Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

domingo, 18 de agosto de 2013

¿Y tú que eres? ¿Pro o anti eucariota?


Se debe leer de arriba abajo, izq a dcha. Si te atreves reacción en cadena. Retruécano. FIFO, just so you know. Nos. No(nagenario). Geranio. Novedad ! Mejillas descoloradas. Mejillón. Escabeche. Punta fina, Roma, Cana, redonda. Córtame. 

Sólo las puntas. Osa. Os. Oh. S. S. S. S. S. 

Integral indefinida. Para de conejo. Azafrán. Raza. Zopenco (,) átate las ideas. ¡Soltad las amarras/amarrás! ¡Soltad los prejuicios! Juez que prejuzga, el único entregado a su oficio fuera de los tribunales. Tribu. Anales. Anales de la historia. Ana, ¿los lees? Ca-lipo(succión). Frigo(horrífico). Cami(nante no hay camino se hace camino al) ¡anda ya! (Orden). Pipa de La Paz. Anda, indio. Pipas Tijuana. Sabor original. 

¿A qué te recuerdan los colores de los pétalos de la flor? Cada pétalo es algo, soluciones abajo. 

20/6/13. Y antes también.

(*En sentido antihorario, empezando por el pie del gigante, que está en blanco*)

Flor, mar, dragón, Princess Bublegum, Navidad, árbol, Halloween. 

sábado, 17 de agosto de 2013

17 de Agosto, llegas un día tarde.

Se me han atrasado un día las lágrimas, es sábado. Y aunque sé que te quiero, creo que. Creo que llueve demasiado poco para tantas penas como quiero derramar. Y es que aparecen sin previo aviso, ¿sabes? Hacía 4 desarreglos emocionales que no escribía de corazón. Escribo, con el corazón en el pecho y las manos en el teclado, que mi sangre me pone mala y si te hablo con el corazón en la mano yo, me pongo mala.

Dime, ¿qué opinas? ¿Existen los "para siempre"? ¿A cuantas cajas vacías estamos del último para siempre?  ¿Existe el amor? ¿Y qué hay de los sentimientos? ¿Cuántos tequieros me quedan por oír? Y, sobre todo, ¿cuándo dejamos de medir el tiempo en canciones?

Este nudo en la garganta se agarra a las ideas y las mete para dentro. Para dentro. Para dentro. Para dentro. Ya sólo me queda entregarme a los libros y reír, y llorar, y reír, y llorar por personas que no existen.

Lloro, ergo siento. ¿Entonces quedamos en que los sentimientos sí existen? Lloro, lo siento. ¿Lo siento? ¿Cómo puedo saber si lo que siento es verdadero si se repite todos los viernes, sin falta?. Hoy es sábado. ¿Hace eso menos real lo que siento?

Mírame y dime que tus sonrisas no me echan de menos, que (no) te creeré. Que no te querré creer. ¿Cómo? Las yemas de mis dedos sólo quieren pasearse por tu pelo pensando qué forma traerá la próxima nube, pero estos recuerdos se están aglomerando en los ojos y no sé qué hacer para sacarlos.

Lo siento, yo no les dije que hoy fuera un buen día para una visita. Los siento, los recuerdos, en mis ojos. De pequeña me extirparon los olvidos y ahora no sé ya qué hacer. Me ahogo. Me derrito. Me consumo. ¿Me extirpas diez litros de pasado, por favor?

Si es así y no llego ni a un cuarto siglo, ¿qué me pasará a los 100?

No sé bien si lo siento. ¿Lo siento? Sé que un día me sentí mal por no sentirme para nada mal por algo que había sucedido. Esa es mi moral. O tal vez sólo otro recuerdo.

Quiero volver a los edredones y los chocolates calientes. Quiero volver a las tardes de lluvia y las noches en vela. Quiero volver a ver las estrellas a las 7 de la tarde, a las 7 de la mañana. Quiero volver a sentir el frío en la cara mientras corro para entrar en calor, para no perder el autobús, para olvidarme de un recuerdo que pretende asaltarme aliándose con las dudas, para tropezar con la piedra, la misma piedra, mi piedra; para reírme como una loca cuando empiece a llover y yo lleve Converse y no tenga paraguas; para que tenga algún sentido hacer pasteles y hornear, con amor, las promesas de un viernes horizontal cualquiera.

Hormonadamente (espero) mía,

Yo.

sábado, 3 de agosto de 2013

Desvaríos.

Sé que son vacaciones porque no sé qué día es hoy, he pasado la tarde haciendo un puzzle y leyendo El Aleph mientras tomaba el sol. Y ahora puedo quedarme despierta hasta las 3 de la mañana si quisiera, y nada pasaría. Mañana podría despertarme a las 5 o a las 12.

Soy completamente libre, en potencia, de hacer lo que quiera. Aunque supongo que sólo en potencia, porque luego acabaré acostándome a horas no intempestivas y levantándome a horas decentes, como buena señorita que soy.

Hoy venía a preguntarme por qué parece que sentimos necesidad de hacer a todos los demás partícipes de nuestra felicidad. ¿Hay alguien que pueda explicarme qué utilidad puede tener una foto tuya besuqueando a tu novio en Facebook?

