estaba falta de todo. Falta de carnes, por su extrema delgadez no deseada. Luchaba contra su metabolismo noche y día, siempre sin resultados. Quizá por ingerir sólo alimentos hipocalóricos. Siempre le faltaba hambre y cuerpo. Siempre le sobraba delgadez. Tenía mucha falta de calor. No tenía frío, porque el frío por sí mismo no existe. Sólo es falta de calor. Y ella tenía una falta muy grande de calor. Trataba de curar el frío de su interior con jerséis y abrigos cada vez más gruesos. Pero ni por esas. Le faltaba calor y le faltaba color. En la cara. Probablemente sufriera hipovolemia. Era blanca, como Blancanieves pero sin los labios rojos. La cara blanca como si estuviera permanentemente contemplando fantasmas, pero sin acostumbrarse. Blanca como un folio y blanca como si no le llegara el riego a la cabeza. El riego sanguíneo, que es lo que le da calor y color a la cara. A la vida. Era una de estas personas que no viven, se dejan vivir. Y con esto quiero decir que ella no caminaba, se dejaba llevar. Ella no hacía las cosas, se dejaba hacer. No decidía, seguía a otros. Se dejaba tomar las decisiones. Si llegaba un momento en que tenía más de una posibilidad de actuación, imitaba. Y como buen ser imitador logró sobrevivir toda su vida.
Por la calle era todo menos notable. No tenía brillo, no tenía atractivo. Y no era fea. Era normal. Mediocremente normal. Caminaba con hipocinesia, en consonancia con el resto de faltas en su vida. Daba igual la ropa que se pusiera, no llamaría la atención. De todas formas no elegía su ropa, dejaba al armario decidir. Al ¿destino? Lo primero que hubiera en su cajón, eso se pondría. Su vestimenta, bastante extravagante, para que negarlo, contrastaba con la palidez de su rostro. Era hipocondríaca, tenía una salud de roble que se esforzaba en ocultar. Sufría hipoacusia, o tal vez no. Tal vez tenía un oído maravilloso pero lo menospreciaba y pensaba que estaba enferma. Si llegaba el otoño y todos tenían gripe, también ella se pondría a estornudar y a toser. Siempre la misma ropa. Sin cambiar según la estación. Nada de bufandas ni abrigos. Sólo el largo (siempre corto) de su falda variaba. A las faldas largas les faltaba tela, a las minifaldas les faltaba corto. Nunca acertaba. Siempre le faltaba algo. A veces incluso le faltaban faltas.
Vivía en un hipogeo, donde la falta de luz era patente. No sé si tenía hipogrifos de piedra a la entrada. Claro que, en ese caso no estaríamos hablando de grifos escasos. Sí tenía una sala hipóstila. Adoraba el arte. Y la falta de espacio que daban tantas columnas en medio de su salón. Vivía en un hipogeo, para poder quejarse de sufrir hipoxia. Su hipoteca la pagaba con la falta de dinero que tenía. La única ventaja es que siempre estaba falta de números rojos, lo que le permitía subsistir medianamente bien.
Decían que era una hipócrita, es probable, y también es probable que esto fuera sólo una hipótesis. O quizás un mal uso de las palabras. Puede que sólo fuera una gran actriz y nos equivocáramos al darle significado a la palabra. O puede que todos seamos un poco hipócritas cuando imitamos a los demás. Puede que sólo fuera crítica, o ligeramente más crítica con su entorno de lo admisible hoy en día. También era hipotensa. Trataba de compensarlo con dosis ingentes de azúcar, pero ni por esas. Se le acababa el azúcar dos veces por semana, cinco veces al mes. Y eso que siempre usaba toallitas hipoalergénicas para limpiarse las manos antes de cocinar. Aunque creo que esto era otra de las escenas que montaba para fingir ser hipocondríaca. O para creer serlo.
Irónicamente, o no, lo único que le sobraba era el hipo. Hipo para desayunar y para comer, hipo al despertar y al ir a dormir. Hipo cuando alguien (por fin) reparaba ya no en su presencia, sino en su existencia. Hipo al leer y al caminar. Hipo al parar. Irónicamente estaba sobrada de escaseces.

sábado, 22 de octubre de 2011

Quasiestático

Lo nuestro es como un proceso quasiestático. Ambos sabemos que es irrealizable. ¡Pero es tan bonito teóricamente!

miércoles, 19 de octubre de 2011

La estaba esperando.

La estaba esperando. De eso estoy segura. No sé cuánto tiempo llevaría. Más del necesario, me atrevería a afirmar dado su gesto. Más del que le hubiera gustado ser hecho esperar. Pero era ella. Y merecía la pena. La estaba esperando con una sonrisa exponencialmente torcida y unas flores linealmente marchitas. Como la vida misma. En un semáforo. Pero la estaba esperando porque, al contrario que el resto de peatones, él se quedaba parado cuando el muñequito verde aparecía. Hacía caso omiso del 'pío-pío' del semáforo y por eso todos los que le pasaban sabían que estaba esperando. ¿Qué si no? Era un tipo típico. Le gustaba considerarse atípico. ¡Qué típico! Camiseta, vaqueros. Lo normal, ¿no? Zapatillas gastadas, tanto paseo había dejado las suelas completamente lisas. Paseos con ella, normalmente. Antes no caminaba tanto. Había dejado la mochila en el suelo. Supongo que este fue otro de los detalles que me hizo comprender que llevaba demasiado tiempo esperándo(la). No le quise preguntar su nombre. ¿Ana? ¿Isabel? ¿Catalina? ¿María? ¿Qué clase de nombre tendría una mujer por la que merecía la pena esperar tanto? No lo sé. No me atrevía a preguntarle. Se notaba que no estaba para preguntas. Menos de un extraño. Se leía el ansia en sus ojos. Cuando me lo crucé por primera vez eran sólo ganas locas de volver a verla. Cuando me lo crucé al salir, unas dos horas más tarde se notaba un comienzo de miedo en sus ojos. ¿Vendría ella? Lo mismo no aparecía. Y él empezaba a temerse lo peor. Y a medida que perdía la confianza en su llegada, en ella, perdía la confianza en sí mismo. Y con ello su cara adquiría tintes cada momento más oscuros. La ya citada sonrisa exponencialmente torcida. Unida a unos ojos con brillo decadente. Brillo apagado. Brillo previo a las lágrimas. Brillo del que nubla la vista. Cara de decepción, flores mochila y música. Lo que se dice una escena decadente. Lo típico de un martes por la tarde.

¿Que si ella apareció? No lo sé. Ya digo que sólo me crucé con él dos veces. Puede que ni esperara una 'ella'. O puede que su ella fuera su madre. O puede que sólo fuera un loco. No lo sé. Simplemente me resulta irresistible inventar las historias de las personas con las que me cruzo. Y la suya daba para algo más que un entretenimiento mental.

martes, 18 de octubre de 2011

Recogida de firmas

Estoy cansada de tener tantos vínculos. Estoy cansada de depender de tantas personas, lugares y situaciones. De no poder hacer tal o cual cosa porque tengo que hacer tal o cual otra. De que mi vida dependa de miles de variables puntiagudas. Estoy cansada. Y sólo quiero desvincularme para poder ser libre de una vez por todas. No digo que no vaya a buscar puntos de apoyo por el plano, seguramente lo haga, sólo pido la libertad de cambiar mi dirección, módulo y sentido cuándo y cuánto me plazca. Sin preguntas, sin miradas, sin prejuicios. Poder cambiar mis costumbres, o no tenerlas directamente y que nadie haga comentarios al respecto. Poder decir las frikadas más frikis sin suscitar risitas flojas. Poder montar en bici y cantar por la calle sin recibir las miradas desaprobativas de ancian@s y jóvenes.  ¿Apoyarías mi plataforma por la recuperación de mis tres grados de libertad?
Si la respuesta es un sí (más te vale que lo sea, ya te he aburrido bastante y si has logrado leerme hasta aquí podías por lo menos colaborar) déjame un mail o un comentario con tu nombre, email (si lo dejas por comentario, claro, que tan tonta no soy) y DNI. Eso es todo. Sin tener que darte de alta en ninguna página. Luego cuando tenga los 2 millones de firmas iré a la Audiencia Nacional. Y si me pilláis de buen humor lo mismo incluso reclamo también la libertad de los demás vectores ligados y partículas vinculadas. Pero sólo de las que quieran dejar de serlo. Que muchas viven felizmente en sus sistemas con sus parejas e hijos.

