Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

domingo, 4 de noviembre de 2012

(Im)personal

No soy escrupulosa ni quejicosa (o al menos así me gusta describirme), pero hay cosas que me parece que son personales y que, por tanto, debo hacerlas yo sola.
Quiero decir, ¿qué puede haber más personal que remover tu McFlurry? Una vez compré un McFlurry de chocolate blanco con Oreo y el vendedor, antes de dármelo, removió dos veces con la cuchara. Como quiero ser pacífica, hice como si nada y me comí mi helado pensando que ese hombre había violado mi privacidad, probablemente sin quererlo, y ahora mi helado había sido removido por un extraño. Me gusta remover mi propio helado porque soy de ésas que se comen primero gran parte de lo blanco sin condimento alguno y luego remueven cuando queda poco 'helado', para que éste sepa más a chocolate y KitKat o a dulce de leche y Smarties.

Pero ésa no es la única violación de la privacidad existente. Ayer, sin ir más lejos, ¡alguien apagó una cerilla encendida por mí! Con lo personales que son las cerillas. Si yo la he encendido, ¡yo tengo el derecho sobre su apagado! El apagado de las cerillas es un tema muy íntimo. La dejas consumir los escasos mm de madera que quedan hasta tus dedos y, cuando no puedes soportar más el calor y tus yemas corren el riesgo de quemadura de segundo grado, la acercas a los labios y soplas. No se me ocurre un detalle más bonito que cederle a alguien, desinteresadamente, el apagado de tu cerilla. Yo, cuando me la apagaron, me quejé. 'Bueno, pues enciende otra' ¡Cómo voy a encender otra! ¡Eso sería admitir que las cerillas son importantes para mí! Y nadie admite públicamente la importancia que les da a los temas íntimos, de ahí su intimidad.

Es lo mismo que si alguien chupara tu tapa de las natillas. A todos nos da igual dar una cucharada de nuestras natillas. O dos, o tres. Pero, ¿la tapa? No, no, eso es algo personal e intransferible. Si son mis natillas, esos mg de amarillo placer son míos.

Aunque, no te creas, yo todo esto lo cuento porque le pasa a una amiga mía que es muy rarita. Yo a esas cosas no les doy importancia. Lo prometo. De verdad.

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