Que no digo que me parezca mal, cada cual es libre de hacer lo que guste; simplemente, no lo entiendo. A mí me resulta agradable contarles a mis amigos más cercanos lo feliz (o infeliz) que pueda ser en un momento dado. Pero en Facebook, donde puedo tener más de 100 amigos, no sé en qué me beneficia a mí que todos ellos sepan con pelos y señales qué he hecho y con quién.

 ¿Qué harán después, cuando corten? Ese es un momento que me intriga mucho. Algunas parejas, tras cortar, continúan tan amigas. Y mantienen todas sus fotos juntos, sus juramentos de amor eterno y sus declaraciones de amor en imágenes, comentarios o vídeos. Para que las parejas futuras sepan que tuvieron un pasado muy feliz con otro y otra. Y sus hijos, probablemente también. ¿Habéis pensado en eso? Es bastante probable que vuestros hijos se hagan Facebook o Tuiter cuando tengan 12 años. ¡Y verán todo lo que vosotros hacíais o pensabais! Por no hablar de vuestros posibles jefes, maridos o mujeres.

Luego están las parejas que mantienen la amistad virtual por compromiso, porque tienen muchos amigos en común y borrar al ex quedaría mal o porque necesitan constante confirmación vía Fb de que su vida es mejor que la de su ex. Estas parejas borrarán todo lo que les recuerde a su ex, pero se mantendrán de amigos. ¿Para qué? Probablemente para desearse Feliz Cumpleaños, Feliz Navidad y cualquier otro protocolo que consideren necesario más. Pero claro, al haber borrado muchas fotos y comentarios, sentirán la necesidad de subir otros miles de fotos de su vida actual. Son más libres y eso les hace muy felices: comen yogur helado, pasean a su perro que ya hace caca solito, ven una serie y consideran oportuno contar cada capítulo que ven. Como ya dije, necesitan probarles a sus ex-parejas lo felices que son sin ellos.

Por último están los que rompen "mal". (¡Rompen mal! ¡Como si romper fuera bueno! "Sí, sí, yo empecé esta relación con la única intención de romper por las buenas unos cuantos meses más tarde. Así soy yo". ¿Acaso hay alguien así?) Los que rompen mal eliminan a la pareja de todas partes. "Y romperé tus fotos, y quemaré tus cartas" Y te eliminaré de Fb para poder ponerte verde. Para ser justos aquí debo sacar dos clasificaciones posibles: los tristes y los vengativos.

Los tristes empezarán a poner canciones pseudodepresivas y a llorar cuando busquen a su ex y vean que ya ha rehecho su vida. Engordarán (o adelgazarán) unos kilos y la nostalgia será su forma de ver la vida por un tiempo. Los vengativos, los despechados, por otro lado, se dedicarán a demostrar a los demás lo mucho más felices que son ahora. Sólo que han borrado a su ex, así que también podrán criticarle de manera más o menos velada: "cómo me gustan los caballeros como X actor, no como otros [guiño, guiño, codo, codo]"

REHACER LA VIDA. Es una frase muy profunda, ¿no crees? Rehacer la vida. La cosa es que nadie nos dice que la vida se puede rehacer hasta que no ven que la hemos roto. Vivimos unos años pensando que debemos hacerlo todo bien, porque como nos equivoquemos será nuestro final. Y, de repente, un día nos equivocamos del todo, nos deprimimos, pensamos que está todo perdido y llega alguien más iejo (más sabio) y nos cuenta ¡que la vida se puede rehacer! Nada de "a lo hecho, pecho". Puedes cambiar tu vida cuando y como quieras. Lástima que no nos lo digan con 3 años.

Otra cosa que nunca me dejará de sorprender son esas personas que viven con la urgencia de ser felices. Si vas con ellos a algún lugar, no dejarán de correr de un lado a otro. Quieren hacerse fotos con todos los monumentos para poder comprobar en casa que fueron muy felices. Quieren comer carne, pescado y lasaña. Quieren probar todos los postres. Porque su felicidad sólo se logra con estímulos. Cuantos más estímulos, más felices son.

Confieso que yo también fui (tal vez soy) así alguna vez. Sacaba fotos de todo lo que veía. Escribía todo lo que vivía. Y luego, al releer un día mi diario de 4to de primaria, me di cuenta de que había olvidado casi todos esos sucesos. Y, sobre todo, me di cuenta de que ese diario era un bodrio; que yo lo que quería era salir a reírme ahora y no pensar en qué dijo quién o quién dijo qué hace 12 años.

A mí me gusta ser feliz. Pero ser feliz yo. El que sabe, tiene o quiere de verdad no necesita demostrarlo. Porque tiene, sabe o quiere. Y con eso le basta. Eso es lo que yo creo. La satisfacción de tener un cuaderno nuevo, unos pantalones bonitos o una pareja la da el pasar tiempo juntos, disfrutarlo. No creo que la felicidad venga de demostrarles a los demás que eres feliz. ¿Qué clase de felicidad es esa en que, si nadie la ve, no ha sido? He sido mucho más feliz a solas con un libro o una persona, que en multitudes (y también viceversa). A solas, empapándome de lo que ese objeto o persona tenga que ofrecer. Escuchando esa canción o bailándola. La felicidad me la daba el momento, la persona, el lugar, la conversación, los olores. No el enseñarles a 100 conocidos mi cara sonriendo el lunes siguiente.







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