Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

martes, 31 de diciembre de 2013

El chico del abrigo verde.

Me he enamorado de una voz por su timbre y, sobre todo, por las cosas que decía.

El chico del abrigo verde llevaba unos auriculares verde pistacho y un iPhone 5S blanco, metido en una funda verde pistacho. Su abrigo, verde pistacho también. Me lo había cruzado antes en la "Apple Store", y ahora volvía a encontrarle en la parada de autobús.

Su voz, suave. Sus palabras, aún más suaves. Le contaba a su amigo que había preparado unas canciones en el piano para tocarlas esta noche a su familia, pero estaba un poco verde y las llevaba regular. Iban a quedar el jueves, por ejemplo, que hacía mucho tiempo que no se veían y, aunque estaba muy liado con exámenes y clases, ahora que tenía más tiempo le apetecía verle.

Habían comprado una nueva yegua en la organización en la que era voluntario. Mimosa estaba ya muy vieja y a veces daba problemas con los niños, no caminaba o se enfadaba y daba coces. No puedes subir ahí a niños. ¿Le apetecería a su amigo hacerse también voluntario de su organización? Como él (el amigo) tenía experiencia con este tipo de niños... Trataban autistas, sobre todo. ¿Deficiencias motricces? Sí, algunos también tenían deficiencias motrices.

Es que, entre una cosa y otra, hacía un montón que no se veían. Es normal, está muy ocupado entre las clases, el piano, el voluntariado... Pero bueno, ahora acababan de cambiarle el teléfono por uno nuevo y ya había recuperado toda la información. Así que, hasta el jueves, ¿no? ¡Adiós!

¡Ahí va! ¡Hola, Paloma! ¿Cómo estás? ¿Nos vemos mañana? Es que, como se lo dijo el jueves pasado, lo mismo ella ya no quería quedar, o se le había olvidado. Pero tendría que ser tarde, sobre las 8 o así, porque venía su familia y quería estar con ellos también. ¿Sus bombones? Sí, esperaba que estuvieran bien los bombones que le hizo. Mañana se los llevaría. Como el padre de un amigo es hostelero, le enseñó a hacerlos. Pero le costó bastante, se pasó unas 3 horas. Esperaba que merecieran la pena. Que no supieran mal por llevar casi una semana hechos. Sí, mañana se veían. ¡Hasta entonces!

Ya no habló más, nadie le llamó, no llamó a nadie. Se bajó pronto. En el autobús la gente seguía haciendo sumatorios de personas: 4 de Pilar, 4 de Rosa, 5 de Felipe, más la madre... Hacía frío fuera y probablemente ya ni se acuerde de la chica a la que dejó pasar. Pero no todos los días se escucha la conversación de un extraño hasta sentir que lo conoces bien.


domingo, 27 de octubre de 2013

Trucos para ser una chica dura. Capítulo II

Trucos para ser una chica dura (cont):

4.- Si estás sola en casa y tienes muchas ganas de llorar, ponte una mascarilla de las que tienen que dejarse puestas toda la noche. O una crema anti-granos que tenga textura cerámica (de arcilla húmeda, no de jarrón de porcelana). Ponte algo en la cara y vete a dormir. No vas a llorar y estropear los efectos de la crema, ¿no? Podrás irte a dormir sin haber derramado una sola lágrima por los ojos. Si la mascarilla es buena, al día siguiente el resultado bien habrá merecido tragarte las lágrimas. Si ves que ni por éstas las lágrimas van a evaporarse, prueba a poner una rodaja de pepino sobre cada ojo. O dos almohadillas desmaquillantes que absorban todas las lágrimas rebeldes que no logres someter.

5.- Si estás en uno de esos días o, simplemente, eres una de esas personas (sensibles, siendo tu sensibilidad algo bueno); ponles cara de asco a las tragedias. Mejor que te crean desalmada a débil. Un "ajá" o el más duro de los silencios es una buena respuesta si las lágrimas amenazan con inundar los ojos o la garganta con desbordarse de penas. Si quieres consolar a alguien, hazlo por carta, fax, código morse, chat o SMS. Ni por teléfono (llamada de voz o videollamada) ni en persona: podrías derrumbarte al escuchar sus penas. Y eso es justo lo que estamos tratando de evitar.

6.- Ponte colorete. No se puede llorar si llevas colorete. Acabarías pareciendo un payaso diabólico. Las lágrimas harían surcos en lo que supuestamente debían ser tus mejillas sonrojadas y tu maquillaje perfecto acabaría emborronado. Sólo de pensar en los efectos, optarías por tragarte las lágrimas. (Este paso es bastante parecido al paso 1, para las chicas que no usan/necesitan rímmel en las pestañas inferiores)

7.-Lleva siempre gafas de sol en el bolso/la mochila. Son un MUST para las emergencias. ¿Al mal tiempo buena cara? Mejor: haga el tiempo que haga, los ojos llorosos son irreconocibles bajo unas gafas bien grandes. (Aunque debes saber que esta es la última opción. Antes que gafas de sol, debes haber seguido los pasos 1 y 6 para evitar llorar por voluntad propia).

PD: Sé que MUST no es una palabra castellana, pero las chicas duras estamos a la moda y usamos anglicismos no aceptados porque somos tan modernas que sabemos que serán aceptados en el futuro. O no.

martes, 8 de octubre de 2013

Pepinillos

Madurar es dejar de quitarles el pepinillo a las hamburguesas. Que sea verde no quiere decir que sepa mal. Mira si no las aceitunas y el aguacate.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Pertenecer. Lo más prodigioso que tienen los Tiggers.

¡Lo que hay de prodigio en los Tigger,
es lo prodigiosos que son!
¡De goma son sus cabezas!
¡Sus colas de resorte son!
¡Y bailan, brincan, saltan, botan cual jamás se viooooo!