lunes, 17 de octubre de 2011

Frío

Ahora mismo sólo quiero frío. Y pasear bajo la lluvia encebollada con miles de jerséis, abrigos y bufandas. Quiero sentir el viento en la cara y sonreír al abrir la ventana por las mañanas. Quiero caminar durante horas sin acabar muerta por el calor. Quiero sentarme a tomar un chocolate caliente y ver la lluvia caer. Y luego salir y pasear bajo la lluvia. Y mirar las caras de asombro de todos los que huyen del agua. Y sonreírles. Y sonreír a sus miradas desaprobativas. Y hacer caso omiso de sus gestos de 'esta juventud está loca'. Y cantar bajo la lluvia, como la canción. Sin que nadie me mire. Y saltar en los charcos más grandes como cuando era niña. Bueno, mentira, como cada vez que tengo ocasión. Porque aún conservo las mejores costumbres adquiridas en la infancia. Y tomar brownies recién hechos. Y calentarme las manos en la taza. Y llegar con los pies congelados, casi tanto como las ideas, y hervirlos en la ducha. Y cantar bajo un chorro de agua hirviendo. Y hacerme pasa por unas horas. Y ponerme gorritos de todas las formas y colores. Y camuflarme en un mar de abrigos. Y usar chubasquero. Y abrigos grandes. Y hacerme una bolita dentro de mis sudaderas. Y escribir sobre el frío. Y ver las ojas caer. Y usar paraguas. Y escuchar la lluvia. Y decir ñoñerías. Y recibir abrazos. Y dejar que el olor a bizcocho llene la casa. Y degustar las magdalenas recién sacadas del horno. Y encender la chimenea. Y ponerme guantes. Y tener que frotar las manos para poder escribir por la mañana. Y echar vaho por la boca al salir de casa. Y soñar con que vuelve a nevar. Y...
Ahora mismo sólo quiero frío, y todo lo que el frío o más bien acabar con el frío conlleva, pero parece que el verano solitario ha decidido acomodarse en esta ciudad.

Yo

'Enmendemos un pasado sin conocernos haciendo de nuestro día a día un futuro común'

Al parecer me estoy volviendo ligeramente (muy) pastelosa en Twitter. ¡Qué más dará! Escribo historias, o las pienso y las tuiteo. No me han ocurrido. Mi vida no es tan interesante. Sólo las he pensado, o las he visto por la calle. Al parecer estoy propensa a escribir historias de amor. De hecho es lo único que me sale. Ya cuando vuelva a sumergirme en mis libros de texto mi lado friki recuperará el control de mi mente.

Os dejo unos cuantos tuits que demuestran ese cambio en mí. Probablemente no sea un cambio. Yo siempre tuve un lado sensible. Sólo que el otoño lo saca a florecer. La primavera no, el otoño.

Forcemos al destino, cambiemos el futuro. Reinventemos nuestras vidas. Pero esta vez juntos.

Y donde digo 'ella' quiero decir 'yo'.

Le salieron estrías en el corazón porque lo abrió a demasiada gente y luego se lo hicieron cerrar de golpe.

Se convirtió en todo eso que juró odiar.

Al fin y al cabo todos somos un poco invisibles.

-¿Qué hacías?
-Repasar los recuerdos que no llegué a vivir. Revivir la historia que jamás protagonizamos. Vamos, nada que te incumba.

Quizás cosificamos a las personas porque a veces es más fácil enamorarse de los objetos que de las personas.

No eres la mujer de sus sueños. Ni la actriz secundaria. Sólo ese extra de la que nunca nadie se enamora.

Las cosas más bonitas no hace falta gritarlas a los cuatro vientos. Basta con susurrarlas al oído.

Querida princesa de cuento, la opresión en el pecho probablemente la provocara el corsé ajustado que llevabas, no la ausencia del príncipe.

Finales trágicos. Comienzos de cuento de hadas. La rutina de muchas relaciones.

Recuérdame que te olvide.

martes, 11 de octubre de 2011

Cuestión de Principios

Se me derrumban los principios físicos en medio de una clase de física. Supongo que no hay lugar mejor. O sí. No sé. Me gusta la química, porque sus principios son aplicables a la vida cotidiana. ¿Cómo? ¿Que qué hago yo, @Crasmir, diciendo que me gusta la química? ¿Que cómo oso? Bueno, realmente me gusta la química. Aunque me dé pereza estudiarla. Me gusta aplicar la entropía a mi habitación y entender que si está desordenada es por culpa del universo, no de mi pereza. Me gusta ver los iones e imaginar que son personas. Polos opuestos que se atraen. Me gusta leerme las leyes de Fajans y entender el porqué de muchas relaciones con final abrupto. Me gusta imaginar que formaré un enlace covalente algún día, y que mis hijos nacerán de una unión sólida. Me gusta imaginar que las relaciones se mantienen por la energía de enlace y que hay personas que son magnéticas, atrayentes como imanes. Sí, definitivamente me encanta la química y su versatilidad.
Si me lees desde hace un par de meses probablemente ya conozcas mi amor por la química, y por unir la química al día a día. Y si no me sueles leer pero te interesa siempre puedes consultar la sección Frikadas, pero el nombre no engaña. Puedo llegar a ser muy friki.
Y me gusta mucho la física. Estudio mucha física y soy muy feliz, así que por algún lado debe haber una relación. Creo. Sería ilógico que no la hubiera. Y ante todo yo soy booleana.
Hoy he descubierto que el Principio de Acción Reacción no se sostiene. ¡LE HE DESCUBIERTO UN FALLO A LA TERCERA LEY DE NEWTON! Sí, como lo oyes.
Porque en las relaciones esto no se cumple. Una fuerza atractiva sobre una partícula uno muchas veces no tiene su pareja sobre la partícula dos. De ahí los corazones rotos, los desengaños amorosos, las lágrimas, los 'me quiere, no me quiere'. El mundo sería mejor si cada persona atraída por otra se viera atraída con una fuerza igual a la que atrae a la segunda persona hacia la primera. El mundo sería mejor si la Tercera Ley de Newton se cumpliera siempre, si fuera universal. Pero esto no suele pasar. Cuando pasa todos lo llaman 'amor'. Les dicen que eran perfectos el uno para el otro. Que son el amor de su vida, que están hechos uno para otro... No, no. Lo que pasa es que cumplen la Tercera Ley de Newton. Y eso no suele pasar. Por eso los que logran una relación que cumpla estas leyes físicas siente que tiene una unión mucho más fuerte que la del resto. O al menos mucho más exclusiva. No digo que no pase a nivel 'particular'. Es más, estoy segura que a nivel microscópico se cumple. Por algo Newton es considerado un gran científico, ¿no? Pero fuera no. Lo que pasa es que nadie quiere decirlo. O nadie se ha dado cuenta. Y es que llevarle la contraria a Newton es todo un palo. ¡A ver quién se atreve!
Pero es que, sintiéndolo mucho, Newton se equivocó. A veces su principio se invierte. Una fuerza 12 atractiva produce sobre 2 una fuerza 21 repulsiva. Así, tal y como lo oyes. Genera una fuerza con el mismo sentido. Y nadie se alarma. Sólo la partícula(persona) 2, que se ve repelida por 1 y huye. Huye sin saber que está destrozando los principios de la física. Me río yo de los neutrinos. Éste es el descubrimiento del siglo. Pero no trascenderá. Porque estamos acostumbrados a que las relaciones entre personas no tienen por qué cumplir las leyes de la física. Nos han acostumbrado a que, en lo que a personas respecta, Newton no tiene nada que decir. O nos hemos acostumbrado. Pero estaría bien alguna que otra ley 'universal' que lo fuera verdaderamente, ¿no? Algún axioma a partir del cual vivir y reaccionar. En el fondo nos encanta que nos den todo machacadito y con instrucciones de uso. De ahí el exitazo de Ikea.

lunes, 10 de octubre de 2011

Cumpleaños

Un año más (vieja). O un año más (des)aprovechado. No, no me considero una despilfarradora de tiempo. Ni siquiera creo que malgaste ni un poquito. Lo uso, a mi manera. Muchos me considerarán rara, soy consciente. De hecho quedarme en casa un día de fiesta sola con mi música y escribiendo no es un plan típico para 'la juventud'. Pero esas pequeñas cosas me hacen feliz. Así que no son tiempo malgastado. Ni siquiera el tiempo 'perdido' en trayectos eternos de autobús es malgastado. Pensar no es malgastar el tiempo. Tampoco los días tristes. Llotar no es malgastar el tiempo. Antes solía pensar que llorar era mostrar debilidad. Yo no lloraba. Yo era fuerte. Me he dado cuenta de que hasta los más fuertes lloran. Y que la sensibilidad no significa necesariamente debilidad. Así que llorar no es perder el tiempo. Limpiar tampoco, arreglarse, aprender. Nada de eso es perder el tiempo. Te facilita la vida o te hace más feliz.
Tiempo perdido es el que pasaste pensando una declaración de amor que no tuviste el valor de llevar a cabo. El que usaste envolviendo un regalo que no llegaste a dar. El que invertiste en escribir una carta que rasgaste antes de enviar. Tiempo perdido es si luego decides que los frutos de ese tiempo no sirven. Y los tiras a la papelera (de reciclaje). Creo que me repito. Ya dije algo parecido.
En definitiva. Soy un año mayor. Ahora entiendo muchas cosas. Y sé muchas otras. Por fin me han dejado de decir eso de 'cuando seas mayor te lo cuento', 'son cosas de mayores' y demás. Y esos son los detalles que te hacen darte cuenta de que has entrado en su mundo. El mundo de los mayores. Entré un poco al dejar el colegio y convertirme yo en uno de esos 'mayores' que estaban en sus últimos años y a los que los 'pequeños' miraban con envidia. Pero no me siento mayor. De hecho me siento igual que ayer. Y probablemente igual que mañana. Los años no se cumplen de un día para otro, igual que en el colegio aprendimos que no se pasó de la Edad Media a la Moderna de un día a otro. El tiempo transcurre, lento pero seguro. El tiempo transcurre, sin importarle lo que hagamos con él. El tiempo transcurre, y yo sigo dispuesta a aprovecharlo.

