Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

martes, 28 de agosto de 2012

La (adjetivo cualquiera) historia de Harina

Como buen 28 de agosto que es hoy, ya van cuatro intentos fallidos de escribir una entrada en la que decirlo todo, sin decir nada y quedarme satisfecha en el proceso. Así que, dado que me veo incapaz, en su lugar te contaré la historia de la hogaza holgazana. Cabe mencionar que esta historia no podría haber sido desarrollada sin la inestimable ayuda de @Tuchi16 (Pensamientos y algo que decir), el ser más perfecto que jamás conocerás.

Harina no sabía que la harina, cuando crece, se transforma. Harina era una pequeña planta de trigo en medio de un campo precioso. Cielo azul o de tormenta, ella y todas sus hermanas y amigas cubrían colinas tiñéndolas de oro y haciéndolas relucir al sol. Eran la envidia de los campos de amapolas y girasoles que las rodeaban. Porque a ellas siempre las regaban primero, porque, al estar en las colinas de mayor altitud, se llevaban los primeros rayos de sol y le veían ascender y descender antes que ningún otro.

Harina era la más espabilada de sus hermanas. Nunca conoció a sus padres, pero todas las que la rodeaban le dijeron desde pequeñita que, para ellas, eso era normal. Las espigas de Harina eran las más doradas. Cada noche se desperezaba con los últimos rayos de sol para después encogerse ligeramente y dormir 9 horas, que con menos una no conserva la belleza.

Al despertar se esmeraba al máximo en tomar el máximo sol posible y crecer con espigas sanas y fuertes. ¿Qué más se le puede pedir al trigo? ¿Peras? Esforzándose tanto, no tardó demasiado en destacar por alta, por guapa y por dorada. Todos los que pasaban por esas colinas la señalaban 'Mira, mamá, mira esa de ahí, qué alta y bonita es, ¿no crees que es la más bonita que hemos visto en cualquier año?'

Y Harina cometió un gran error: se lo creyó. Se creyó que podría vivir de sus espigas relucientes y su melena dorada. Y se hizo presumida. Empezó a despertarse tarde, dejó de cuidar sus espigas... Total, seguía siendo la más bonita de la colina.

Un día, como suele pasar, llegó el tiempo de segar todo ese trigo y recolectar las espigas. Harina estaba nerviosa. Había dejado de hablar con las plantas más ancianas porque ella era demasiado guapa como para interesarse por sus historias de viejas. Se había pasado un semestre mirándose en el iris de los pájaros que pasaran y admirándose en cada reflejo, en cada sombra. Habían pasado los meses y ella era la más guapa, pero no sabía nada. Hablar de unas espigas vacías sería mentir, las suyas eran las espigas con las semillas más grandes de la colina.

Harina estaba muy nerviosa. Preguntó a Espigada, su amiga de la infancia. Pero ahora era Espigada la que no quería nada con Harina. Si eres hombre, puede que estés pensando eso de 'cómo son las mujeres'. Sí, algunas mujeres son así. Pero ojo, estamos hablando de plantas de trigo, no de mujeres. Espigada se hizo la sorda (literalmente, una actitud muy propia de las plantas de trigo que, supongo, no tienen manera de escuchar). Y también se hizo la sorda figuradamente.

Ni siquiera la anciana y bonachona Triticumia se dignó a contarle qué era esa máquina que sonaba tanto y no les dejaba ver correctamente el sol. Entonces, Harina, que cada vez estaba más angustiada, se echó a llorar. El llanto de las plantas de trigo es bastante molesto. Un pitido agudo y desafinado parecido a las primeras notas que tocan los niños cuando empiezan a aprender a tocar el violín. Las plantas de trigo, como es normal,  detestan este sonido, así que, cuando Harina empezó a llorar, Trigalina decidió que olvidaría todas las miradas de desdén que de Harina había recibido y le contaría qué les iba a suceder ahora.