¡Lo más prodigioso que tienen los Tiggers es que no hay más que yo! 
¡Síííííí! ¡No hay más que yo!

I guess we all like to belong sometimes.


Pertenecer: "ser parte integrante de algo". Sólo puedo pensar en el Bernabéu iluminado, vacío pero lleno de espíritu. Lo que más me gustó de esa noche fue asomarme desde la terraza a las gradas y sentirme parte de algo. Pertenecer. No había un alma, hacía frío y era de noche. Y, sin embargo, el estadio vacío era capaz de transmitir las victorias y derrotas celebradas y sufridas en equipo. En grupo. En masa si quieres.

Cuando separas las claras de las yemas para cocinar y juntas las yemas con el azúcar, la mezcla huele tan bien que ni siquiera echándole chocolate mejoras su olor. Supongo que la levadura pertenece a los bizcochos y el chocolate a los brownies.

Perteneced. Vosotros. Pertenece. Tú. A algo, a un coro, a una orquesta, a un equipo de fútbol, a un grupo de amigos, al espíritu de una fiesta. A una persona. Déjate ser. Pertenezco, ¿yo?

Intuyo que el problema es que se les ha perdido el respeto a las lágrimas. O puede que nunca nadie respetara a los que lloran. Pero equiparar sensibilidad con debilidad me parece de cortos de miras. Tantas palabras con las misma terminación que significan cosas muy diferentes, ¿qué puede hacernos pensar que el sensible es débil? Levantan los dedos y señalan entre risas al que llora. Es evolución. No sabe vivir. Se lo ha tomado demasiado en serio.

¿Quién se cree? ¡Llorando en público! ¡Habrase visto semejante estropicio! Y aprendemos a llorar para dentro. Ahogarnos las penas. En soledad. Quizás, con suerte, ahogarnos mutuamente en las penas. Pero siempre en privado.

Los seres humanos somos esponjas emocionales: nuestra capacidad es absorber los estados de ánimos de las historias que presenciamos o nos cuentan o de las personas que tenemos a nuestro alrededor. Si todas las emocionas las absorbes sin dejar escapar in una gota, acabarás empapado en tristezas e incapaz de ver más allá de tus lágrimas, internas, siempre.

Y yo, sinceramente, no sé si está bien o mal sentir. Si es bueno o malo existir. Si debo o no preguntarme tantas cosas los domingos antes de ir a dormir, pero te aseguro que a veces estoy tan tranquila haciendo mi vida cuando me invade un vacío existencial terrible. Y siento que se drenan las lágrimas para dentro, para dentro, para dentro. Se secan las esponjas y la mente se aclara, no hay nubes en el horizonte. (Aparentemente). Pero el pecho empieza a pesar más y más y me doy cuenta de que las penas ahogadas son el peso, y que se han ido demasiado al fondo como para sacarlas estrujándome las historias en la compañía adecuada.

Y a veces temo que se queden ahí para siempre, haciendo su aparición en el momento más (menos) oportuno. Y a veces temo que se quedan. Se quedan. Están. Pertenecen. Me pertenecen, lo quiera o no.

Pero me gusta la lluvia porque puedo saltar sobre los charcos y nadie pregunta por la calle qué estoy cantando; porque nadie pasea cuando llueve. Y luego pienso que todo tiene que ser por hormonas y ya estudiaré sobre ello cuando termine lo que estoy haciendo ahora, porque yo quiero que mis hijas entiendan la pesadez de sus piernas y los agujeros existenciales sin sentido.

Y es probable que no seamos más que las historias que les contemos dentro de 50 años a nuestros nietos, si es que los llegamos a tener. Pero, dime tú, ¿qué pasará con todo lo que he pensado, he vivido, he sufrido, he cantado, he sentido cuando me muera?

Sabía que las experiencias eran finitas y limitadas. Sabía que el tiempo era limitado. Pero me gustaría saber también que todo lo que no es biodegradable de nosotros sirve para algo. O no. Probablemente no. Probablemente da igual si he visto a un niño sonreírme hace un par de días o si tú viste naves en llamas más allá de Orión. Porque, ¿qué será de todo lo vivido después? El niño me olvidará igual que yo he olvidado a todos los extraños con que me he cruzado a lo largo de mi vida. Y yo me olvidaré de tus naves ardiendo. Y dentro de 100 años ni siquiera se sabrá que existimos. Que fuimos. Qué fuimos. ¿Fuimos? Fui(mos). ¿Soy?. ¿Somos?

Aunque, a lo mejor, el problema es una ventaja. A lo mejor que seamos únicos es bueno. Lo es. Tiene que serlo. Seres únicos capaces, sin embargo, de pertenecer a diversos conjuntos.

Y, en cualquier caso, ¿a quién le importan las naves ardiendo cuando tiene una sonrisa querida y un edredón a mano y la lluvia como banda sonora?

domingo, 18 de agosto de 2013

¿Y tú que eres? ¿Pro o anti eucariota?


Se debe leer de arriba abajo, izq a dcha. Si te atreves reacción en cadena. Retruécano. FIFO, just so you know. Nos. No(nagenario). Geranio. Novedad ! Mejillas descoloradas. Mejillón. Escabeche. Punta fina, Roma, Cana, redonda. Córtame. 

Sólo las puntas. Osa. Os. Oh. S. S. S. S. S. 

Integral indefinida. Para de conejo. Azafrán. Raza. Zopenco (,) átate las ideas. ¡Soltad las amarras/amarrás! ¡Soltad los prejuicios! Juez que prejuzga, el único entregado a su oficio fuera de los tribunales. Tribu. Anales. Anales de la historia. Ana, ¿los lees? Ca-lipo(succión). Frigo(horrífico). Cami(nante no hay camino se hace camino al) ¡anda ya! (Orden). Pipa de La Paz. Anda, indio. Pipas Tijuana. Sabor original. 