Muy feliz cumpleaños para mí.

Ella

Ella sólo buscaba un hombro sobre el que llorar, una sonrisa que contemplar y una compañía que disfrutar. Buscaba palabras dulces al oído, consejos en momentos decisivos y la verdad cuando el resto le regalara los oídos. Ella sólo buscaba una mano que sujetar en sus largos paseos por la ciudad, un brazo sobre el que apoyarse al estar cansada y una mente que admirar. Ella buscaba unos abrazos de los que devuelven el calor al cuerpo, una caricia que limpie las lágrimas que caen y las que no han caído todavía y unos labios que siempre sepan qué decir. Ella buscaba una sudadera grande para las noches de fiesta en que acabe haciendo frío, buscaba una mirada sincera, unos ojos hipnóticos. Ella sólo buscaba olvidarse del resto del mundo, irradiar una felicidad incontenible, sumergirse en su propia historia con final feliz. Ella sólo buscaba conversaciones de seis horas sin un minuto de aburrimiento, perder el tiempo a su lado y que el tiempo no pareciese perdido sino más bien aprovechado. Ella sólo buscaba enamorarse, de una vez, para siempre.

domingo, 9 de octubre de 2011

Flor

Podríamos hacer muchas cosas ahora. Podríamos enviar flores. Podríamos consolarnos mutuamente. Abrazarnos o llorar. Podríamos decir muchas cosas. Ya no 'se va a curar'. Porque ya no se va a curar. Pero podríamos decir otras cosas: 'es lo mejor', 'ahora está en el Cielo', 'así no sufre'... Podríamos mentir en muchas formas. Podríamos mentirnos calmando nuestras conciencias con un 'esto a mí no me va a pasar aún'. ¿Por qué no? ¿Acaso eres inmune a la muerte? Unos dicen 'wake me up when September ends'. Bien, yo digo 'wake me up when the cure to death is found'. Porque la muerte te visita sin avisar. Llega en la cama, en la cama de un hospital, rodeado de blanco y verde. O en tu cama, en un infarto mientras duermes. La muerte llega en la ducha, si tienes la desgracia de resbalarte y caer mal. O llega en un ascensor. Imagina que se rompen los cables y te precipitas contra el suelo. La muerte llega, sin llamar y sin darte tiempo a arreglar las cosas. La muerte llega, la muy puta, y se lleva a las personas con las que llevas la vida viviendo. La muerte se lleva a los protagonistas de tus historias, de tus recuerdos. La muerte acaba con el final feliz del cuento de tu vida. Y da igual que te protejas con medicinas millonarias, no le importa el seguro de tu coche ni la calidad de tu casa. Le es indiferente que hayas tenido una salud de roble y nunca hayas fumado. Da igual. La muerte llega, te lleva y le destroza la vida a todos los demás. Y sólo deja lágrimas, flores marchitas y caras largas. Maquillajes corridos, muecas de tristeza y sonrisas fingidas. Nos deja sin voz, al menos a mí. ¿Y para superarla? Para superarla no hay nada. El tiempo, la rutina, mantener la cabeza ocupada. Son los mejores remedios para los problemas sin solución. El ser racional resuelve sus problemas (sin solución) no pensando. Interesante. Pero así es como hay que tratarse con la muerte. Porque ella no tiene caridad ninguna escogiendo. Ni entiende de 'justicia'. Ella sólo tacha nombres de una lista. Y si te ha tocado el gordo no hay posibilidad de remediarlo. Ahora podríamos hacer mil cosas. Llorar. Llorar mucho para sacar las penas. Llorar ahora que se ha ido y los demás aceptarán nuestros llantos. Aunque sea después, dentro de 3 o 4 meses cuando más la echemos en falta y entonces nadie se dé cuenta ni comprendan nuestras caras largas. Quizás llorar es la solución a corto plazo. A largo plazo no hay nada. Asumir. Asumir nuestra nimiedad y nuestra impotencia. Asumir que no podemos hacer nada contra la muerte. Asumir que somos seres minúsculos.
Pero todo lo que hiciéramos ya da igual. Porque ella ya no está. Se fue. Se la llevaron. Yo sólo pido que no me lleven a muchos más.

DEP.

jueves, 6 de octubre de 2011

Regálame.

-Te regalo.
-¡No hacía falta! ¿Qué me has comprado?
-No, no. Que te regalo. Al primero que pase. No te quiero ver más.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Eran.

Eran la envidia de solteros. Y casados. Eran el foco de todas las miradas. Eran la típica pareja que la gente se para a contemplar por la calle. Eran unas manos cogidas que suscitaban sonrisas de ternura y muecas de envidia por igual. Eran paseos eternos evitando al mundo. Eran todo lo que viene después de tomar perdices en los cuentos. Eran el final feliz, el príncipe y la princesa. Eran el sueño Disney hecho realidad. Eran lo que todo su entorno quería ser. Eran un modelo a seguir. Eran odiosos. Eran adorables. Eran dos. Y no necesitaban más. Eran ajenos a lo que les rodeaba. Eran felices.

domingo, 2 de octubre de 2011

Guardaba las apariencias en el armario, al llegar y quitarse la careta.

Albergaba sus esperanzas (de cristal) en cajones llenos de algodón. Para que no se le rompieran. Para que no se las rompieran. Para mantenerlas intactas por muy vanas que fueran. Cada domingo, cuando recordaba que había pasado una semana entera y sus esperanzas no se habían cumplido, abría los cajones y las observaba. Intactas. Como si el tiempo no pasara por ellas. Era un verdadero ejercicio de autocontrol el mero hecho de no empotrarlas contra la pared. Pero él seguía creyendo que un día se harían realidad sus sueños. Así que se limitaba a sacarlas, airearlas y quitarles el polvo. Y volverlas a guardar. Otra semana más. No llevaba la cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que tuvo que empezar a envolver sus esperanzas y empaquetar sus sueños. Había perdido la cuenta hacía muchos años. Y tenía verdadero pavor a apuntar las fechas y obligarse así a asumir el paso de los años.
También guardaba el rencor. En tarrinas herméticas, para que nadie se contagiara de este virus tan letal. Tupperware con cierre al vacío para que no escaparan los malos sentimientos. Guardaba muchas cosas. Algunos decían que tenía un principio de Síndrome de Diógenes. Él prefería verse como un acumulador de recuerda-recuerdos.
Y también guardaba los recuerdos. En su mente. Y por escrito. Temía que algún día su mente los considerara inútiles y le hiciera olvidarlos. Así que pasaba horas escribiendo cada detalle. Y acumulando. Acumulando basura, tesoros, inutilidades e ideas. Acumulando basura, según el resto del mundo. Y es que, probablemente, nuestros objetos más preciados no significan nada para todos los demás. Porque son las personas las que dan valor a los objetos. Y él daba valor a más objetos de lo 'normal'.
Guardaba las apariencias en el armario, al llegar y quitarse la careta. Con esto se evitaba que rumorearan más de lo necesario sobre sus asuntos. Los que querían tomarle por enfermo solían hablar de él a sus espaldas. 'Está loco'. 'Tiene la casa llena de basura'. 'Es un maleducado, no saluda'. Él no entendía por qué los que le insultaban por detrás podrían querer que él les saludara. Ni siquiera entendía cómo podían pretender que él les saludara. Pero 'los demás' no ocupaban demasiado tiempo sus pensamientos. Él seguía con la rutina. Con su rutina.
Soñaba con ella. Soñaba con conocerla y tener hijos. Y tener nietos. Pero todo eran sueños. Y por el momento sólo podía dedicar su tiempo a acumular historias que contar a sus nietos. A esos nietos que no conocía. Y que probablemente jamás llegaría a conocer. Pero también sobre esto procuraba no pensar.
Se dejaba asaltar por las dudas los lunes por la mañana. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Soy feliz? ¿Dónde quiero llegar? ¿En qué me he convertido? ¿Era esto lo que quería? El resto de la semana la rutina ejercía de opio para el raciocinio. Sólo quedaba espacio para pensar en la acción inmediatamente siguiente a la que se estaba realizando. Y el día a día cobraba una monotonía nada atrayente. Pero ya se había acostumbrado.
Ahora su rutina era rutina. Se había hecho a la rutina. Porque la rutina nunca se hace a uno. Y la vida le resultaba más simple. Es lo bueno de la repetición. Puede resultar monótona, aburrida, cansina, agotadora o incluso deleznable, pero es fácil de seguir. Ya no le costaba vivir. Ya no tenía problemas. Y con el fin de los problemas había llegado el fin de sus fuerzas para luchar. Ahora sólo era capaz de vivir. Sin luchar por una vida mejor. Una de las desgracias de los que se dejan aplastar por la monotonía.
Años atrás había leído 'Momo'. Y le había gustado mucho. En la inocencia de la infancia se había jurado no convertirse jamás en uno de esos adultos que se dejan robar por los hombres grises. Ahora la edad le nublaba y le impedía darse cuenta de que se había convertido en uno más. Ya no salía a pasear, ni pintaba. Ya no escribía ni leía. Tampoco quedaba más que lo sumamente necesario para no perder el contacto con los pocos allegados que le quedaban. Y aún así le seguía faltando el tiempo. Un día quiso ser basurero del tiempo, ahora invertía su tiempo en basura. Ahora su tiempo era basura. Y él, ciego de la realidad, se negaba a asumirlo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Me voy a suicidar, no temas.