-Tranquila, Harina, sólo nos van a cosechar para hacer luego otros productos con nosotras. No tienes que preocuparte, sólo notarás como un pinchazo y, cuando menos te lo esperes, estarás en un mundo totalmente nuevo.

De forma que Harina se tranquilizó.




Cuando despertó, estaba deshojada, si es que se pueden llamar hojas a las espigas. ¿Estaba desespigada? Si no existe el término, lo creo yo ahora, que es una palabra muy necesario en mi vocabulario actual. Hacía mucho viento en ese sitio tan raro y sonoro. No, no era viento, porque nada soplaba, pero ella sentía brisa. Ah, sí, era el suelo. El suelo se movía bajo sus semillas. ¡EL SUELO SE MOVÍA! ¿Desde cuándo podía el suelo moverse? No sé si sois capaces de imaginar el susto que debió de sentir la pobre y maltrecha Harina cuando, después de una vida de completo sedentarismo, el suelo se movía rápidamente bajo sus brillantes semillas.

Tras varios metros de movimiento, logró acostumbrarse. Bien, la estaban moviendo hacia algún lado. Ahora sólo debía adivinar hacia dónde. Todavía le funcionaba el cerebro. Cuando a las plantas de trigo se las siega, no pierden la cabeza, porque nunca tuvieron una. Es lo bueno de ser trigo, que aunque te desmiembren, sigues siendo tú.

Pasaron las horas, Harina estaba muy confusa. (¿Tanto que casi se hiere a sí misma? ¿Tú también lo has pensado? ¡Qué tremendo influjo ha ejercido Pokémon sobre vosotros! Y uso influjo porque es una palabra que no suelo usar en mi día a día y me gusta mucho). Se despertó en un lugar muy caliente. La habían golpeado, trillado, molido y amasado. Y ahora la quemaban. Bueno, no la quemaban, pero ahí hacía tanto calor que ella se estaba acalorando (que es lo que suele pasar cuando hace mucho calor) y se le estaban hinchando las venas de la frente.

No, sí, sí. Sí la estaban calentando. Ay, y cada vez más. Qué calor. Harina lo pasó fatal en aquel horno. Ese día Harina se hizo hogaza. Había madurado, un poco, a base de golpes. Pero los años de sabática dejadez habían hecho mella en su descolocado y trillado (nunca mejor dicho, un trigo trillado) cerebro y todavía conservaba ese espíritu vago y alocado de los trigos vividores. Casi inmediatamente empezaron a conocerla como La Hogaza Holgazana.



No es que hiciera mucho por ganarse ese mote. Fue precisamente su no hacer nada el que le labró su mote. Mientras todas las demás hogazas se adecentaban cuando entraban clientes en la tienda, ella se limitaba a tumbarse al fondo del cajón enfurruñada con el mundo por haberle quitado sus brillantes espigas y haberla convertido en un trozo de ¡pan!

Pero, un día (un día diferente al un día que mencioné unos párrafos más arriba), alguien entró y pidió una hogaza de pan. Y cuál no sería la sorpresa de Harina cuando Juan, el panadero, la eligió a ella. La cogió para quitársela ya de en medio ya que, aunque el pan de pueblo aguanta 10 días (o eso me dice siempre el hombre que lo vende en mi pueblo), Harina ya llevaba con él 2 días seguidos. Y eso no podía seguir así.

Catherine era una mujer como tú y como yo (o sólo como yo si tú eres hombre o NS/NC). Compró su pan, unos tomates y queso y se fue a casa. Esa noche iban a cenar todos juntos. Desde la bolsa de papel, Harina contemplaba el cielo. Lo que más le llamó la atención fue que el cielo de aquél desconocido lugar era idéntico al cielo de la colina de su infancia. Ahora era una hogaza (holgazana) hecha y redonda y no podía llorar. Pero eso no quitaba que siguiera teniendo miedo.