¿A qué te recuerdan los colores de los pétalos de la flor? Cada pétalo es algo, soluciones abajo. 

20/6/13. Y antes también.

(*En sentido antihorario, empezando por el pie del gigante, que está en blanco*)

Flor, mar, dragón, Princess Bublegum, Navidad, árbol, Halloween. 

sábado, 17 de agosto de 2013

17 de Agosto, llegas un día tarde.

Se me han atrasado un día las lágrimas, es sábado. Y aunque sé que te quiero, creo que. Creo que llueve demasiado poco para tantas penas como quiero derramar. Y es que aparecen sin previo aviso, ¿sabes? Hacía 4 desarreglos emocionales que no escribía de corazón. Escribo, con el corazón en el pecho y las manos en el teclado, que mi sangre me pone mala y si te hablo con el corazón en la mano yo, me pongo mala.

Dime, ¿qué opinas? ¿Existen los "para siempre"? ¿A cuantas cajas vacías estamos del último para siempre?  ¿Existe el amor? ¿Y qué hay de los sentimientos? ¿Cuántos tequieros me quedan por oír? Y, sobre todo, ¿cuándo dejamos de medir el tiempo en canciones?

Este nudo en la garganta se agarra a las ideas y las mete para dentro. Para dentro. Para dentro. Para dentro. Ya sólo me queda entregarme a los libros y reír, y llorar, y reír, y llorar por personas que no existen.

Lloro, ergo siento. ¿Entonces quedamos en que los sentimientos sí existen? Lloro, lo siento. ¿Lo siento? ¿Cómo puedo saber si lo que siento es verdadero si se repite todos los viernes, sin falta?. Hoy es sábado. ¿Hace eso menos real lo que siento?

Mírame y dime que tus sonrisas no me echan de menos, que (no) te creeré. Que no te querré creer. ¿Cómo? Las yemas de mis dedos sólo quieren pasearse por tu pelo pensando qué forma traerá la próxima nube, pero estos recuerdos se están aglomerando en los ojos y no sé qué hacer para sacarlos.

Lo siento, yo no les dije que hoy fuera un buen día para una visita. Los siento, los recuerdos, en mis ojos. De pequeña me extirparon los olvidos y ahora no sé ya qué hacer. Me ahogo. Me derrito. Me consumo. ¿Me extirpas diez litros de pasado, por favor?

Si es así y no llego ni a un cuarto siglo, ¿qué me pasará a los 100?

No sé bien si lo siento. ¿Lo siento? Sé que un día me sentí mal por no sentirme para nada mal por algo que había sucedido. Esa es mi moral. O tal vez sólo otro recuerdo.

Quiero volver a los edredones y los chocolates calientes. Quiero volver a las tardes de lluvia y las noches en vela. Quiero volver a ver las estrellas a las 7 de la tarde, a las 7 de la mañana. Quiero volver a sentir el frío en la cara mientras corro para entrar en calor, para no perder el autobús, para olvidarme de un recuerdo que pretende asaltarme aliándose con las dudas, para tropezar con la piedra, la misma piedra, mi piedra; para reírme como una loca cuando empiece a llover y yo lleve Converse y no tenga paraguas; para que tenga algún sentido hacer pasteles y hornear, con amor, las promesas de un viernes horizontal cualquiera.

Hormonadamente (espero) mía,

Yo.

sábado, 3 de agosto de 2013

Desvaríos.

Sé que son vacaciones porque no sé qué día es hoy, he pasado la tarde haciendo un puzzle y leyendo El Aleph mientras tomaba el sol. Y ahora puedo quedarme despierta hasta las 3 de la mañana si quisiera, y nada pasaría. Mañana podría despertarme a las 5 o a las 12.

Soy completamente libre, en potencia, de hacer lo que quiera. Aunque supongo que sólo en potencia, porque luego acabaré acostándome a horas no intempestivas y levantándome a horas decentes, como buena señorita que soy.

Hoy venía a preguntarme por qué parece que sentimos necesidad de hacer a todos los demás partícipes de nuestra felicidad. ¿Hay alguien que pueda explicarme qué utilidad puede tener una foto tuya besuqueando a tu novio en Facebook?

Que no digo que me parezca mal, cada cual es libre de hacer lo que guste; simplemente, no lo entiendo. A mí me resulta agradable contarles a mis amigos más cercanos lo feliz (o infeliz) que pueda ser en un momento dado. Pero en Facebook, donde puedo tener más de 100 amigos, no sé en qué me beneficia a mí que todos ellos sepan con pelos y señales qué he hecho y con quién.

 ¿Qué harán después, cuando corten? Ese es un momento que me intriga mucho. Algunas parejas, tras cortar, continúan tan amigas. Y mantienen todas sus fotos juntos, sus juramentos de amor eterno y sus declaraciones de amor en imágenes, comentarios o vídeos. Para que las parejas futuras sepan que tuvieron un pasado muy feliz con otro y otra. Y sus hijos, probablemente también. ¿Habéis pensado en eso? Es bastante probable que vuestros hijos se hagan Facebook o Tuiter cuando tengan 12 años. ¡Y verán todo lo que vosotros hacíais o pensabais! Por no hablar de vuestros posibles jefes, maridos o mujeres.

Luego están las parejas que mantienen la amistad virtual por compromiso, porque tienen muchos amigos en común y borrar al ex quedaría mal o porque necesitan constante confirmación vía Fb de que su vida es mejor que la de su ex. Estas parejas borrarán todo lo que les recuerde a su ex, pero se mantendrán de amigos. ¿Para qué? Probablemente para desearse Feliz Cumpleaños, Feliz Navidad y cualquier otro protocolo que consideren necesario más. Pero claro, al haber borrado muchas fotos y comentarios, sentirán la necesidad de subir otros miles de fotos de su vida actual. Son más libres y eso les hace muy felices: comen yogur helado, pasean a su perro que ya hace caca solito, ven una serie y consideran oportuno contar cada capítulo que ven. Como ya dije, necesitan probarles a sus ex-parejas lo felices que son sin ellos.