Voy a suicidarme. Bueno, a suicidar una parte de mi vida. Una parte de mi vida 2.0, la vida 1.0 es demasiado preciada como para dañarla a conciencia. Supongo que esto es una nota de suicidio. Rara, porque seguiré viva después de llevar a cabo el 'suicidio'. Pero no se me ocurre otra forma de llamar al acto de acabar con parte de tu vida 2.0. Así que lo dejo en suicidio.
Voy a 'suicidar' mi Tuenti, por una buena temporada. Porque sólo me sirve para perder el tiempo, responder mensajes. Hace ya mucho que dejé de cotillear. Quizás las vidas de mis 'tuentiamigos' se volvieron  aburridas o quizás he sido yo la que ha cambiado. Ahora desde luego Tuenti se me antoja bastante aburrido. Así que no encuentro razones para continuar algo que no da satisfacciones. Tuenti lo suicido hoy.
Dentro de unos días suicidaré Fb. Hay un motivo concreto para la tardanza en darle pena de muerte a esta red, pero no viene al caso. Suicidaré Fb porque 'o todos moros o todos cristianos' y porque la gente que me quiere, sabrá dónde encontrarme.
Tumblr y G+ supongo que no les haré nada. Porque no entro a diario. Más bien una vez a la semana. Y porque son redes tranquilas, con poca gente (al menos yo tengo poca gente).
Y por último, suicidaré o pondré un tiempo en coma Tuiter. Esto es culpa de los tuiteros a los que sigo. Llegan elecciones y, sinceramente, las discusiones políticas por tuiter me cansan. Así que dejaré tuiter un tiempo. probablemente entre de vez en cuando a responder menciones. O entre si recibo notificación de privados. Que en el fondo Tuiter es mi red favorita. Pero no haré como hasta ahora, eso de leerme todos y cada uno de los tuits que publicáis. Porque yo soy de esas que leen lo que escriben todos sus 'following'.
Así que, por un tiempo, reduciré mi vida 2.0 al correo electrónico y al blog. Sí, este blog. Le tengo demasiado cariño como para dejar de venir a diario a contarme todas las tonterías que me pasan por la cabeza.
En fin, no es una noticia alarmante. Volveré a las redes por Navidad. Para felicitaros a todos y porque todo lo bueno suele volver por Navidad. Y yo no podía ser menos. Así que, probablemente, más que un suicidio es un coma inducido.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Buenas noches, le dijo.

Entró. Había un hombre muy raro dentro, pero ya llegaba un poco tarde y no quería atrasarse más.
-Buenas noches, le dijo. Silencio. Cómo odiaba a los vecinos que no cortaban el silencio tan molesto que se forma en los ascensores. Lo volvió a intentar. -Parece que ha llovido esta noche. ¡Si es que el tiempo está loco!
-Buenas noches.
Se bajó y salió. ¡Qué maleducado y qué raro era ese tipo! Le dio un escalofrío. Quizás debía haber cogido una bufanda. Pensó en tomar un taxi, pero no merecía la pena. No iba tan tarde y así haría un poco ejercicio. Que le vendría muy bien, porque desde que María... Pero no quería pensar en eso ahora. Siguió caminando...

Volvió la esquina, ¿le seguían? No. Falsa alarma. El encapuchado del ascensor al parecer había decidido cambiar de camino. Ya llegaba 20 minutos tarde, todo por culpa de ese hombre tan raro. No era Halloween, ni fin de año ¿quién en su sano juicio podría caminar con esas pintas una noche de martes por Madrid? Sacudió la cabeza, procurando quitarse la imagen de la cabeza. Había quedado con Lucas y Juan, donde siempre. Igual que siempre. En realidad eso de ir todas las noches al mismo bar estaba empezando a cansarle. Con María nunca iba allí. Claro que, desde que María le dejó, cambió mucho su vida. De hecho, empezó a ir a ese bar para "superar" a María. ¡Como si las personas se superasen! Las personas se olvidan, o no. Pero no se superan. Lo que todos llaman superarlas es el momento en que las has olvidado. Y son otros las que te las recuerdan. Pero ya no eres tú quién las recuerda en cada detalle.

Dos manzanas más y habría llegado. Notó el móvil vibrar en el bolsillo de la gabardina. Lo cogió y lo miró. Era Juan. No le apetecía cogerlo, así que lo volvió a guardar. Ya le diría por qué llegaba tarde cuando llegase.
Oyó algo detrás. ¿Eran dos sombras lo que dibujaba esa farola? Paró en seco. Se volvió. Ahí estaba otra vez el encapuchado. Iba a tener unas palabras con ese tipo.

Se encontró cara a cara con la muerte. Le increpó y le exigió que dejara de seguirlo. Y sin dejar a la muerte explicar sus motivos, se volvió y continuó hacia el bar. Se había encontrado cara a cara con la muerte. Pero fue su rutina la que acabó con él.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Las cosas que quiero hacer este año:

Mis propósitos para el nuevo año son: ¿Cómo? ¿Que no empieza un año? Bueno, llevo midiendo los años según al año lectivo desde que tuve conocimiento del tiempo, así que creo que puedo pasar mis "New Year Resolutions" a septiembre, que seguro que son más efectivas de cara a los estudios. Así que, ahí van:
1.- Dejar de morderme las uñas. Si tienes el gusto (¿la desgracia?) de conocerme en persona y me ves mordiéndome las uñas desde hoy, pues regáñame, pégame (sin hacer daño) o haz lo que quieras. Pero no me dejes morderlas, que quiero tener unas manos bonitas.
2.-Caminar derecha. Me lo han dicho mucho, que voy encorvada, que me va a salir chepa etc. Este verano @Arialco me lo recordó por enésima vez. Me dijo que camino como un velocirraptor, porque voy encogida y mordiéndome las uñas, así que, bueno, quiero remediarlo. Aunque he mejorado mucho gracias a no tener que llevar tantos libros a la uni, quiero ir todavía más derecha. Claro que, si dejo de morderme las uñas supongo que la postura velocirraptor se curará sola.
3.-Volver a comer sano. En la universidad he perdido la costumbre de las ensaladas y la quiero recuperar. Cinco al día.
4.-Hacer ejercicio. Todos los días un poco, ya sea caminar, montar en bici, o lo que sea. Pero algo de deporte, que no quiero terminar la carrera gorda cual tonel cervecero.
5.-Estudiar más. Iba a poner "estudiar todos los días", pero no es bueno plantearse objetivos imposibles. Así que bueno, lo dejo en estudiar más, que nunca está de menos.
6.-Ahorrar. Ahorrar mucho para que, cuando me de la vena consumista, tenga dinero. Será todo lo superficial que quieras, pero nunca sobra el dinero.
7.-Sacarme el carnet. Que ya voy bastante tarde, y no quiero llegar a los 20 sin carnet. Este es uno de los objetivos más fácilmente alcanzables así que supongo que lo conseguiré.
8.-Volver a publicar con asiduidad. Que desde junio o julio estoy dejando el blog un poco de lado (por Twitter) y no me gusta eso.

Y bueno, estos son mis propósitos a corto plazo por el momento. Probablemente con el paso del tiempo se me ocurran más.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Irónico, ¿no?

