Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

domingo, 1 de mayo de 2011

Ruido

Es como el silencio. ¿Quién puede querer disfrutar del silencio? Nadie. El silencio pasó de moda. Ahora se llevan otras cosas. El ruido. El chunda-chunda. La música. No te calles. No me dejes un instante en la tranquilidad de una mente silenciosa. Ruido. Sonidos. Estímulos. Que nunca pare. Ni para dormir.
Como cuando estás con una persona. Y sientes la necesidad irremediable de decir algo. ¡Qué silencio tan incómodo! ¿Quién dijo que los silencios tuvieran que ser incómodos? Yo los disfruto. Cuando hay silencio puedo pensar. Pensar en tranquilidad. Y esto no quiere decir que no disfrute la música. Amo la música. Pero el silencio está infravalorado. Es imposible ir de un sitio a otro sin ser ametrallado con miles de estímulos. Luminosos, sonoros. Olores. Colores. Formas. Y sonidos. Me resulta curiosa la querencia por hacer aparatos eléctricos cada vez más silenciosos. ¿Para qué? Si luego te pondrás a hablar para matar ese silencio. ¡Pobre silencio! Tanto tiempo existiendo y ahora se entera de que "es incómodo". El silencio está en peligro de extinción. Ponte los cascos. Mátalo. ¿Ves toda esa gente por la calle? No quieren silencio. Si lo quisieran no llevarían música. Si lo quisieran no aprovecharían cada mínima ocasión para hablar. El silencio es bonito. El silencio es maravilloso. No hay nada como disfrutarlo. Pasar horas en silencio. Pensando. Se puede disfrutar del silencio en compañía.
Te despiertas con el primer ruido. Tu despertador. O tu madre. O tu pareja. Un ruido basta para sacarte de la cama. Porque AMAS el ruido. Ya no eres nadie sin él. Desayunas. Con más ruido. O en silencio ¿será eso posible? Y luego te enfadas. Te han mandado callar. Quizás odias el silencio porque el ruido acalla la voz de tu conciencia. Quizás amas el ruido porque en silencio no oyes nada. Porque dejaste a tu interior sin palabras. Quizás nunca tuviste nada que decirte y por eso prefieres que te lo digan otros. La jornada sigue. Hay momentos de silencio. Cortos. Breves. Instantáneos. Enseguida sigues tecleando. O sigues escribiendo. O haciendo lo que quiera que hagas. Con o sin ruido de fondo. Pero siempre tratas de matar el silencio lo más rápido posible. Comes. En una cafetería llena de personas. Cada una tiene una vivencia que contar. Una experiencia que compartir. O comes solo, en casa. Y pones la tele. Para no aburrirte. O pones música. O escuchas a los vecinos ¿No tienes vecinos? No importa. Escucharás al gato que pasa por delante. O, si hay suerte, disfrutarás del silencio un rato. Y luego vuelves a la rutina. O tal vez ya haya acabado tu labor del día y puedas irte a descansar. Silencio, me voy a echar una siesta. Sólo usas el silencio para dormir. Porque sabes que la mejor manera de descansar es en silencio. Quizás te vayas de compras. Gente. Mucha gente. Anuncios. Publicidad. ¿Quiere probar nuestro internet sin cables? ¡Sólo hoy rebajas. Todo al 50% de descuento! Vuelves a casa. O tal vez vayas a tomar unas copas. Ruido. Música. Ya estás en casa. Sólo quieres descansar. O cenar, si no lo has hecho ya. Luego te duchas. Al menos el resto de la sociedad espera que lo hagas. Y te vas a dormir. Por fin en silencio. Hoy no te das cuenta del silencio. Estás demasiado cansado. Y por eso te quedas dormido directamente. Cualquier otro día te hubiera costado más dormir. Tal vez mañana sea diferente. Te tumbarás y darás vueltas en la cama. Te han quitado lo más importante. La música de fondo. Por eso no eres capaz de dormir. La voz de tu conciencia por fin puede hablar y que la oigas. Y eso hace que te cueste más dormir. Pero lo consigues. El cansancio siempre vence a la conciencia. Es ley de vida.
En pocas ocasiones el silencio tiene importancia. Cuando alguien muere. Guardas un minuto de silencio. Una vida, ¿sólo merece un minuto de silencio? Quizás un minuto sea pedir demasiado. Porque para la vida que llevamos, un minuto sin recibir estímulo alguno debe ser difícil de sobrellevar. Sesenta segundos. Ya está. Ya puedes seguir. Se suponía que el silencio era para pensar. ¿Has pensado en quién se fue? ¿O sólo te ha extrañado la ausencia de ruido?
Ahora me voy. Con música de fondo. O sin ella. El ruido tiene sus ventajas. Pero no debemos olvidarnos de disfrutar el placentero silencio. Escucha la vida. Tiene mucho que decir.

5 comentarios:

  1. Muy buena entrada. Ruido. Velocidad. Impersonalidad. Sigo XXI. Así me lo has transmitido.

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  2. Cristina es impresionante la forma de decir las cosas que todos pensamos y que sólo tu eres capaz de plasmar. Me encanta tu descripción del silencio, es tan real. Muy BUENA entrada!!!!un beso

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  3. Un placer. Y ahora que no se entera nadie, me llamo Fátima. Pero sssshhhhh :)

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  4. @Sera: Muchas gracias! :)
    @Sweet: lo tendré en cuenta a partir de ahora ;)

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