Por último están los que rompen "mal". (¡Rompen mal! ¡Como si romper fuera bueno! "Sí, sí, yo empecé esta relación con la única intención de romper por las buenas unos cuantos meses más tarde. Así soy yo". ¿Acaso hay alguien así?) Los que rompen mal eliminan a la pareja de todas partes. "Y romperé tus fotos, y quemaré tus cartas" Y te eliminaré de Fb para poder ponerte verde. Para ser justos aquí debo sacar dos clasificaciones posibles: los tristes y los vengativos.

Los tristes empezarán a poner canciones pseudodepresivas y a llorar cuando busquen a su ex y vean que ya ha rehecho su vida. Engordarán (o adelgazarán) unos kilos y la nostalgia será su forma de ver la vida por un tiempo. Los vengativos, los despechados, por otro lado, se dedicarán a demostrar a los demás lo mucho más felices que son ahora. Sólo que han borrado a su ex, así que también podrán criticarle de manera más o menos velada: "cómo me gustan los caballeros como X actor, no como otros [guiño, guiño, codo, codo]"

REHACER LA VIDA. Es una frase muy profunda, ¿no crees? Rehacer la vida. La cosa es que nadie nos dice que la vida se puede rehacer hasta que no ven que la hemos roto. Vivimos unos años pensando que debemos hacerlo todo bien, porque como nos equivoquemos será nuestro final. Y, de repente, un día nos equivocamos del todo, nos deprimimos, pensamos que está todo perdido y llega alguien más iejo (más sabio) y nos cuenta ¡que la vida se puede rehacer! Nada de "a lo hecho, pecho". Puedes cambiar tu vida cuando y como quieras. Lástima que no nos lo digan con 3 años.

Otra cosa que nunca me dejará de sorprender son esas personas que viven con la urgencia de ser felices. Si vas con ellos a algún lugar, no dejarán de correr de un lado a otro. Quieren hacerse fotos con todos los monumentos para poder comprobar en casa que fueron muy felices. Quieren comer carne, pescado y lasaña. Quieren probar todos los postres. Porque su felicidad sólo se logra con estímulos. Cuantos más estímulos, más felices son.

Confieso que yo también fui (tal vez soy) así alguna vez. Sacaba fotos de todo lo que veía. Escribía todo lo que vivía. Y luego, al releer un día mi diario de 4to de primaria, me di cuenta de que había olvidado casi todos esos sucesos. Y, sobre todo, me di cuenta de que ese diario era un bodrio; que yo lo que quería era salir a reírme ahora y no pensar en qué dijo quién o quién dijo qué hace 12 años.

A mí me gusta ser feliz. Pero ser feliz yo. El que sabe, tiene o quiere de verdad no necesita demostrarlo. Porque tiene, sabe o quiere. Y con eso le basta. Eso es lo que yo creo. La satisfacción de tener un cuaderno nuevo, unos pantalones bonitos o una pareja la da el pasar tiempo juntos, disfrutarlo. No creo que la felicidad venga de demostrarles a los demás que eres feliz. ¿Qué clase de felicidad es esa en que, si nadie la ve, no ha sido? He sido mucho más feliz a solas con un libro o una persona, que en multitudes (y también viceversa). A solas, empapándome de lo que ese objeto o persona tenga que ofrecer. Escuchando esa canción o bailándola. La felicidad me la daba el momento, la persona, el lugar, la conversación, los olores. No el enseñarles a 100 conocidos mi cara sonriendo el lunes siguiente.







martes, 18 de junio de 2013

Breve paréntesis en español.

Estaba borrando comentarios de Spam, que por algún motivo no dejan de aparecer en la entrada "Formas de transmitir calor", y estaba pensando en la de formas que hay de hacerme feliz. La de pequeñas cosas que me hacen feliz.

sábado, 15 de junio de 2013

La pera es( )pera.

La pera es( )pera.

Llega puntualmente a su cita: aún quedan tres minutos para la hora. Pasan los segundos, los minutos, las horas y los días. Primaveras derrochadas sin madurar por la espera. Y ella es( )pera. Espera, espera y espera. Ella es( es)pera, de tanto que espera. Desespera. 

Lo cierto es que no sabe bien a quién o a qué. Probablemente todo hubiera sido más sencillo si le hubiera recordado al destino que tenían una cita para ayer a las cuatro. O si se hubiera puesto una flor roja en la camisa para que él la reconociera. 

Madura, en su espera. Y decide que si en dos primaveras más su esperado no aparece, se irá. Esperaba tantas cosas de esa espera. Esperaba una espera provechosa. Esperaba no desesperar. Esperaba no perder las esperanzas. Esperaba demasiado. Y espera, aún. 

Espera. Y espera. ¡Esta chica es la pera!

viernes, 10 de mayo de 2013

B&W

Somos como antimateria encontrándose con materia. Una explosión constante. No somos nada o lo somos todo. Dos veces.

Somos brillo al lado del Sol. Somos un proceso quasiestático realizable; física y experimentalmente realizable. Somos blanco y negro, como la leche y el colacao. Somos el piano y el violín. Somos como el teclado y el ratón, incapaces de salir adelante el uno sin el otro.

Somos como el prólogo y el epílogo. Capítulos de la misma historia. Somos como un par de fuerzas. Compartimos nuestro(s) momentos. Somos como la sal y el azúcar. Idénticamente diferentes. Somos como la cabeza y el corazón, órganos del mismo cuerpo. Como la dinámica y la cinemática, pero trabajando para la misma mecánica. Como las venas y las arterias, trabajando para un mismo corazón. Como células blancas y rojas, glóbulos al servicio de la misma sangre. Como la cara y la cruz; de una misma moneda.