Ahora que existe Google Translate, ya no sirven los idiomas para desahogarse sin ser comprendido. Antes yo podía hablar en inglés, y muchos no me entendían. Pero ya no. Ahora todo el mundo sabe inglés, francés, alemán. Y seguro que alguien entiende lo que dices en medio de una conversación. Y ya por escrito, pues mucho peor. Porque Google lo sabe todo. Y basta con hacer copy-paste para saber que esos caracteres árabes del estado de fulanito significan "Vete a la mierda, pedazo de xxxx" y que la entrada de menganita, esa que parece élfico pero probablemente sea hebreo, pues dice que quiere mucho a fulanito y que está destrozada por haberle perdido. Pues mira, para eso escribís en español y nos ahorráis el trabajo a los lectores. Aunque, en el fondo, yo les comprendo. A mí me gustaba eso de poder decir algo y que nadie supiera lo que significaba. Te daba una especie de poder, el poder que otorgan los secretos supongo. El poder de la exclusividad, quizás.
Ahora están los que escriben en idiomas que desconocen totalmente, ya sabes, porque queda muy guay poner tu estado en ruso o en chino cuando no sabes ni decir que sí en ese idioma. Yo suelo escribir en español, que para algo soy española. Aunque a veces sí que escribo en inglés. Sólo cuando estoy pensando en inglés. Cosa que no ocurre muy a menudo. Escribo en inglés cuando recuerdo algún verbo que me guste especialmente o alguna palabra. Squeeze, por ejemplo, siempre me encantó. Y "to fall in love" tiene su punto. Y también escribo en inglés cuando veo que podré hacerme comprender mejor en este idioma.
En el fondo, lo que más me gusta es ser irónica. Adoro la ironía en todas sus versiones. Y adoro los que pillan la ironía y no me dejan tirada en medio de una conversación. Adoro la ironía porque me hace reír, me resulta ingeniosa y porque no se puede traducir. Se pilla o no se pilla. Como el humor negro, la capacidad para ser irónico y entender la ironía se tiene o no se tiene. Como los brazos (que la comparación con las piernas está ya muy vista). Y también adoro el sarcasmo y las metáforas. Y cualquier otro tipo de juego con el lenguaje. Cualquier otra transformación que haga que las palabras cobren un significado que una máquina sea incapaz de darles. Probablemente deberían inventar el Grado en Filología del Sarcasmo y la Ironía, porque muchas veces son una lengua nueva (con permiso de lingüistas y filólogos). Sobre todo deberían inventarlo para todos aquellos desafortunados incapaces de pillar una ironía. Bueno, y también por los que sufrimos a esos desgraciados.

PD: bicheando por internet me he enterado de que se creó un emoticono: (؟) para dar a entender en una conversación escrita que se está siendo irónico. Lo veo ligeramente estúpido, la gracia de la ironía está en pillarla sin que te digan que es ironía. Pero, en fin, así va el mundo. (؟)

jueves, 15 de septiembre de 2011

Se puso tacones,

Se puso tacones, para colocarse unos centímetros más lejos de la realidad. Se puso sus tacones favoritos, los más altos, los que jamás le hicieron daño. Esos con los que sentía que las cosas irían a mejor. No se puso gafas, ese día no tenía necesidad de recordar todos los detalles. De hecho, teniendo en cuenta el día que la esperaba, ir sin gafas era la mejor elección que había tomado. Así los recuerdos se tornaban borrosos más rápidamente y el tiempo traía el olvido antes.
Se puso unos vaqueros ya algo viejos y su mejor camiseta. Claro que su imagen no era lo importante. Salió de casa. Había olvidado los cascos. Quería echarse a llorar, pero se había maquillado explícitamente para que su coquetería le impidiera entrar en crisis. Todo por no llevar un Rímmel corrido. Muchos la habían tachado de frívola cuando explicaba sus razones, pero es que cuando de ese tema se trataba, sus lágrimas sólo decidían quedarse en casa si se había esmerado mucho con el maquillaje. Volvió a casa y recuperó el mp3. Sabía que sin música el día sería mucho peor, así que probablemente mereciera la pena llegar un poco tarde.
Salió a la calle vestida como una más. Una más de las muchas que viven evitando su vida. Que le dan esquinazo a la realidad cada vez que pueden. De las que viven por obligación y sueñan con otra realidad que no es la suya. Pero sin decidirse a hacer algo por enmendar sus vidas. Quería cambiar las cosas, eso lo tenía claro desde hacía ya casi un año, pero no sabía cómo. O más bien le daba miedo el cambio. Le daba miedo tomar las riendas de su vida y no poder culpar a nadie si las cosas salían mal.
Llegó, por fin, algo acalorada y con el pelo desmejorado. Se atusó las puntas y reorganizó los mechones más rebeldes. Y entró. Gritos. Otra vez quería echarse a llorar. Pero sabía que no debía. De hecho sabía que no podía. Aguantó el tipo, o más bien aguantó al tipo hasta que su turno terminó. Hasta que su vaso de aguante personal le amenazó con desbordar. Entonces caminó hasta ellos, les despidió con la mejor sonrisa de que fue capaz, y se encaminó a la puerta. Se puso cascos para no escuchar los gritos que a su alrededor se vertían. Para evadirse de una realidad poco placentera. De su realidad.
Y volvió a casa. En el mismo metro, la misma distancia, misma dirección, sentido contrario. Como las fuerzas del principio acción-reacción. Era la primera vez que pensaba en eso. Sus viajes siempre eran vectores opuestos y probablemente por eso su vida no llegaba a ningún destino. Sonrió. Se acordó de él y de lo mucho que le habría gustado oír su última reflexión. Él siempre entendía su humor. Bueno, ya no. Torció el gesto cediendo a una sonrisa amarga y zarandeó la cabeza en un intento fallido de sacarle de su mente. Hoy no era un buen día para acordarse de él.
Llegó a su parada, por fin y bajó. Caminó hasta casa, inmersa en pensamientos sin importancia. Pensamientos de los que llenan la mente y la ocupan e impiden pensar en lo verdaderamente importante. Pensamientos creados por el subconsciente para protegernos de los recuerdos más dolorosos o de pensar en un futuro que se augura más bien negro. Entró y, por fin, cerró la puerta consigo dentro. Apoyó su espalda en la puerta y lanzó un suspiro. No había nadie para escucharla, pero lo había visto en muchas películas y le gustaba imitarlas para que su vida no pareciera tan caótica. Ojalá las barreras físicas también lograran contener la mente. Ojalá los sentimientos fueran tan fáciles de bloquear.

lunes, 12 de septiembre de 2011

SimSocial

-¿Le has dicho ya que quieres dejarlo?
-No...
-¡¿Entonces cómo pretendes que se entere?!
-Mi Sim ha cortado con el suyo en Facebook... Eso vale, ¿no?

Hoy era mi cumpleaños

Hoy era mi cumpleaños, así que el despertador ha sonado cinco minutos más tarde. Ya sabes, para regalarme esos "cinco minutitos más" que siempre le pido. He bajado a desayunar y, como de costumbre, he cogido una taza cualquiera, y la he llenado. Y el cartón de leche ha decidido exprimirse hasta llenar la taza sin corona, porque aunque puedan gustarme las joyas, en lo que a ColaCaos respecta, prefiero la república en mi taza. Luego, lo típico: Murphy se compadeció de mi y mi tostada cayó boca arriba, el tostador me dejó las tostadas al punto y el microondas decidió no abrasarme la lengua como de costumbre, y me dio tregua por un día. Así que subí al baño. La pesa me regaló 5 kgs, otra explicación no le encuentro, porque yo no he encontrado los kgs perdidos por mucho que he buscado. Yo se lo agradezco, entiendo que tenía buena intención al regalármelos, pero creo que este regalo doméstico lo cambiaré en el mercado por otro tipo de pesos más válidos en bolsa. Lo que sí fue un detallazo, fue el armario, que me dejó una combinación preciosa de pantalón, zapatos, camisa y chaqueta al alcance de mi mano. Sin tener que buscar, sin quebraderos de cabeza. Le di varias veces las gracias. Así que me vestí y me fui. Y el autobús llegó a la parada a los 5 minutos de llegar yo. Para regalarme una agradable espera al sol mañanero. En el autobús, los desconocidos que me suelen acompañar han decidido regalarme sus sonrisas. Supongo que se me notaba en la cara que era mi cumpleaños.
He comprado bollería industrial, que hacía mucho que no tomaba. Mentira, he tomado hace poco, pero es que hoy me apetecía una dosis extra de azúcar. Y han caído dos piezas: una caña de chocolate y unos chicles. Porque era mi cumpleaños, y la máquina a la que quiero tanto se ha acordado y me ha hecho un ragalo. AL coger el ascensor, me ha subido hasta arriba y bajado el sótano antes de llevarme a mi planta. Para regalarme un bonito paseo con vistas a los paneles plateados. Comprende que el pobre no tenía mucho más que ofrecer. Así que me he sentado, a dar clase como tantas otras veces. Y la silla me ha regalado no chirriar. Los bolis no suicidarse en medio de la clase y el móvil no encender su luz de aviso de mensajes sin haber recibido nada. Y me he ido a casa, en otro autobús que ha llegado puntual. Y, tienes que creerme aunque parezca una historia digna de Cuarto Milenio; el conductor no me ha puesto reggaeton. Casi me emociono al subir y poder "escuchar" el silencio. Ha sido legendario. Y hablando de HIMYM, Megavideo me ha regalado 72 minutos sin exigir los 54 de pausa. ¡No me digas que eso no es un regalazo! Y luego, pues las cosas típicas. Las velas han decidido apagarse todas a una, Fuenteovejuna. Para regalarme algo de aliento que gastar en asuntos más importantes. No sé en qué lo gastaré aún, pero yo se lo agradezco, que nunca sobran las reservas de aliento. Sobre todo si te rodean seres egoístas que te dejan sin él cuando quieren. La tarta me ha dicho que no me preocupara, que comiera lo que quisera que ella había hablado con la báscula y yo no había engordado. Que la báscula no había encontrado nada mejor que regalar. Y me he ido a dormir, sin tener enchufado el portátil, on un 7% de batería y bajando. Pero era mi cumpleaños, y yo sabía que no se apagaría. Así que me ha regalado 30 min de adrenalina, internetizándome sin saber cuándo o haciendo qué se apagaría. El último regalo me lo ha hecho la cama. La almohada se había colocado unas vendas frías y estaba bien fresquita. Y las sábanas, por su parte, habían estado todo el día haciendo ejercicio para estar a la temperatura perfecta. Para regalarme calor en los pies.
Por eso escribo, porque los objetos me han hecho mil regalos hoy, y yo quería agradecérselo. A todos menos a la báscula, que le voy a decir que no puedo aceptarlo. Que se quede sus 5kg o me diga dónde los puedo cambiar.

