Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

jueves, 22 de septiembre de 2011

Buenas noches, le dijo.

Entró. Había un hombre muy raro dentro, pero ya llegaba un poco tarde y no quería atrasarse más.
-Buenas noches, le dijo. Silencio. Cómo odiaba a los vecinos que no cortaban el silencio tan molesto que se forma en los ascensores. Lo volvió a intentar. -Parece que ha llovido esta noche. ¡Si es que el tiempo está loco!
-Buenas noches.
Se bajó y salió. ¡Qué maleducado y qué raro era ese tipo! Le dio un escalofrío. Quizás debía haber cogido una bufanda. Pensó en tomar un taxi, pero no merecía la pena. No iba tan tarde y así haría un poco ejercicio. Que le vendría muy bien, porque desde que María... Pero no quería pensar en eso ahora. Siguió caminando...

Volvió la esquina, ¿le seguían? No. Falsa alarma. El encapuchado del ascensor al parecer había decidido cambiar de camino. Ya llegaba 20 minutos tarde, todo por culpa de ese hombre tan raro. No era Halloween, ni fin de año ¿quién en su sano juicio podría caminar con esas pintas una noche de martes por Madrid? Sacudió la cabeza, procurando quitarse la imagen de la cabeza. Había quedado con Lucas y Juan, donde siempre. Igual que siempre. En realidad eso de ir todas las noches al mismo bar estaba empezando a cansarle. Con María nunca iba allí. Claro que, desde que María le dejó, cambió mucho su vida. De hecho, empezó a ir a ese bar para "superar" a María. ¡Como si las personas se superasen! Las personas se olvidan, o no. Pero no se superan. Lo que todos llaman superarlas es el momento en que las has olvidado. Y son otros las que te las recuerdan. Pero ya no eres tú quién las recuerda en cada detalle.

Dos manzanas más y habría llegado. Notó el móvil vibrar en el bolsillo de la gabardina. Lo cogió y lo miró. Era Juan. No le apetecía cogerlo, así que lo volvió a guardar. Ya le diría por qué llegaba tarde cuando llegase.
Oyó algo detrás. ¿Eran dos sombras lo que dibujaba esa farola? Paró en seco. Se volvió. Ahí estaba otra vez el encapuchado. Iba a tener unas palabras con ese tipo.

Se encontró cara a cara con la muerte. Le increpó y le exigió que dejara de seguirlo. Y sin dejar a la muerte explicar sus motivos, se volvió y continuó hacia el bar. Se había encontrado cara a cara con la muerte. Pero fue su rutina la que acabó con él.


2 comentarios:

  1. ¡Puff, te lo dije el jueves y no he podido pasarme hasta hoy, qué mal!
    Pues los nombres cuadran perfectamente, tendré que aprender de ti un poco para ponerles nombres a los míos :)
    Me encanta la parte de superar personas: "Lo que todos llaman superarlas es el momento en que las has olvidado. Y son otros las que te las recuerdan."
    La rutina me parece un tema difícil de encasillar, porque sin ella no habría períodos de no-rutina como las vacaciones, y sin ella no aprecias los cambios. Por lo menos es lo que yo pienso. Lo que pasa es que la rutina suele ir acompañada de monotonía, y ésa sí la veo más "mala".
    Me gusta mucho el final, demasiado encasillado e su rutina como para tener tiempo de morirse. Creo que pasa demasiado a menudo :)

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  2. @Kailer: Gracias, no sé. Me vino solo lo de meter nombres, supongo que porque ya había más de dos personajes. Sí, yo creo que es así. Sin darte cuenta, un día te hablan de alguien en quien pensabas a diario. Y sonríes. Porque te das cuenta de que has olvidado :)
    La rutina es un arma de doble filo. Por un lado es útil, para como dices, notar la salida de la rutina. Pero sí, si se hace monótona ya es malo. =)

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