Somos como la clara y la yema del huevo, de un huevo. De la misma célula. Somos dos, un plural singular, una variedad única. Somos la chica que vuelve de fiesta a las siete de la mañana con rímmel corrido y sueño en los ojos y la que acaba de salir de casa para ir a clase, personas, iguales. Somos una rutina nueva cada mañana, innovación y desarrollo de recuerdos. Somos el punto y la i, imprescindibles para decir ti. Somos la cara de invierno y la cara de verano del colchón, del mismo colchón. Somos como un plato cuadrado y uno heredado de la abuela, vajilla al fin y al cabo. Somos como el electrón y el protón, partes indispensables de cualquier átomo.

Somos tú y yo, nosotros.



PD: El ión positivo de hidrógeno no tiene electrones, pero olvidemos por unos minutos esa excepción.
PD1: Hay que decir más cosas bonitas, nunca sabes a quién podrías alegrar el día con ellas.  

lunes, 8 de abril de 2013

Abril

He recuperado la operatividad de ambos orificios nasales y estoy escuchando música (y cantando) así que supongo que me he curado de la gripe número n+5 del año. Y esto es bueno. Lo mejor es que ahora tengo ganas de comer de todo, porque he pasado un fin de semana sin poder tomar ni un vaso de leche sin vomitarlo. Tengo ganas de salir de paseo, de volver a socializar con personas durante horas. Por tener, tengo hasta ganas de pasarme tardes enteras estudiando. Y qué mejor para ello que la semana de Feria.

jueves, 28 de marzo de 2013

Música para retozar.

Música para tus oídos.



He pensado que ya que me lees con más o menos asiduidad tal vez te apetezca escuchar un poco de música. Y ahora que Spotify ha creado su botón, voy a compartir contigo mi lista de canciones "Para retozar". Básicamente, la música que escucho cuando escribo, cuando leo o, simplemente, cuando estoy deambulando sin rumbo alguno por internet. O tumbada en la cama pensando. Música para nada en especial, pero muchas canciones son de mis favoritas.



Ahí tenéis una pequeña (gran) parte de mí en forma de música.

PD: quería haberlas colocado en un "widget" a la derecha, para que estuvieran accesibles desde cualquier entrada pero, al parecer, todavía no se puede hacer eso con Blogger (creo). Si tú sí sabes hacerlo, cuéntame cómo y te ganarás haberme hecho sonreír (Y siempre es bonito hacer sonreír a alguien, ¿no?)

PD2: Me gusta mucho lo blanca que me ha quedado esta entrada. A veces no hay que escribir mucho para decirlo todo, ¿no crees?

martes, 19 de marzo de 2013

De los mocos y otras desgracias.

¿Para qué voy a drogarme pudiendo acatarrarme y sentir los mismos efectos? En el fondo soy una drogadicta. Padezco una terrible adicción. Porque las adicciones se padecen, no se tienen. Se sufren, son malignas. Yo tengo...

sábado, 16 de marzo de 2013

Sobre las decepciones y otros malos usos de la confianza

Una mujer con su perro pequeño. Está parada en un pequeño cruce de peatones que da a una calle por la que apenas pasan coches. El perro está felizmente haciendo caca. Pasan unas chicas a su lado y comentan lo maleducada que es la señora por dejarle defecar en medio de un cruce de peatones.

domingo, 3 de marzo de 2013

Ain't no mountain high enough

¿Y si la música de antes no es realmente mejor (en caso de que eso se pudiera medir objetivamente) y sólo nos (¿nos?) gusta más porque recordamos escenas de películas que también nos gustan más?

sábado, 2 de marzo de 2013

La noche es sueño.

Cierra la puerta, que se me vuelan las ideas. Con patas. Y dos dientes. De león. De ajo. Rugir, de tripas, claro. Crujir, de muelas. El predicado es el sujeto de esta oración. Sujeto, el predicado. Predicado, todo lo demás. Prediquemos. ¿Qué estructura sintáctica dices que tengo que usar para convertir un tú y yo en un nosotros? Que mira quede conjunciones copulativas ya ando harta, yo quiero volver a las oraciones simples, a ser posible con sujeto plural. Él se fue por su cuenta. Ella le dejó. Ellos rompieron. Basta. Vasta. Pasta. Y leer el futuro en el lomo de una vaca. Las vacas no se comen el mundo porque tendrían que regurgitarlo antes de poder terminar de digerirlo y se les rompería la mandíbula al ir a sacarlo. Uno más uno somos nosotros. Tres más dos es aprobar. Tres por dos es aprobar. Uno por uno ya no es plural. ¿Para qué quieres un cepillo (de dientes) si tú no tienes ni un pelo en la lengua? Llámame, a susurros si es posible. Orejas. Eres música para mis papilas gustativas, seda para mis oídos. Amor Made in China, si quieres. Pero vuelve. Orden, o ruego. Qué sé yo. Pero. Manzano.¿Cuántas veces tengo que contar hasta cien antes de que se me fundan los fusibles por altas temperaturas? Bésame con. Lengua. Y literatura. Invierte tu tiempo libre en otras cosas de provecho, no tienes por qué pasar tantas horas leyendo. No. Y un jarrón de la dinastía Ming. Ping y Pong. Playmobil. Madelman. Meccano, con dos cés. Ce de cerebro. Cerebro que tengas un celebro. Candelabro. Calavera. Cigarrilo. Cera.

