Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

viernes, 20 de abril de 2012

¿Quién cuenta las estrellas?

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... ¿Esa la he contado? Creo que no la he contado. Ocho, no, no, sí la conté. Siente, ocho, nueve... Definitivamente esa no la he contado. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce... Treinta y siete. Treinta y siete estrellas hay en el firmamento esta noche.
La ventaja de ser miope, que las estrellas son finitas, si tienes algo de paciencia. Hay muchas que no existen. Al menos a mis ojos. Sé que están ahí porque si escudriño con fijeza puedo ver zonas algo más claras. Borrones blanquecinos. Tampoco las 37 que he contado las veo nítidas, pero esas llegan a ser tan grandes como para verlas sin tener que fijar la vista.

¿Qué hay después de la muerte? No lo sé, pero sé que cada noche, cuando miro las estrellas, me acuerdo de ti. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? No lo sé. Y dudo que nunca llegue a saberlo a ciencia cierta. Pero me gusta mirar las estrellas. Me traen recuerdos. La lluvia de estrellas de San Lorenzo, como cada verano. Me gusta bajar del autobús y ralentizar el paso hasta convertir los diez minutos que separan mi casa de la parada en 20 minutos. Y mirar, sólo mirar. Sólo mirar, al techo y sentir el frío en las orejas y las mejillas mientras camino. Sólo mirar al techo durante 10 minutos hechos 20. Digo techo, como si hubiera algo por encima de él. Porque, no lo hay ¿no? Me cuesta imaginar un universo limitado. 'Se vuelve sobre sí mismo, no tiene fin'. Sin embargo, me resulta igualmente difícil imaginar una extensión de espacio infinita. Infinita, como las estrellas. Será que soy miope.

Estirar el cuello, tanto como puedo. Y contarlas. ¿Quién cuenta las estrellas? Uno de esos libros que lees con 12 años y te hacen pensar. Pensar mucho. Supongo que no era más que otra historia sobre nazis y judíos, otra historia más de entre los cientos de miles que sucedieron. De entre los cientos de millones que se pudieron inventar. Una historia más. Creo que las estrellas nos recuerdan lo minúsculos que somos, a su lado, y por eso me hacen pensar en ti. Y en otras cientos de cosas inevitables.

¿Alguna vez has pensado en todos los libros que no podrás leer jamás? ¿En todas las cosas que jamás sabrás? ¿En todo el tiempo que no tendrás para conocer cientos de personas que no conocerás? Que, tal vez, sean más afines a ti, o te hagan reír más, o te hubieran dado una visión de la vida diametralmente opuesta a la que tenías. Y nunca los conocerás. Este año los recuerdos que aún conservo se han hecho más nítidos. No sé bien el motivo. No recuerdo haberme dado ningún golpe fuerte. Al menos no de manera consciente. Este año me he dado cuenta de todo el tiempo que ha pasado. Empiezo a comprender el valor del tiempo. Que sólo pasa una vez. Que sólo pasa una vez. Me cuesta asumir que sólo viviré una de las cientos de miles de vidas posibles. Y no es que me arrepienta del pasado. Creo que no sería quien soy si hubiera cambiado algo de lo que hice, y me gusta ser quien soy. Es la idea de todo lo que no podré ser jamás la que me sobrecoge.

Una, dos, tres, cuatro... Casi me choco con una farola. Menos mal que mis reflejos por ahora están en forma, y nunca he tenido accidentes mirando las estrellas. Una, dos, tres... 38, creo, ahora ya no estoy segura. Tal vez debería contar una última vez, hace tan buena noche... Una, dos, tres, cuatro... ¿Será la felicidad tan infinita como las estrellas?

4 comentarios:

  1. Adoro como escribes

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  2. Me halagas :$ Yo adoraría aún más saber quién eres :)

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    1. Quizás cuando termine de leerme todo tu blog :)

      Todos hemos intentado contar estrellas en algún momento de nuestra vida yo siempre me perdía en cuántas llevaba.

      Las estrellas evocan sonrisas y lágrimas, recuerdos y sentimientos, pero sobre todo te hacen sentir despreciable ante la inmensidad del firmamento.

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    2. Aguardo ansiosa. La ventaja de ser miope es que las estrellas se hacen contables. Pero sí, a su lado todos somos infinitesimales.

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