PD: En realidad no era mi cumpleaños, pero bueno, supongo que eso ya lo sabías.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Cuestión de perspectiva.

Supongo que todo depende de la perspectiva. El mundo, créeme, no se ve igual desde unos tacones de 15 cm que desde unas sandalias gastadas y planas. Los zapatos dicen mucho. Dicen, para empezar, que tienes dinero para pagarlos. Y que estás acostumbrado a llevarlos. Porque hay otras culturas que prefieren ir descalzas. Y otras personas que no pueden permitirse comprar zapatos. Me gusta el dicho que habla de "ponerse los zapatos del otro" porque creo que tiene mucha razón. Si no tratas de ponerte en el lugar de otro(s) serás incapaz de comprenderle(s).
Y es que, de hecho, si no tuviéramos zapatos, no entenderíamos el placer que supone caminar descalzos. Por la hierba, por la arena de la playa, por la alfombra de tu cuarto o por el frío mármol de las escaleras. Toda la vida llevando zapatos ha hecho que nos resulte especial (y tentador) poder ir descalzos por determinados lugares. No hablo de volver a casa descalza porque te duelan los tacones, hablo de querer ir descalzo porque es un "lujo" que no te puedes permitir a diario.
Pero, por otro lado, si no hubiésemos caminado descalzos nunca, no comprenderíamos lo afortunados que somos por tener zapatos. Unos buscando más lugares en los que descalzarse y otros buscando unos zapatos que cubran sus pies. Somos afortunados por tener zapatos y poder decidir descalzarnos cuando nos apetezca, seguro que eso lo comprenden todos. O quizás algunos no lo comprendan aún. O no lo valoren. Para entenderlo habrá hecho falta, por lo menos, ponernos en los pies descalzos de quien no puede llevar zapatos. Comprender que algunos no van descalzos por gusto, comprenderlo desde nuestros zapatillas de andar por casa. Y desde nuestra posibilidad de descalzarnos cuándo y cuánto queramos. Irónico, ¿verdad? Yo creo que al final se trata de una cuestión de perspectiva.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mi primer premio, ¡chispas!

Normas por ser premiad@:

1.Publicar en el blog una entrada que se anuncie lo siguiente.

+El nombre de la persona que te ha premiado y el enlace de su blog:
+Premiar a seis personas cuyos blogs te hayan parecido buenos, dejando su nombre y el enlace del blog y no premiar a nadie que ya haya recibido el premio.
+Especificar en la entrada que hay que anunciar todas las normas cada vez que se premie a alguien.

+Colocar la imagen del premio en la entrada.

+Contar tu mayor sueño.

2.Si no se acepta el premio se debe avisar a la persona que te premio (sí, esa soy yo) para que pueda premiar a otro.
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Muchas gracias JusJuus por el premio y por tu blog que me gusta tanto leer:  http://jusjusalhabla.blogspot.com/
Y quiero premiar a:
+Kailer, con su blog: http://brainstorm-jaol.blogspot.com/ Porque leyéndole no me siento la única friki.
+Tuchi, con su blog: http://tuchidemas.blogspot.com/ Porque tiene una madurez deslumbrante para su edad.
+MenganaJr, con su blog: http://efemesvl.blogspot.com/ Por todas esas entradas que me han hecho sonreír.
+Pasteldefrutas, con http://enagostonosecome.blogspot.com/ Porque me gusta cómo escribe y para que su blog no quede en un intento.
+Alawen, con su blog: http://juguetesdealawen.blogspot.com/ Porque lo acabo de descubrir y simplemente, me encanta.
Y bueno, como no estoy muy puesta en esto, pues voy a premiar sólo 5.

2.-¿Mi mayor sueño? Es complicado. No tengo un único sueño y grande. Ahora mismo tengo mucho sueño y muchos sueños: terminar la carrera; viajar a cualquier lugar en cualquier momento; a largo plazo: formar una familia; tal vez escribir un libro. Y otras cosas que se me ocurrirán por el camino.


sábado, 3 de septiembre de 2011

La que tiene boca, se equivoca.

Yo no me equivoco, eso debes saberlo desde el primer momento. Y no es por ningún motivo en especial. Ni porque no hable mucho (que en cuanto cojo un poco de confianza me vuelvo una cotorra) ni porque mida mis palabras al centímetro ni porque sea especialmente inteligente. No. Yo no me equivoco y tengo el refranero popular de mi parte, apoyándome. Y es que dicen que el que tiene boca se equivoca. Y yo, como ya sabrás si alguna vez me has visto en persona, no tengo boca. Así que, lógicamente, no me equivoco. Y no hay más. No te creas que es algo que llevo sabiendo mucho tiempo. ¡Qué va! Lo de que no tengo boca lo sé desde hará unos dos años o así, antes de eso no me fijaba en mi cara. Lo de que entonces no puedo equivocarme lo he descubierto hoy. Y está genial. Porque ahora "ganaré" cualquier discusión (si es que las discusiones se ganan) usando solamente este argumento. Y si el otro se enfada, pues haré uso de otro dicho (que no sé si es muy popular, pero mi madre me lo decía mucho de pequeña): "el que se enfada pierde la razón". Es la típica frase que enfada todavía más a tu oyente, pero que le hará callar gracias al uso de un mecanismo muy humano llamado orgullo. Le dejas mudo. Porque no puede decir "yo no me enfado" ya que te estaría dando la razón; no puede enfadarse por el mismo motivo y sólo le queda aguantarse. Así que para nuestra próxima conversación ya lo sabes. Yo no me equivoco.

Miami

Miami. Sí, lo sé, hace mucho que volví y lo escribo ahora, pero necesitaba tener verdaderas ganas de escribirla antes de ponerme. Si no, no sale bien. Sé que no suelo hacer esto, entradas realmente personales con pelos y señales, pero esta quería dedicársela a las cinco señoritas tan guapas con quien compartí mi verano: @Arialco, @IreneTorresCW, @crisvalverde, Triana (sin Twitter) y @alexalcorta95.
Miami, como ciudad me encantó. Las playas, los rascacielos (eso sí son rascacielos, y no lo que tenemos por aquí), la gente, la comida, las palabras. Sé que lo echaré (lo echo) de menos y sé que volveré cuando tenga dinero.