Al fin y al cabo no todos los sábados es invierno. Dos capuchinos sin café y con mucha espuma. Taza grande, mucha leche y calentitos. Edredón. Amor. Odio. Oído. Cocina. Camarero. Camaleón. A la cama, león. Dientes de. Conejo. Suerte. 4 hojas. Maquinillas de afeitar. Tréboles de cinco hojas Gillete Fusion ProGlide. Y qué más. Muerde. Él no, tú. ¿Sí? Pero acentuado, sin peros que valgan. Si... No. Sí. Sí. Cuidado que te caes. De sueño. De ensueño. Estoy que me caigo de (en)sueño. Trámites para una noche en calma. Rellene el formulario 504 B. Y los 503 formularios anteriores también. Si es tan amable, vuelva usted mañana. Se ha confundido de corazón, esta ventanilla es para las rupturas por distancia. Atracción inversamente proporcional al cuadrado de las distancias. Que si te vas ya no te quiero. Que si te vas ya no me sirves. Me sirvas. ¿Un zumo de naranja? Y una tapa de queso, con ka. Calor latente. Amor latente. Corazón latiente. Tú la tientes. A ella. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Isidoro era un gato. Miau. Decántame una canción. Decántome por un Rioja, tintes afrutados. Se nota un tono de maderas, barriles de la mejor calidad, sin lugar a dudas. Para siempre. Eso nunca.

lunes, 25 de febrero de 2013

Manolo

Antes de empezar a hablar me gustaría pedirte perdón si te llamas Manolo. Y antes de que me digas que decir 'antes de empezar a hablar' ya es empezar a hablar te diré que para ser listillo, te has pasado de listillo. ¡No estoy hablando! ¡Estoy escribiendo! ¡Já! En cualquier caso, no dejes de ser un listillo, me caen bien los listillos así que es probable que me caigas bien. Sobre todo si me adulas mucho y a horas de no adulación (por ejemplo las 3 de la tarde o las 8 de la mañana)

lunes, 18 de febrero de 2013

Sobre las pastillas efervescentes, los medicamentos de sobre y otras muestras de la inherente crueldad humana.

Estoy salva, que supongo que no es poco. Sobre mi sanidad, diré (para los que fueran a hacer la broma) que no estoy sana, pero tampoco insana. Al menos no que yo sepa. ¡Malditos catarros invernales! Si no fuera por ellos dedicaría el 100% de mi capacidad de querer al frío y los elementos invernales. Me resutla curioso hablarte de invierno cuando hace menos de una semana paseaba por el centro en mangas cortas. Pero, qué se le va a hacer, se acerca la Semana Santa y esto es Sevilla. Iba caminando por el centro y no paraba de pensar en la cantidad tan ingente de parejas con que me estaba topando. Y mucha, mucha gente en general. ¿Será porque es jueves? ¿Será porque es el primer jueves de cuatrimestre y a las horas a las que yo salgo de clase otros salen de fiesta? ¿Qué pasará? ¿Por qué hoy? Y no fue hasta que me choqué con un enorme corazón hinchable cuando, por fin, me di cuenta de que ¡era San Valentín! ¡Qué mejor día que un 14 de febrero para salir con tu pareja! Lo curioso (¿adorable?) es que incluso se veían parejas en los sitios más cutres: el bar grasiento de la esquina o las máquinas de comida rápida. Todo el mundo festeja San Valentín porque es lo que se debe hacer, y todos somos muy buenos y obedientes, que para algo nuestras madres nos enseñaron que si no te tomas la fruta a la comida te la comerás a la cena y no probarás las delicias del chocolate hasta hacer desaparecer (gracias a la magia de tus bacterias internas) esa manzana herrumbrosa y fea.

Me dicen que el chocolate será un bien escaso (y, por tanto, caro) dentro de unos 20 o 30 años. No me preocupa, demasiado. Sé que para entonces seré rica y no tendré dificultades para poseer una plantación de cacao y una fábrica (totalmente automatizada) de diferentes tipos de chocolate. Y, si eso no funciona, buscaré a Charlie y me casaré con él a cambio de poder usar (comer) su fábrica tanto como quiera.

Querer es un verbo tan variopinto. Yo quiero a muchas personas, y a ninguna la quiero igual que a los demás. Pero hoy, Aristófanes, hoy yo pensaba en todos los que se precipitan a ser felices, con prisa, con nerviosismo, casi con ganas de demostrarle al mundo que son felices para así poder probárselo a sí mismos y serlo de verdad. ¿Tú qué opinas? Yo en mi cabeza lo tengo como el concepto 'to rush into happiness' y cuando pienso en ellos siempre recuerdo varios casos más o menos cercanos. ¿Sabes ya a quiénes me refiero?

¿No? Bien, te pondré algunos ejemplos. Para empezar están los que necesitan verse felices en 200 fotos antes de volver a casa para poder saber que fueron felices. Y que conste que me gustan las fotos. Pero, no sé, yo soy más de fotos espontáneas. La que le sacas a tu querida hija cuando está montando un puzzle y se muerde la lengua fuera de la boca de lo concentrada que está. La que le sacas a la amiga que ha terminado la carrera cuando está sentada escuchando nombres y sonriendo nerviosa al saber que se acerca el suyo, que ya se ha graduado. ¡Que ya se ha graduado! Fotos como las que captan una mirada cómplice y ajena al fotógrafo. No esas fotos de 'estoy cansado, no tengo ganas de nada, pero o te pones en la foto o me enfadaré porque estamos delante de una fuente muy importante y quiero ver una sonrisa cuando el flash te llegue o ya verás'. YA VERÁS. Qué temible. Cuán terrible.

Ya verás es amenaza. Ya veremos es no. Te lo digo por si no lo sabías, que son lecciones de vida importantes. Sobre todo si tiendes a hacer caso a las personas. 'Ya veremos' ¿Por qué se empeñarán los humanos en dulcificar los 'noes'?