Catherine cortó los tomates, lavó la cebolla y troceó el jamón. El jamón ya lo tenía en la nevera de antes, y las cebollas también, listo, que eres un listo y ya ibas a pensar que me había dejado otro detalle más en el teclado. Cogió a Harina y la partió por la mitad. Tomate frito, queso, rodajas de tomate, cebolla, pimientos, anchoas, jamón y queso rallado (rallado con rallador, no rallado de preocupado por algo y sin saber qué hacer hasta que llegue su amigo el parmesano y le diga 'No te rayes, tío'). Y metió las dos mitades de Harina al horno.




Media hora a 180ºC. Olía toda la casa.

Y así fue como Harina pasó de ser una bella y trabajadora planta de trigo a una Hogaza Holgazana y, finalmente, un Pan-nini (ni estudia ni trabaja). Y así os lo he contado. La moraleja del cuento es bien sencilla: si naces en medio de un trigal, lo más probable es que seas planta de trigo. Si eres planta de trigo, probablemente acabarás convertido en pan o derivados, y alguien te comerá. Es decir, que si naces trigo tu vida es chunga.



PD: La foto de la hogaza de pan viene de: http://www.deliciosidades.com/2012/03/hogaza-de-pan-de-trigo-con-masa-madre.html Todos sus derechos reservados.

8 comentarios:

  1. Yo no quiero que mi vida sea chunga :(
    Creo que no es bueno tomar muchos pan-ninis mientras estudias, porque al final te llevan a la dejadez de no estudiar ni trabajar. La próxima será la historia de la araña que araña ¿no?

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  2. Me ha gustado mucho la historia ¡Qué gracia tan natural la de la hogaza!

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  3. Yo creo que lo mejor era lo de Harina (que era una espiga y debería llamarse Triguina).

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  4. @Anónima: Me alegro de que te haya gustado. Seguro que tu vida no será chunga. Y la próxima creo que será la historia de un utensilio muy común, pero sólo si le encuentro un nombre adecuado a su tamaño y condición ;)

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  5. @Tuchi16 ha cambiado su twitter y ahora la cuenta que aparece en el blog es de alguien que no colaboró y que sigue a Adele ¿? yo tampoco lo entiendo. Me encanta tu blog y pienso que deberías seguir con ello a pesar de que los Wenitts intenten impedírtelo. Sigue con tu sueño, no les hagas caso ¡BE FREE! ¡POR NARNIA!








    Ok jaja la última parte era rarilla. Pero bueno lo de los Wenitts no es cierto (no te lo creas y pienses que unos seres de otro planeta con la piel azul y manchas verdosas pero bonitas vengan a perseguirte intentando que no puedas escribir en tu blog cuando en realidad todos queremos que sigas).



    A veces no comprendo tus entradas. Luego te preguntaré pero no te enfades ¿Ok?

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  6. Buenos días.

    La fotografía de la hogaza de pan con la que ilustra su blog ha sido extraida de http://www.deliciosidades.com/2012/03/hogaza-de-pan-de-trigo-con-masa-madre.html y esta siendo usada sin respectar las condiciones que en la misma se detallan.

    Todo el contenido de deliciosidades.com se ofrece bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported por lo tando, usted es libre de copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra bajo las condiciones siguientes:

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    Respuestas
    1. Lamento la confusión, no era mi intención utilizarla sin consentimiento. Simplemente, la vi por ahí, me gustó y, dado que traía una url abajo, pensé que no era necesario indicar nada más. De nuevo, mis disculpas.

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    2. Hola Crasmir, yo no me gano la vida con la fotografía (ni tengo intención de) y por eso las comparto con una licencia tan poco restrictiva como la Creative Commons by-nc-nd.

      Si te apetece seguir usándola, sólo tienes que añadir un enlace a la pagina original indicando su autoría y el tipo de licencia que te permite usarla y todo estará Ok.

      Saludos.

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