Avión. Diluvio universal. Comer y dormir. Champán. ¡Cheers! Buscar aparcamiento. Harry Potter and the Deathly Hallows Part II y su consiguiente depresión. Irenes que se duermen en el cine. Dormir. Queso muenster. Jamón horneado. Patinar sobre hielo. Ver a los niños patinar mucho mejor que nosotras. Limping @Crasmir. Falling @Arialco. Dormir. Jet-lag. Entrar en hoteles que no son nuestros. "Hey, guys, how old are you? Fifteeen? Leave us alone!" Diluvio universal, segunda parte. Dormir. Manicure, pedicure. ¡Triana! Cheesecake Factory, para celebrar el cumpleaños de @Arialco. Bookstore. Bookstore. Have I mentioned the bookstore? "Be the change you wish to see in the world". Y ancianas extrañas que murmuran a nuestra vera. Dormir. Billetes. Supermercado: bizcocho reseco, pan de molde, bagels, jamón horneado, queso muenster, huevos (¿Al microondas?), Philadelphia, manzanas, leche. Cupimos en el coche. Viaje maravilloso, contemplando el paisaje, sobradas de espacio. Dj what you, what you waiting for? Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh. ORLANDO. Westgate resort. ¡Sapos y culebras! Bueno, culebras no. UNIVERSAL. Islands of Adventure. HULK. Montañas rusas. Guiris (¿Qué iba a haber aquí si no?). Chocolate. Chocolates. Chocolates negros. Chocolates con leche. Chocolates amargos. I want an Express Pass! Lines, queues or however you wanna call'em. The curious incident of the girls in the night time, or how to get 50 c out of nowhere. ROXY. Remember our blond friend? I do. Rolling in the Deep. Little Lion Man. @Arialco pierde un pendiente (¡Cómo no!). BBQ. "¡Wow! ¿Eso es una cabeza?" "Sólo no se peleen por la comida, ¿ok?" "Wey, men, bro, de pana, brother..." Juegos de cartas. Ron & Snapples. Transformers y Robots. "Tomen ustedes." "¿Judas?" "¡Está casada!" "La marta es un animal". Shots. Pictures (Someone should tell the guy to upload them to Fb or sth). Dormir. Universal Studios. Twister. Rip Ride Rock it, con Evanescense de fondo. Barney! Y el carrito empotrado contra el suelo. Realmente impactante. Hard Rock Café, cumpleaños de Triana. HULK. HULK. Descubrir que podemos montar en una montaña rusa después de comer una megahamburguesa y no morir en el intento. Wet n' Wild. If anyone is reading this you should really REALLY visit Wet n' Wild. Rocket. Water all over our bodies. Piscinas creadas para hundir a los que entren. Au revoir, Wet n' Wild! Bonjour Islands of Adventure! De nuevo Hogwarts, Hogsmade, ranas de chocolate, Grageas Bertie Botts de 1000 sabores... Apartamento. Piscina. "You know what I think? I think that black guys like you like white girls. WHITE GIRLS" Nos echan de la piscina. Dormir. Arepas. Mall. American Eagle, Claire's, unas zapatillas para @IreneTorresCW... BBQ/piscinada. The curious incident of @alexalcorta95 in the night time. Una rana. Se me escapó. Dormir. Maletas, duchas. ¡Al coche! Kiss me, ki-ki-kiss me. Weston de nuevo. Dormir. Nikki Beach. Friday's. Triana se va. No more Nicki Minaj jokes. Karts. Lo siento @Arialco y @crisvalverde, @IreneTorresCW quedó segunda. Paseos por "The Lakes" con Burbuja. Tus vecinos tienen un coche estilo Bumblebee. Compras, compras. Paseos. Conducir. Brownies. No me quiero ir. Esta noche no duermo.
Y es que, ¿a quién le voy a decir ahora "NICKI MINAJ!!!!!!" cada vez que suene Super Bass? ¿Quién me va a entender cuando hable de chocolates con leche, negros o amargos? ¿Y cuando diga que algo está arrechísimo, la rumba burda de (de)pinga o yo cheverísima? ¡Llama al Sol, que parece que llueve!Hulk, montañas rusas, Hard Rock Café. Mi niña bonita. All I care about is money, and the city that I'm from Miami es Party Rockets in the House Tonight y viajes en el coche a 7 mph. Tu, tu tutu, tuturú. Tu turu tututú. ¡PAPITAS! Con Minute maid Lemonade, burritos, brownies... AREPAS. ¡Ven  conmigo! Noches de conversaciones surrealistas, y mañanas de jet lag. Twitter, como no, cotilleos vía Facebook y fotos. La Melodía. Muchas fotos. Fuimos al Niágara en Bicicleta. Y lo cruzamos. Y cupimos en un coche de 5, apretadas pero felices.
Y mil otras cosas más.

Y como sucedió en Miami, en Spanglish se queda.

domingo, 28 de agosto de 2011

Un año. Ha pasado un año. Así, sin más. Se me ha escapado de las manos un año. Y no ha sido tan duro. Este año es diferente. Diferente porque no he temblado cuando sonaba el teléfono esta última semana. Ni he preguntado por ti. Y es que ya no tendría sentido. Este año es diferente porque es el 2011 y no el 2010 y eso ha supuesto un verano sin ti. Es diferente porque aunque hoy sea 28 de Agosto, en unas horas no recibiré una noticia terrible. En unas horas seguiré estudiando. Y mi día será otro más. O no. Porque, ha pasado un año, pero tu mesilla sigue intacta. Sigues vagando por mis sueños cuando te place y mi subconsciente juega a hacerme creerte viva. Y como ya dije, me sigues faltando. Ha pasado un año, pero eso no es lo peor. Lo peor es que pasarán cincuenta más. Unos se irán y otros vendrán. Ya lo dije aquí. Cada cuál se monta su historia hasta superarlo. Pasarán ochenta años más. Puede incluso que llegue el día en que la muerte no se me haga tan atroz. Tan definitiva. Tan nefasta.
Ha pasado un año. Éste de 365 días. Y lo único que puedo afirmar es que espero que pasen muchos más antes de tener que pasar por esta experiencia de nuevo. Puede que sea porque ahora soy "mayor". Más mayor, al menos. O puede que fuera porque tú eres (eras) muy especial. O puede que ambas. Yo creo que ambas. Fuiste la ausencia que me hizo ver lo terrible del asunto. Cuando alguien se va para siempre, se va para siempre. Sé que suena obvio, pero tal vez no nos damos cuenta del peso de estas palabras hasta que la vida nos obliga a vivirlas en nuestras carnes. Lo que quedara sin decir, jamás será dicho. Lo que quedó sin hacer, jamás será hecho. Todo lo que no se habló, nunca se hablará. No hay vuelta atrás, ni segundas oportunidades. Con la muerte no hay comodines, F5, jokers ni restart game que valgan. La muerte es lógica, piensa en binario, y las personas sólo somos ceros o unos. Muertos o vivos en su particular lista.
Ha pasado un año y el mundo no se ha derrumbado, la vida no ha sido más dura y nadie más ha muerto. No ha sido un mal año. Ha pasado un año. Se me ha escapado un año. Para muchos seguro que ha sido un año más. Pero te aseguro que te he recordado más de lo necesario, te he llorado más de lo permitido y te he echado de menos más de lo recomendado. Haciendo ganchillo, cantando la Coral nº8, topándome con viejos regalos que te hice o no comprando cucharas para regalarte porque ya no tendría sentido. Y es que todavía no logro creérmelo. Pienso en que te voy a decir tal o cuál cosa. En que estarás ahí en Navidad. En que haremos galletas de nata, con mantequilla para que no se nos pongan duras al día siguiente. Me dirás, como cuando era pequeña, eso de "tranquila cariño, Mamá llegará cuando menos te lo esperes". O tal vez será un "No, Tomás, deja a la niña, que está de vacaciones y no quiere leer eso ahora". Te imagino ahí, regando, durmiendo, rezando o tal vez cosiendo. Y se me hace imposible asumir que jamás volveré a verte más que en mis recuerdos. Pero eso no es lo peor. Lo peor es no saber si durarás en mi recuerdo siete días o 4 años. ¿A partir de cuándo se olvida la voz de alguien que no volverá a hablar? ¿Cuándo se pierden las lecciones enseñadas por quien se fue? ¿Ahora a quién le preguntaré lo que a ti? ¿Quién decide el tiempo que permanecen los que se fueron en nuestra memoria? ¿Cómo sabré dentro de muchos años si los recuerdos que guardo son todos o si perdí demasiados por el camino? Dime, ¿a quién le pregunto yo ahora si mis galletas de nata están listas?

sábado, 27 de agosto de 2011

Hirsutismo

Nunca decía lo que pensaba. Tenía hirsutismo en la lengua.

¿Qué pasa? ¿Que los que no tienen dos dedos de frente tienen hirsutismo?


No es que no tuviera un pelo de tonto, que eso ya sería un logro. Es que tenía hirsutismo y ni un pelo de tonto.


-No le cogieron por los pelos.
-¡Ah! Casi le cogen entonces, ¿no?
-No, no. Es que tiene hirsutismo, entonces no se atrevieron a cogerle.


-Volveremos cuando las ranas críen pelo.
Y de este modo el chico empleó el resto de su vida en modificar el ADN de las ranas para provocarles hirsutismo.


De pequeño solían recitarle refranes "del saber popular". Se los creyó. "Con agua de mayo crece el pelo". En mayo mantenía el pelo mojado todo el día. Y así fue como nuestro protagonista se lo puso en bandeja a su hirsutismo. No hay pelo que se precie capaz de desobedecer al refranero popular.

martes, 23 de agosto de 2011

¿Dónde están las llaves?