El otro caso de los que viven impacientes por ser felices son aquellas parejas felices para siempre que cortan y luego, ¡Mufayah! ambos quieren una nueva pareja estable a la que querer tanto como a la anterior en menos de un mes. Y yo antes, que tengo que haberle superado antes de que él me supere a mí o seré una desgraciada. Calma, calma. ¿Seguro que es eso lo que quieres? Cuando veo esas cosas ocurrir me confundo mucho. Casi tanto como para herirme a mí misma (pero no, y prometo no repetir ese tan manido chiste más hoy). Veamos, si tanto os queríais antes ¿cómo es que os habéis superado tan rápidamente? ¿Cómo es que buscáis uno nuevo en tan poco tiempo? ¿O es que no os queríais tanto como esas 1000 fotos juntos pretendían probarnos a los demás?

La soltería está infravalorada. Y yo creo que esto es problema de que no te quieres (no os queréis) lo suficiente. Mírame a mí. Con todo lo que me quiero, soy perfectamente feliz sola y perfectamente feliz acompañada. Que sí, que la vida en sociedad tiene sus pros, no seré yo la que te diga que no. Al fin y al cabo, jugar al Risk o al Catán en un grupo de amigos es uno de esos pequeños placeres de la vida. Pero la sociedad no es tan necesaria como quiere hacernos creer.

O crear una escala con la que medir la estupidez como función directamente proporcional al parecido que tenga alguien contigo. Y así. 'Se parece 5 a Guillermito, entonces es 5 de imbécil'. 'Se parece 37 a Pablito, es un imbécil del 37'. Y así, para que luego no pase lo que pasa. Y que nadie diga que no le he avisado.

Yo en el fondo quisiera seguir escribiendo sobre el fin del mundo, que es a lo que me dedico ahora, pero hay un terrible sonido constante que no deja de importunarme, molestarme, incordiarme y cualquier otro sinónimo que se te ocurra. Un ronroneado constante, un taladro diabólico que me haría temer por mi vida y la de todos los pertenecientes a un círculo de centro Yo y radio 1 Km si estuviéramos en guerra. Pero menos mal que no estamos en guerra. ¿Cómo se vive en una guerra? Mucha gente habla de muchas cosas, pero yo estaba pensando en los que se quedan. O sea, en los que están en sus casas, sin apenas alimentos, o con la ropa rota y frío. Y sin saber si X volverá (sano o, por lo menos, salvo) de le guerra. O no. El frío es tan terrible sin abrigos.

Con lo que me gusta a mí hacer tartas, ¿cuántas personas habrán tenido que vivir sin poder desarrollar sus vocaciones, incluso las más tontas? Y nosotros aquí poniéndonos tristes si un día nos mojamos al volver de clase. Cuándo aprenderemos a ver la realidad en su conjunto, a relativizar. No creo que sea necesario viajar a la India o a  África para saber que los hay que viven mucho, mucho, mucho peor que nosotros. No creo que sea necesario vivir la misera para saber que siempre habrá alguien que esté peor y otro alguien que esté mejor. Por eso procuro no estar triste por los problemas que tienen solución. Prefiero ponerme a ponerles solución.

-Un whisky bien cargado, y un balazo en la frente.
¿Es acaso ésa la única solución? No sabría yo qué decirte. Cuán preocupados andamos todos por la muerte, y esto no es ironía. Nos preocupa porque sabemos que existe, pero no en qué consiste. Es un poco como la primera vez que vas al dentista (y lo dice una que aún no ha tenido que pisar por ellos, que para algo me lavo los dientes todos los días desde los 3 años o incluso desde antes, si es que antes ya tenía dientes, que yo qué sé, que todavía no tengo hijos y no me sé esas cosas de cultura maternal, o parental, que tampoco yo quiero herir sensibilidades, ni sensibilidados). Vas al dentista con miedo porque mucha gente ha dicho que duele mucho lo que hace, ¡que se saca dientes! Que mete elementos punzantes en tu boca. Que babeas. ¡Que sangras! Y yo creo que lo que verdaderamente te da miedo es el miedo, el dolor, no el dentista en sí. Al fin y al cabo una bata blanca no da superpoderes. Y con morir pues nos pasa un poco igual. Pero eso no debería ser motivo 'to rush into happiness' ¿O sí? Al fin y al cabo, qué sabré yo.

Había un tema más sobre el que quería hablar, algo que venía pensando en el autobús, pero creo que lo he olvidado. Pienso tantos temas que quiero contarte y luego olvido que ya no sé ni qué he dicho en 'voz alta' y qué he pensado para mí. ¿Tú qué opinas, Mandarino? ¿Lo dejamos aquí o divagamos un poco más sobre el poder de mirar a los ojos?

Porque el único motivo por el que aún no me he puesto un termómetro es porque temo que, de hacerlo, si me dice que tengo fiebre, mi sentido de la responsabilidad se relajará y mañana irá a clase de 8:30 hasta las 21:00 alguien que no sé quién será, pero desde luego que yo no. Es mejor ignorar los síntomas del resfriado, beber frenadol cual valiente y seguir adelante.

Y dime, ¿quiénes son los que deciden el sabor de los medicamentos? Porque me gustaría decirles una cosa. ¿Qué clase de naranjas han tomado en su infancia? El frenadol NO SABE A NARANJA. Sabe al asco que te producirá al tragarlo. Pero, desde luego  no sabe a naranja. Al menos no a las naranjas que he tenido el gusto de tomar. Admitiré que puede que sea que mi paladar sea demasiado exquisito (¿ves cuánto me quiero?) y que, por culpa de esta genialidad evolutiva que he tenido la desgracia de padecer, las cosas no exquisitas me sepan mal. Al fin y al cabo siempre he sido la primera en mi familia en darme cuenta de cuándo algo empezaba a saber mal. Como el pan bimbo, que sustituímos por Panrico tras un mes sin que yo tomara porque ya sabía mal pero que fue necesario para que mis padres se percataran del cambio de su sabor. Y con la leche Carrefour (de antes, la de ahora sabe bien de nuevo) igual. También odiaba el sabor del Febrectal y el del Ceclor. De hecho, adoro al desconocido inventor de los medicamentos en pastillas. Insípidos. El Ceclor jamás supo a fresa. Las fresas no saben ni por asomo a lo que sabía el Ceclor. Y el otro medicamento infantil, ese naranjita con sabor a ''''''naranja'''''', tampoco sabía a naranja. De hecho y, si me apuras, el único medicamente cuyo sabor me gustó en mi infancia fue un jarabe que olía muy mal y venía en un tarro marrón con una cuchara de plástico doble (por un lado una cuchara más pequeñita y por otro una más grande) y que sabía a plátano.