Matarile-rile-rile. Soy madrileña, entre otras muchas cosas. También soy adicta al chocolate, friki, morena, miope… pero creo que nada de esto viene al caso. Quédate con mi ciudad de nacimiento, porque creo que es el detalle que me ha hecho pensar así. Y es que resulta que de Madrid se han hecho muchas copias de llaves. Y nuestro alcalde no para de entregarlas a diestro y siniestro. Y, claro, eso está muy bien. Pero digo yo, ¿qué pasa si las pierden? Porque con tanta entrega de las llaves de la ciudad, seguro que ya nadie lleva la cuenta de cuántas se han entregado. Figúrate que alguien pierde las suyas o les hace una copia sin permiso o se las deja a un amigo: al final el resultado es que no sabemos quién tiene y quién no tiene llaves. 
A mí las mías no me las han dado aún, no sé muy bien a qué esperan, porque ya soy mayorcita para tener mi propia copia, que esto de tener que llamar al telefonillo y esperar que me abran cada vez que entro es un fastidio, pero supongo que será un error burocrático. Típico funcionario del "Venga usted mañana" que ha traspapelado mi copia o que ha escrito mal mi dirección en el sobre. Porque estoy segura de que mis conciudadanos quieren hacerme entrega de una copia. Si alguno me está leyendo, que lo diga por ahí, que mis llaves no han llegado, que seguro que es todo un error, pero que me vendrían muy bien. ¡Ah! Y que no necesito acto de entrega ni nada pomposo, con que me las manden por correo me vale.
En definitiva, yo lo único que venía a decir es que probablemente sea una buena idea llevar un listado sobre quién tiene ya o no sus llaves. Quién las pierde, quién las encuentra o quién las coge sin su permiso. Que si no lo mismo un día nos encontramos con que un botarate entra a robar o se pierde un papel y con tanta gente con llaves de la ciudad, pues no sabremos a quién preguntar. O alguien se come tus yogures Activia, y se te desactivan los intestinos. O alguien se deja el grifo abierto y te hace goteras. Por no hablar del jaleo que supone poner de acuerdo a tanta gente. Que si unos quieren dormir de noche y los otros ponen la tele, que si yo soy vegetariano y el otro ha metido lo que ha cazado en la nevera, que si estoy seguro de que dejé ahí mis llaves y ahora no están... Además que sería nuestra culpa, no del ladrón, porque con tanta llave por ahí repartida se lo habríamos puesto en bandeja lo de entrar a robar. 

lunes, 22 de agosto de 2011

(In)maduros

Uno de estos temas en los que los niños son bastante más adultos que los que se hacen llamar como tales. La política, la sempiterna política. Es el tema que enfrenta adultos, como si fuera importante ser de "izquierdas" o de "derechas". Como si te hiciera mejor persona ser progresista o conservador. Como si fuéramos muy diferentes por votar partidos contrapuestos. Como si tuviéramos que cortar el trato por no tener la misma opinión política. Los niños son más maduros. Lo digo porque realmente lo pienso. A ellos les da igual lo que piensen los papás de su amigo. Es su amigo. Sea blanco, negro, alto o bajo es su amigo. Y todo lo demás da igual. Tal vez sea fruto de la inocencia. Son tan inocentes, que le dan importancia sólo a los temas verdaderamente importantes. Y es que dicen que los niños son crueles, que dicen siempre la verdad, que son como los borrachos, que pueden ser muy malos… ¡Dicen tantas cosas! Y probablemente tengan razón. Probablemente los niños puedan ser muy crueles. Pero luego, en lo que toca con las personas que quieren, si un niño te quiere, su amor es incondicional. Me río yo de los "amores eternos". El amor de un hijo, un hermano pequeño, un amigo de la infancia… eso es insustituible. Se suele decir que los niños son muy inmaduros. ¡Rojo! ¡Facha! ¿Y los adultos no? ¿Rojo? ¿Facha? Decir eso te hace mucho más maduro que un niño de 10 años, ¿no? Pero claro, es política, es un tema de adultos. Y sólo por hablar de política y dar tu opinión (acertada según unos y digna de pena de muerte para otros) ya estás demostrando lo adulto que eres. 
No te confundas, la política me parece maravillosa y siempre lo mantendré. La política por sí misma, como sistema organizador, como método de unir a los mejores para luchar por una sociedad mejor, esa política. La política utópica, la idea de política que yo tengo en mi cabeza, esa me parece maravillosa. Pero pienso que los adultos llegan a sobrevalorar demasiado la política. Llega un punto en que, cualquiera que no opine lo mismo que ellos está equivocado. Sin pararse a pensar ni siquiera por un segundo que pueden ser ellos los equivocados. ¿No crees que las discusiones están para lograr una conclusión común? O, bueno si no logras llegar a un acuerdo, por lo menos que sirva para considerar otras perspectivas del mismo asunto, aunque luego tu opinión la mantengas. Pero no, es política y no se pueden cambiar las ideas. Es política y todos están equivocados menos yo. Es política y si estás de acuerdo conmigo seremos BFF's; eso sí, si dices algo que no me guste me caerás mal. Es política y soy tan maduro que no atiendo a razones.

lunes, 1 de agosto de 2011

Él

Estaba ciego como una tapia, pero no tan loco como los que aseguran que las tapias están sordas. Y es que las tapias, como buenas paredes, escuchan lo que se dice, conocen tus secretos y saben por quién lloras. Él no lloraba por ella, o al menos eso era lo que repetía a diario. Lo que se repetía a diario. Las paredes sabían que se estaba engañando a sí mismo, pero como son mudas no podían decírselo.
Ella no sabía eso. Ahora vivía en un rascacielos, con paredes modernas que no hablan con otras que no estén en un rascacielos. Paredes que no se dignan a transmitirle el mensaje de los muros de la casa de él.
Él lloraba los martes, porque le recordaban a ella. Los martes porque fue un martes el día que le dejó ciego. Y fue otro martes el día que le dejó de nuevo soltero. Pero no lloraba todo el rato. Solían ser lágrimas internas, de las que sólo uno ve. Lágrimas ácidas, que se acumulan en el corazón sin llegar a ser vertidas. De esas que, si no se vierten en algún hombro amigo, acabarán desbordándose en un manantial incontrolable de amargura en el momento menos pensado.
Salía a pasear, con sus Ray-Ban bien puestas. ¨Para protegerse del sol¨o más bien por si ella se colaba en sus ojos. Porque los ciegos no ven, pero sí sienten y, a su manera, pueden ¨ver¨. Ella desapareció un 3 de julio. Muy pronto, según él. Ella aseguraba que era muy tarde, que se tenía que ir.
Se conocieron como se conocen las personas, en un lugar cualquiera, fruto de una casualidad o no tan casualidad del destino. Estaban hechos el uno para el otro, según aseguraban todos sus conocidos, pero el tiempo les demostró que no era así.
Él vestía con estilo, con estilo propio. Solía ponerse pantalón y camisa, con la camisa por dentro, que su madre le había enseñado modales de pequeño. En invierno usaba jersey y abrigo. Gabardina para los días de lluvia. Y paseaba su paraguas si pensaba que iba a llover. La cartera era de cuero. Ella sigue en su cartera, y creo que pasarán unos años hasta que decida marcharse o él la saque voluntariamente.
Era castaño. Con los ojos azules. Claro que, desde ese 3 de julio pocos habían tenido ocasión de ver sus ojos. Ahora lloraba con los recuerdos con que antes solía reír. Es lo que tienen los cambios y los fines. Cambian el significado de las cosas. Cambian nuestra concepción de las cosas. Su nariz era recta, como las que se ponen los famosos que se operan en clínicas de prestigio. Y su piel solía estar tostada gracias a los largos paseos que daba con ella. No es que ahora se encerrara en su habitación, sólo se encerraba en sí mismo, pero el resultado era pasear menos, es decir, tener la piel más clara.
Siempre había querido envejecer para convertirse en uno de esos ancianos distinguidos con reloj de bolsillo y bastón. Uno de esos abuelitos entrañables que sientan en sus piernas a sus nietos y les cuentan historias que nunca olvidarán. Creyó que con ella todos esos sueños se harían realidad.
Solía tocar el piano por las mañanas, le gustaba despertar a los demás con una bonita melodía. Tenía dos hermanas y un hermano. Pero eso ya qué más da. En Navidades volvía a casa, como el turrón, trayendo consigo una sonrisa imborrable y un Panettone recién hecho. Le gustaba leer, la música y el cine. Tenía gustos corrientes, pero siempre se consideró atípico. Supongo que nos pasa a todos, ¿no?  Nos gusta saber que tenemos algo que, por pequeño que sea, nos diferencia de todos. Algo que nos hace únicos. Algo que nos asegura que no somos ni seremos sustituibles.
La mañana del accidente ella se había echado un poco más de colonia de lo que solía. Aunque, probablemente, esto no tuviera nada que ver con el camión que se les abalanzó. Iban hablando de lo que harían ese verano, cogidos de la mano como dos adolescentes enamorados.
Un trozo de metal cambió su vida. Un trozo de metal rasgó su córnea y le dejó ciego como una tapia. Un trozo de metal le separó del que, según todos, era el amor de su vida. Un trozo de metal y una serie de coincidencias que le hicieron ser la víctima de ese fatal accidente.
Ella salió ilesa. Dentro de lo que cabe. Tuvo fracturas en el cuello y perdió mucho tiempo en el hospital, pero él perdió más. Perdió la visión. Y la perdió a ella. A cambio sólo recibió algún que otro ramo de flores y dinero del seguro. Tarde, mal y nunca.
Pero no fue el accidente lo que cambió su gesto. Fue ese 3 de julio. Fue su marcha. Fue su ¨tenemos que hablar¨. Fueron sus ¨se acabó¨. Fue sentirla salir por la puerta, sin poder ver siquiera si se giró una última vez tras decir adiós.
Él estaba ciego como una tapia desde aquel día. Y loco por ella desde que la conoció. Pero su verdadera locura comenzó mucho después. El 3 de julio.

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