¡Como lo oyes! ¡A plátano! Claro que también puede que sea simplemente alguien de gustos raros. Mi yogur favorito era el de plátano, y el de macedonia. Pero no me gusta comerlos fríos. Saben menos. A mí me gusta sacarlos fuera antes de comer y comérmelos tras dos horas a temperatura ambiente cuando la temperatura ambiente son unos 25 o 27 grados.

Pero, tranquilo, no soy tan (tan, tan) pija a la hora de comer. Y como soy bien educada, si no estoy en casa me como lo que sirvan en mi plato con una sonrisa y diciendo que está muy rico.

¿DÓNDE ESTÁ LA SEPARACIÓN ENTRE SER BIEN EDUCADO Y MENTIR? ¿Protocolo o falsedad? ¿Cuántos antes que yo se habrán planteado sin éxito esta pregunta sin respuesta? A mí me gusta decirle a la gente lo que me gusta de ellos. Suelo decir 'me gusta tu vestido/camiseta/bolso' o 'estás muy guapo hoy/te queda muy bien ese color/corte de pelo/camisa'. Pero sólo lo digo cuando sale de mí decirlo porque lo creo así. Y creo que es importante decirlo porque creo que hay que decir las cosas buenas. Mejor decirlas que arrepentirnos por no haberlo hecho. Sin embargo el problema me viene cuando llegan las preguntas directas: '¿Estoy guapa?' Doy gracias a que no suelo recibir esas preguntas de personas con las que no puedo o quiero o debo ser totalmente sincera.

El problema de la educación es que es complicada. Porque por un lado tienes a tu padre que te dice que no se debe mentir. Pero por otro lado tu madre te regaña si cuando la vecina te pregunta eso de '¿me quieres dar un beso, guapa?' respondes con un 'no'. Porque, claro que no quieres, ¿cómo ibas a querer darle un besito a una total desconocida? Pero no está bien decir eso. Es MALEDUCADO. Y nadie quiere ser maleducado. Mal, quita, quita. Quieta. Lo que es malo es malo. ¡Menudo descubrimiento! ¡De aquí a Platón del siglo XXI en menos que croa una rana.

Es muy confuso todo, por eso lo mejor suele ser estar callado.
¿Estoy guapa? Y pones sonrisa de circunstancia. Si se quiere asumirá que es un sí y que eres perezosa con los cumplidos. Si no se quiere le preguntará a otro hasta reafirmar su ego.
¿Me quieres dar un besito? Ladeas la cabeza y sonrisa de circunstancia. Ya vendrá ella a dártelo si tiene tantas ganas. Y no habrás tenido que mentir, que está muy mal.

En definitiva, Mandarino, no sé qué más contarte hoy. Porque, o te cuento todo, o no te cuento nada. Pero ya no son horas de divagar, sobre todo siendo 30 de febrero del año de la sequía mundial y teniendo que ir a clase mañana. Y que imprimir apuntes. Y que preparar bártulos. Y que... Mandarino, ¿me quieres? Yo a ti no, pero sólo porque eres un objeto inanimado y me tengo prohibido querer a los objetos inanimados. Espero que tú sí me quieras mientras te alimente de archivos nuevos y corriente eléctrica. Al fin y al cabo es lo que hacen los buenos dueños de discos duros. Y yo, además, te saco a conocer portátiles y archivos nuevos un par o cuatro veces al año. Si es que soy toda amor.

Dulces días, recemos porque el frenadol no me quite a base de asco más años de vida de los que me da a base de 'curarme' el catarro.

sábado, 2 de febrero de 2013

Trucos para ser una chica dura. Capítulo I.

Trucos para ser una chica dura:

1.- Píntate las pastañas inferiores a diario. Y si te queda bien el lápiz de ojos por abajo, también póntelo. Póntelo incluso los días en que te despiertes más triste. Saber que de echarte a llorar se te correría, te impedirá llorar. Y cuando te sientas muy triste, sólo de pensar en lo nefasto que sería dejar ver a los demás que has llorado (quedaría bien claro con tu rímmel corrido unido a tus ojos rojos e hinchados) se te quitará la posibilidad (nada es milagroso, para saber cómo quitarte las ganas de llorar tendría que conocerte)

2.- Ponte tacones. Muy altos. O botas. Muy grandes. A diario. Los tacones te separarán un poquito (¿más?) de la realidad y ampliarán la longitud de tu zancada, permitiéndote huir más rápida de los recuerdos o las realidades que quieras evitar. Las botas, en cambio, te permitirán machacarlos bien siempre que se decidan a salir a flote. Que no quede uno vivo, eres una chica dura.

3.- Haz creer a todos los demás que eres tonta y superficial. Cuando pase algo triste, quédate callada tratando de tapar tu nudo en la garganta o de devolver a su embalse las lágrimas que amenazan con inundar de un momento a otro tus párpados. Cuando alguien pregunte algo, también quédate callada. Nadie te contará sus problemas y tu vivirás en la más feliz de las ignorancias.

domingo, 6 de enero de 2013

365 días de Kindle

Hace un año, los Reyes Magos me regalaron un Kindle. He de reconocer que siempre había defendido el libro de papel. Hasta que descubrí las maravillas del e-book.

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